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Gustavo Dalsasso: Quedamos en la historia como los primeros que logramos un título en Sausalito

Martes 25 de Febrero de 2014
El último ídolo de Everton de Viña del Mar habló con CiudaddelDeporte.Com sobre su vida, su historia, el equipo oro y cielo, y su amor por la ciudad jardín.
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No imaginó el prometedor arquero de Círculo Italiano, en los ochenta, que el destino le reservaba dos décadas más tarde un espacio soñado en una ciudad y club chilenos con los que firmaría un idilio indestructible. Luego de impresionar a conspicuos entrenadores de una institución azul y oro, por la que anheló atajar desde que estaba en el vientre de Ana Margarita Coletti, y de custodiar con pantalones largos otras vallas, el arquerito que muchas veces se disfrazó de Superman ancló en el Pacífico. En el epílogo de 2006, San Dalsasso, Tulio, el Eterno Juvenil dijo presente en el mapa de la CIUDAD DEL DEPORTE. El guardián ruletero se reunió con la CASA DEL DEPORTE en la víspera de un partido trascendental para zafar del descenso. “Todos son trascendentales, los nueve que quedan”, señala lleno de fe. En el hotel Best Western Premier Marina Las Condes -tras el almuerzo-, GUSTAVO DALSASSO historió en una hora y cuarenta minutos lo que ha sido su andar por el balompié. Hablando de todo, sin guardarse nada. Es que nada tiene que esconder el líder oro y cielo. Conozca las mil y una historias del ídolo deportivo, del hombre que se metió en el corazón del hincha viñamarino…

"Nací el 25 de septiembre de 1976, un sábado a las 10 de la mañana en el hospital de Villa Regina, en Río Negro, a 1300 kilómetros de Buenos Aires. Ana Margarita Coletti Biberti y Tulio Mario Guido Dalsasso Casagrande son mis padres... Imaginá, nací el mismo año en que Everton había sido campeón por última vez, y con los colores de Boca... Tengo dos hermanas, Roxana (42) y Alejandra (39) que vive en Miami hace más de 16 años", inicia el capitán agregando que “mi señora es Carolina Villarroel, de Concepción, la conocí el '99 a cuatro días de llegar a Huachipato. Vivíamos en el mismo edificio, en Colo Colo y O'Higgins. Micaela (13) y Michelle (7) son nuestras hijas, nacieron en Concepción y en Talca. Tengo mujer e hijas chilenas”. Y articula con regocijo: “Me fue bien en el INAF, ahora soy técnico profesional. En diciembre terminé el curso y en abril empiezo a estudiar en la UVM (Universidad Viña del Mar) que me regaló un Magister en Periodismo Deportivo. Agradezco harto a la universidad. Son posibilidades que hay que aprovechar, me gusta muchísimo la historia deportiva”.

Relata tu historia, tus inicios, ¿quiénes vieron en ti a un arquero de Primera?

A los catorce años viajé con toda la ilusión de Villa Regina a Boca, donde me recibieron dos emblemas del club en los sesenta y setenta, Silvio Marzolini y (Ramón) Mané Ponce. Después me acogieron muy bien Pancho Sá, Roberto Mouzo y el Heber (Ernesto) Mastrángelo. Tuve muchos técnicos antes de llegar a Primera, glorias de la antigua Boca como Ángel Clemente Rojas, (Rubén) Chapa Suñé. Algunos jugaron acá, Nicolás Novello, el Tanque Alfredo Rojas… El arquero Rubén Sánchez también fue importantísimo para mí.

¿Quién aprobó tu llegada, qué técnico dijo “este pibe alto y flaco se queda”?

Marzolini, el zaguero que jugó el Mundial del ’62 acá, en Rancagua. Me dejó pero no me dio pensión, no tenía dónde vivir en ese momento. Me fui a Vélez Sarsfield el ‘92 y a fin de ese año se dio un cupo para volver. Rubén Sánchez, el que me llevó de mi pueblo, se la jugó y me recibió de nuevo en La Candela, el complejo donde entrenábamos. ¡Yo quería jugar en Boca!

Hincha de Boca, por supuesto…

¡Fanático! El '91 se hizo una prueba masiva en mi ciudad, Boca fue a ver arqueros, éramos más de veinte y el único que quedó fui yo. Le gusté a Sánchez. Era mi gran sueño desde niño. Agarré un bus con la negativa de mi padre pero con la autorización de mi mamá. Y quedé. Yo jugaba en Círculo Italiano de Villa Regina, de chiquito, siempre al arco y destacándome.

