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SYLVIA LARRAGUIBEL: “Todos los títulos chilenos han sido batidos, el de mi padre es un récord mundial que nunca será superado”

Jueves 06 de Febrero de 2014
Hija de Alberto Larraguibel revive el salto del gran deportista chileno
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Hace 65 años en Viña del Mar, un jinete y caballo chilenos saltaron a la inmortalidad. ALBERTO RENÉ LARRAGUIBEL MORALES, capitán de Ejército, y Huaso, su fiel cómplice, lograron un récord mundial vigente el 5 de febrero de 1949. En el Regimiento Coraceros, emplazado entonces en Av. Libertad con 15 Norte, el binomio se elevó dos metros 47 centímetros para dar al deporte nacional la única marca universal que exhibe. Una de las más antiguas de los anales deportivos sin ser superada. Aquella tarde gloriosa en Viña del Mar, el brinco increíble del noble pingo con su centauro dejó atrás los dos metros 44 del italiano Antonio Gutiérrez, alcanzados en 1938 con Ossopo. Hoy, febrero de 2014, se conmemora el sexagésimo quinto aniversario de una plusmarca reinante.

La figura y leyenda de don Alberto, del “Pillín” Larraguibel, se apagaron el miércoles 12 de abril de 1995 en la Clínica Las Condes, a los 75 años. La CASA DEL DEPORTE, para evocar y homenajear la gesta del héroe nacido en Angol el 30 de mayo de 1919, se reunió con uno de sus hijos. SYLVIA LARRAGUIBEL STIEB, entre innumerables fotografías, trofeos y tesoros de su progenitor, repasó con la CIUDAD DEL DEPORTE la vida y obra del eterno campeón. Antes, Eduardo Miranda, yerno del maestro de equitación, advirtió: “Si quieren saber con lujo de detalles del récord de don Alberto y de su trayectoria, hablen con Sylvia. Es la hija que más sabe del logro”. Sin haber sido testigo presencial de la hazaña, Sylvia relata con precisión lo que ocurrió en Viña del Mar hace más de sesenta años.

“Desde muy niña supe lo de mi papá, nacimos con eso. Siempre me habló del récord, minuciosamente y con orgullo. Y de Huaso. El triunfo fue de los dos. Es bonito que por medio de ustedes los más jóvenes sepan lo que hizo. Estamos acostumbradas, son muchos años, pero igual nos llenan de emoción estas entrevistas. Más tratándose de Viña, el lugar donde le dio a Chile esa alegría. Es la primera que nos hace Viña del Mar. Agradecemos a la alcaldesa Virginia Reginato por este gran gesto, por acordarse de una victoria conseguida en su ciudad. También a don Javier Aravena, director de la CASA DEL DEPORTE”, expresan María de la Luz, hija mayor que interviene en la cita, y Sylvia, jovial anfitriona que con finura ofrece café, refrescos y frutas.

La entrevistada fue la segunda hija que tuvo Alberto Larraguibel con Silvia Stieb Sauvalle. María de la Luz es la mayor, Alberto el tercero y María Angélica, fallecida en 2010, la menor. “María de la Luz nació en Viña y yo en Valparaíso, en el Hospital Naval. Mi mamá también nació en Viña, donde conoció a mi papá en una fiesta. Se casaron el 29 de noviembre de 1950, en la Escuela de Caballería de Quillota. Y hay diez nietos, de 38 a 16 años. Alberto es el menor”, amplía la dueña de casa -en San Bernardo- casada con Rafael Letelier, y madre de María “Lola” Isabel y de Rafael.

Hurgando archivos leímos que el mejor amigo de su padre era argentino y que tenía otro nombre. ¿Cuál es la verdadera historia del invencible equino?  