Conociste a ídolos que veías desde muy lejos…

Estaba loco, feliz. Imagináte estar cerca del Mono (Carlos) Navarro Montoya, con quien estreché una amistad. Me enseñó varias cosas como arquero y persona, cómo desenvolverse en esta profesión, el ser gente ante todo. Cuando el 2001 jugó la Libertadores por Concepción, compartimos harto, yo estaba en Huachipato. Un gran tipo el Mono.

Antes de Navarro Montoya, ¿admiraste a otro arquero?

Al Loco, Gatti. Hugo Orlando Gatti. Arriesgaba muchísimo, jugaba adelantado, se divertía. Amaba el arco, expresaba un montón de situaciones desde su posición. Fue un visionario en el puesto, jugaba muy bien con los pies, cortaba centros con una mano… Decía que el fútbol era un espectáculo y que él era el actor principal. ¡Cómo achicaba! Un tipazo también que todo el mundo admiró.

¿Qué entrenador te ascendió al plantel profesional?

Carlos Bilardo. Cuando llegué estaba (César) Menotti en el primer equipo, después el Maestro Óscar Tabárez. Y las figuras eran Maradona, Claudio Caniggia, el Pepe Basualdo, la Brujita Verón, Roberto Cabañas, el Beto Márcico, Román (Riquelme), Fernando Gamboa, el técnico de Rangers ahora… Muchas, todas conocidas. Yo era reserva, estaba Navarro Montoya.

Estuviste en Vélez, dijiste, coincidiendo el ‘92 con el inicio de un gran ciclo liderado en la cancha por José Luis Chilavert.

Tengo una linda anécdota con Chilavert, al que admiraba por su personalidad, temperamento, por los goles que hacía. Un día, con mucha vergüenza y timidez le dije: “Discúlpeme, me puede regalar un par de guantes viejos que necesito para entrenar”. Me preguntó la edad, de dónde era y me dijo que lo esperara un rato. Llamó al utilero y me regaló unos Adidas nuevos que él usaba, que estaban etiquetados con su nombre completo. Los tiene mi madre guardados en una bolsa. Ya no se pueden usar porque con el tiempo se pega el látex. Chilavert también es una muy buena persona, muchos creen lo contrario. Para opinar de la gente hay que tratarla y conocerla, no se puede prejuzgar.

Hablando de anécdotas y vivencias con las que el lector disfruta, ¿te tomaste muchas fotos con esos astros?

No, tengo una sola en la que aparezco con mis dos ídolos. En la cancha de Vélez, cuando Boca hizo de local ahí, me tomé una en medio de Maradona y de Navarro Montoya. Boca ganó 2-1 a Lanús con dos goles del Pájaro Caniggia... Bilardo nos hacía estar en el camarín para servirles agua a los jugadores y para que viéramos y aprendiéramos de lo que él hablaba. Son experiencias inolvidables. Por la reserva, jugábamos de preliminar a los partidos de Primera, con cancha llena.

¿Cómo era Maradona en ese tiempo?

Un fenómeno, a los jóvenes nos daba todo, nos llenaba de consejos. Regalaba zapatos e indumentaria a todo el plantel, nunca retó a un compañero que le daba mal la pelota. Jamás le vi un gesto de disconformidad. El técnico Pancho Sá nos decía que nos fijáramos en cómo se comportaba con los compañeros, que en su vida privada podía hacer cualquier cosa, pero que siempre alentaba y orientaba. Eso significó muchísimo para mí.

¿Jugaste por Boca en Primera, Gustavo?

Oficialmente no, sí cuatro amistosos y fui al banco en la Supercopa del ‘96 ante Racing. Perdimos 1-0 con gol del Piojo (Claudio) López. Fue mi primer concentración profesional, jugaron todos: el Mono, Maradona, Caniggia, Verón… El Coco Basile era el técnico de Racing.

Tú almacenas fechas con total y sorprendente fidelidad. ¿Cuándo jugaste tu primer encuentro profesional?

Veintitrés de febrero de 1996, en Primera B, cuando fui a préstamo a Defensores de Belgrano. Enfrentamos a Tigre en nuestra cancha, empatamos a uno y salí la figura del partido. En el (diario) Olé escribieron: ‘El arquerito Dalsasso se disfrazó de Superman’. Lo tengo en casa. En Primera A debuté el 24 de agosto del mismo año, por Deportivo Español contra Independiente. Perdimos 2-1, jugué bien. Me elogió muchísimo Ubaldo Matildo Fillol, que era comentarista en ese momento… Sí, el Pato Fillol, el arquero que fue campeón con Argentina el ’78.

Dalsasso cruza los Andes

¿Cómo llegaste a Chile, quién te trajo…?

Andrija Percic, el técnico croata de Huachipato. Él estaba en una capacitación de entrenadores en Buenos Aires y yo volvía del préstamo a Douglas Haig de Pergamino, donde me dirigió Julián Camino, el actual asistente de Alejandro Sabella en la selección argentina. Percic me vio jugar y a los tres días estaba en Concepción, el 13 de julio de 1999. Tampoco me olvido de la fecha en la que llegué a Rangers: 5 de enero de 2005. 

La afición nacional empezó a preguntase “¿por qué Dalsasso siempre juega con buzo?”

Empecé a atajar con buzo en la reserva de Boca, me gustaba como biotipo Ignacio González, arquero de Racing que jugaba con pantalón largo... Claro, Ignacio le pegó a un árbitro (Enrique Osses) en San Felipe cuando estuvo en Unión Española el 2005... Acá empecé a atajar con pantalón corto. El 2002, después de una gira en invierno a Buenos Aires con mucho frío, usé pantalones largos en Huachipato. Anduve bien, cuando agarrás una cábala y confianza no te los sacás más. Además, me dan una sensación de sobriedad y no tengo mucho cuádriceps (sonriendo).

Primer título en el Sausalito de Viña del Mar

Juvenal Olmos, DT que pidió tu arribo a Everton te puso una condición: "Te llevo a Viña como suplente de Johnny Herrera, ¿aceptas?"

Así fue, tal cual. El 26  de diciembre del 2006 llegué a Viña, a Villa Alemana concretamente, a un complejo donde empezamos a entrenar. Acepté, soy profesional y fui suplente del mejor arquero de Chile. Fui campeón con Johnny.

En la campaña del Apertura 2008, con Nelson Acosta luego del fiasco de Olmos, el 4-1 a Audax Italiano fue heroico. Habían perdido 3-0 en Sausalito en la ida. ¿Qué tan clave fue?

Uhhh, maravilloso… Pocos creían en el triunfo por tres de diferencia. Nelson me dijo ‘vas a jugar vos porque estuviste todo el semestre en la banca trabajando duro, jugá tranquilo’. Hicimos un partidazo, dimos vuelta el 3-0 ante un rival que venía con un invicto importante de local. El 4-1 de Cristián Oviedo en los descuentos no lo olvidaré jamás. Fue clave, nos dimos cuenta de que éramos capaces de superar todo tipo de adversidades. En ese momento nos consagramos como grupo.

En el siguiente escalón, semifinales con la U en Santiago, fuiste titular pero... 

A los 16 minutos choqué con Oviedo y con un jugador de la U, lo que produjo una luxación de hombro. Entró Johnny. Fue un partidazo en Ñuñoa, vital también porque prácticamente aseguramos el paso a la final con los tres golazos de Miralles. En Viña jugamos más tranquilos, era difícil que la U revirtiera el 3-1. 

Revive con la CASA DEL DEPORTE el embalaje final ante Colo Colo. 

En la primera jugamos bien, nos ganaron con dos golazos faltando cinco minutos. Nos expulsaron al Laucha (Mauricio Arias), si no, tal vez habríamos sacado el empate por lo menos. Pero teníamos el antecedente de los triunfos a Audax y a la U, con eso llegamos completamente convencidos a la final de Viña. El primer tiempo fue sufrido, terminó 0-0, hubo dos palos, de Leandro Delgado y Riveros... Fue hermosísimo. Quedamos en la historia como los primeros que logramos un título en Sausalito.

Campaña 2009, germen del romance

En 2009 cumpliste una temporada llena de esplendor, jugaste Copa Libertadores, sedujiste a los tres grandes. ¿Fue efectivo ese interés?