No, Huaso era chileno. Los padres sí eran argentinos, unos pura sangre, Trémula y Henry Lee. Nació acá el ’33, en el haras La Mañana, donde le pusieron Faithful (fiel). Lo compró el Ejército y se lo pasó a mi papá el ’47 en Quillota. Corría en la hípica, en los tres hipódromos. Cuando el mayor Rafael Monti lo vio, dijo: “Este caballo es para saltar, es para Alberto Larraguibel”. El mismo año 49, pasó a llamarse Huaso.  

“Mis abuelos paternos fueron Filomena y Alberto, la única hermana que tuvo mi papá, Lila Sonia, menor que él, murió en el terremoto del ’39. Se le cayó una muralla. Mi abuelo, funcionario de Ferrocarriles, no aguantó la pena y murió poco tiempo después. Mi papá está en el Cementerio Católico de Recoleta junto a mi mamá. Murieron el mismo día, un 12 de abril, ella el ’84 y él el ’95. Y casi a la misma hora, entre las 9 y 9.10. Fue un hombre bueno y sencillo el papá, estricto como militar. Un gran militar. ‘Espero llegar a los cincuenta años con el título’, nos decía. No alcanzó, llegó hasta los 46…

Don Alberto, suponemos, nació rodeado de caballos en Angol…

Antes de los dos años mi abuelo lo subió a un caballo, en esos tiempos no había bicicleta ni nada. Siendo muy niño aprendió a cabalgar, cuando tenía experiencia y seguridad hacía distancias largas. Se trasladaba a Concepción, incluso a Chillán Viejo. Los caballos fueron su vida, montó hasta los 74 años, todos los fines de semana por los cerros de Macul. Tenía dos, su regalona era la yegua Piobe. Los uniformes de los militares que andaban a caballo en Angol le llamaban la atención, por eso quiso ser militar y equitador.

¿Cuándo ingresó a la Escuela Militar?

Los primeros días de enero del ‘38, cuando la escuela estaba en Toesca, al lado del Parque O’Higgins. Hoy se ubica en Apoquindo con Américo Vespucio. El ’40 egresó y fue destinado a Angol. Cuando niño estudió en su ciudad natal, Chillán y en los Hermanos Maristas de Concepción, donde estuvo internado. Siempre recordamos una anécdota: lo echaron por un tiempo del internado por amarrar a un árbol a un compañero que se quedó harto rato ahí. Se había olvidado de lo que había hecho. Y con Huaso, varias veces se bañó y durmió junto a él (sonriendo). 

En palabras y referencias de su padre, ¿cómo rubricó el salto de 1949, el gran salto de su vida? ¿Bajo qué expectativas?

En Chile se decía que no se iba a lograr el récord, aunque había más de cinco mil personas en Coraceros. Una importante cantidad. La cancha era de arena. Estaba el Presidente (Gabriel) González Videla, quien le entregó una escarapela a mi papá. Fue poco después de las seis de la tarde. En el primer asalto, Huaso rehusó, no llegaron a la valla. En el segundo, botaron dos varas. Pudieron haber quedado sin confianza en ese momento, pero el papá siempre estuvo tranquilo. En el tercer intento, superado limpiamente, se preocupó de la distancia de ataque. Giró más lento para llegar bien al punto de rechazo. Huaso cayó en una mano, hubo un silencio sepulcral. No pasaron por el medio, fue por el extremo derecho. Contaba que por donde saltó había dos metros 52. Fue tanta la alegría que hubo en el regimiento, que lo sacaron en andas.  

Muchos sostienen que en el momento de la marca don Alberto era teniente y que el caballo aún se llamaba Faithful.Se habla de “el salto del teniente Larraguibel”.

En diciembre del ‘48, poco antes del récord, ascendió a capitán. Para el concurso realizado en Viña, a Faithful le pusieron Huaso. Los dos chilenos que compitieron, Luis Riquelme y mi papá, decidieron junto al Ejército ponerle a los caballos nombres bien nuestros. El del teniente Riquelme, Gaucho, participó con el nombre de Chileno.Estuvo cuarenta años en el Ejército, en 1979 terminó su carrera siendo coronel.

¿Qué pasó con Huaso después de su máxima victoria?

Quedó libre, andaba muy feliz y suelto por la Escuela de Caballería de Quillota. Fue un premio que le dieron. Corría, comía pasto, hacía lo que quería. Después de uno de los últimos triunfos que obtuvieron, mi papá, que estaba muy alegre, celebró de una manera bastante especial con él. En el casino de la escuela pidió un whisky y un jarro de cerveza para Huaso (sonríe). 

“Huaso murió en Quillota, en agosto de 1961. Para su funeral, mi papá le llevó un ramo de flores con lágrimas en los ojos y le hizo un discurso. Era su gran amigo. ‘Perdí a mi hijo’, dijo. Casi todo lo que usó el día del salto, está en Quillota, en un museo. Algunas cosas están en el COCh (Comité Olímpico de Chile)…

¿Fue a la inauguración del monumento que en 2007 la Municipalidad de Viña del Mar alzó en la Av. Jorge Montt, frente donde se ubicaba el Coraceros?   

Fuimos todos, hijos, nietos… Fue una ceremonia preciosa, muy emocionante. Nos invitó la alcaldesa Virginia Reginato y su municipalidad. La alcaldesa ha hecho montones de cosas por Viña, no sólo por el deporte. Es dije, regia, muy simpática. Es inquieta, le ha dado limpieza y ornamentos a la ciudad. Tenemos departamento allá desde el ’97, en San Martín con 10 Norte. Quien también se preocupó harto fue María Angélica Cristi, la diputada, hija de un gran equitador (Óscar Cristi Gallo, ganador de dos medallas de plata en los JJ. OO. de Helsinki). Ella integró el jurado que eligió al escultor que hizo el monumento.

Una figura que luce majestuosa en la CIUDAD DEL DEPORTE... ¿Le gustó la obra escultórica de Francisco Xavier Torres?

Excelente la obra del escultor, muy artística, se fijó en cada detalle. Mi papá va indicando el infinito con un dedo mientras salta. Se preocupó de que Huaso no llevara montura para simbolizar que caballo y hombre fueron uno solo. La figura está sostenida por Victoria, la diosa del triunfo. Se ve que ella es más grande que mi papá y que Huaso, eso es porque los titanes son más grandes que los jinetes y que los animales. Fue un lindo homenaje de la Municipalidad de Viña cuando el salto cumplió 58 años. 

Interrogados por la CASA DEL DEPORTE sobre cuál es el mayor suceso de la historia deportiva de Viña del Mar -y por la sexagenaria marca-, los periodistas Edgardo Marín, Sergio Brotfeld, Máximo Clavería, Alberto Fouillioux, Hans Marwitz, José Antonio Prieto, Marco Sotomayor y Rodrigo Hernández emitieron un fallo unánime: ¡El salto de Larraguibel!

“Es lo más grande, sin ninguna duda. El gran salto mundial. Hubo otros, el Mundial del ’62 y los oros de Massú. La Selección no logró nada en Viña, no jugó ahí, y Massú se coronó en Atenas”, apunta Marín. El “Gringo” Marwitz, de prodigiosa memoria, dictamina: “Fue un salto brillante, no se ha superado. Es lo más grande que registra la historia deportiva de Viña. Recuerdo un 5-0 de Everton a un poderoso Independiente de Avellaneda. El ’53 en el antiguo El Tranque. El equipo argentino era extraordinario, fue un baile. Y el Mundial, estuve como reportero. Vi a enormes figuras y a los dos finalistas, Brasil y Checoslovaquia”. Para “Tito” Fouillioux, el tema tampoco genera dudas: “Larraguibel con Huaso, lejos. Se trata de una marca imbatible. No hablemos de los títulos de Everton, fueron nacionales”. Sotomayor diagnostica: “Estoy de acuerdo con el salto, es el máximo triunfo obtenido en Viña. Un salto que conoce el mundo. El Mundial y los títulos del Everton también los destaco”. Máximo Clavería concluye: “El salto es inmortal. Fracasaron en los dos primeros intentos, algo que afecta al jinete e intimida al caballo. Ahí aparece la serenidad de Larraguibel, eso es impresionante. En la universidad que hacía clases, subrayaba que para un estudiante de periodismo es impresentable no conocer un récord mundial conseguido en Viña por un deportista chileno”.

 “Conocí a Alberto, buen hombre. La calidad de la marca es asombrosa, ya no se hacen ese tipo de concursos. Las imágenes del salto son muy emocionantes. ¡Es que fue muy alto! La permanencia del récord es vital para la historia de Viña”, afirmaba Sergio Livingstone en entrevista brindada a la CASA DEL DEPORTE en 2009.

Américo Simonetti, destacado equitador nacional que aún compite internacionalmente a sus 77 años, presenció la epopeya. En diálogo telefónico, nos explicó: “Me acuerdo bien, yo tenía catorce años. Tengo vivo el salto. Estaba veraneando en Viña. Fui con mis padres, la tarde estaba luminosa. En los dos primeros intentos no pudieron, en el primero no alcanzaron a saltar. Entre jinete y caballo había 600 kilos, la caída en el tercer impulso fue muy impresionante. Lo de Larraguibel fue genial: no echó el cuerpo atrás, fue hacia delante para amortiguar el peso en las patas traseras y poder pasar la valla. Se mandó el salto de su vida, tuvo una valentía increíble y total… Un homenaje muy merecido el de ustedes, para que sepan que en Chile y en Viña hubo un récord que permanece. No existe otro. Es un récord que no será superado”.   

Don Alberto viajó a los Juegos Olímpicos de Helsinki 1952 como el principal equitador chileno, soñando con una medalla. Un año antes, fue la gran figura de los Panamericanos…

En Buenos Aires ’51 fue el primer chileno que ganó una medalla de oro en unos Panamericanos. Ganó dos. Una con Julepe y la otra con Ricardo Echeverría, Joaquín Larraín y César Mendoza Durán. Para Helsinki, era el jinete número uno del equipo, pero tuvo una lesión antes de llegar a Finlandia. Lo aplastó un caballo. El mayor Monti y el médico decidieron que no podía competir. Fue un gran dolor. Afortunadamente, Cristi, Mendoza y Echeverría lograron dos medallas de plata. 

El deportista castrense no pudo celebrar en el podio. No obstante, el gobierno francés, admirador del compañero de Huaso y del excelente nivel mundial de nuestra equitación, le otorgó la condecoración deportiva más alta. La que confiere únicamente a los grandes campeones. Uno de múltiples galardones: réplicas del obstáculo, colegios, poblaciones, monumentos y estadios llevan su nombre. “El estadio municipal de Angol, donde se juega fútbol profesional, y la Escuela de Equitación del Ejército llevan el nombre del papá. En Quillota, hay una réplica del madero, también un picadero techado en su memoria”, completa Sylvia.

A lo realizado por su padre, ¿qué dimensión le atribuye, es uno de los más grandes éxitos del deporte nacional?

Es un récord mundial que nunca será superado. Tenemos grandes campeones, el “Chino” Ríos, Massú, González. Antes, los tiradores Juan Enrique Lira y Jorge Jottar fueron campeones mundiales. Pero son títulos que no han durado mucho, todos han sido batidos. Massú fue campeón olímpico en Atenas, cuatro años después en Beijing ya no lo era. El número uno de Ríos duró poco más de un mes. Todos han sido superados. 

A 65 años de un salto perfecto y ganador por excelencia, la CASA DEL DEPORTE tributa un homenaje a ALBERTO LARRAGUIBEL MORALES y a HUASO por su vuelo y viaje a la eternidad. También a la familia del recordman mundial que conserva un reinado que emprendió en la CIUDAD DEL DEPORTE. Es el recuerdo, admiración y respeto a una historia maravillosa, al Gran Salto de Viña del Mar.

Por Mario Ramírez Escudero

 
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