Recibí propuestas de los tres. La de Colo Colo, al presidente (Antonio Bloise) no le interesó. Hugo Tocalli me quería y me bajó el Rambo Ramírez, según él debían contratar un arquero más joven. El 2010 me llamó Tati Buljubasich de Católica, me necesitaba para potenciar a Toselli y fortalecer a los arqueros que venían de abajo. Me junté con Ricardo Abumohor también, me citó acá a un mall muy conocido para llevarme a O'Higgins... Tenía que devolver la mano a Everton después de haber sido campeón, jugar la Libertadores y haber ido a la gira por Inglaterra. Por eso no me fui de Viña, y por mi forma de ser.

¿Hubo algo concreto para ir a la Selección? Vimos a Marcelo Bielsa y a Daniel Morón en Sausalito presenciando tu gran momento.

También hubo algo. Bloise, que hablaba del tema con Harold Mayne-Nicholls, me citó a su oficina para decirme que había interés de la Selección como tercer arquero. Al final, Bielsa eligió a Luis Marín... Yo siempre he decidido con el corazón y no con la cabeza. A propósito, me nacionalicé el 5 de marzo de 2006, ese día recibí el documento del gobierno. Es un trámite largo, tenés que hacer una burocracia impresionante.

Mano a mano

Ezequiel Miralles.

Gran goleador, excelente persona y un ídolo para el club. Anotó goles históricos, el 3-0 a Colo Colo… Le dio la última gran alegría al fútbol de Viña.

Jaime Riveros.

Brillante, antes de recibir la pelota ya tenía toda la película vista, tenía tres jugadas pensadas. Sabía si tenía que jugar de primera a Miralles o descargar a Cristián Canío. Un gran panorama.

Johnny Herrera.

El mejor arquero del fútbol chileno, extraordinario, un 7 conmigo. Yo hablo de las personas cuando las conozco, si no, no podés juzgar. Me enseñó muchísimo en un año y medio. El fútbol me dio la posibilidad de tenerlo de compañero.

Adrián Rojas.

El gran capitán. No me olvido de Limache (Juan Luis González), un líder que metía, que dejaba todo en la cancha. Ni de Canío, jugadorazo, Arias, Uribe… ¡de nadie! Aprendí del liderazgo de Adrián y de Limache. Yo no soy tan cabrón, sino más mediador, soy un líder que escucha a todos y que trata de unir.

Nelson Acosta.

El mejor.

Antonio Bloise.

Un genio. Toño hizo de Everton lo que soñó desde niño, es hincha de su club como pocos dirigentes. Lo sacó campeón al año de asumir como presidente, tiene un manejo y liderazgo natural que seducen y mueven.

Juan Pablo Salgado.

Un hincha fanático de Everton, un presidente que está aferrado a nosotros, uno de los pocos que también es verdadero hincha de su institución.

Un paréntesis respecto de Salgado y Bloise: Ramón Mané Ponce, uno de tus formadores en Boca y delantero de Colo Colo a fines de los setenta, expresó a El Mercurio de Santiago que “Arturo Salah no puede ser presidente de Colo Colo si siempre fue de la U”. Es como si Caszely y Maradona estuvieran a la cabeza de la U y de River… Continuemos el mano a mano.   

Sausalito. 

Un templo. Lo extrañamos mucho, es nuestra casa.

Viña del Mar.

La “mamá”. La ciudad más linda de chile, ¡lejos!

Virginia Reginato, la Alcaldesa del Deporte.

Súper asequible, muy querida por toda la gente de Viña. Está siempre abierta a los problemas de su ciudad, es muy humana. Con nosotros celebró el título del 2008, el ascenso, los aniversarios. Le dio a Viña la marca de Ciudad del Deporte.

Descenso de 2010 y un presente que lucha contra el abismo

Fuimos testigos de tu llanto en 2010, cuando bajaron en San Carlos de Apoquindo con tu figura impotente viendo desde la tribuna la debacle. Hasta nos pediste disculpas.

Fue muy doloroso, yo estuve las últimas cinco o seis fechas lesionado. Ver abajo un gran Everton que construimos fue lo peor que viví. Entre el 2007 y parte del 2010 hicimos crecer al club, lo convertimos en el cuarto grande. Veníamos a Santiago y les sacábamos puntos a todos. Duele bajar de categoría, pero gracias a la vida, al fútbol y a Dios cumplí lo que prometí: ‘me quedo hasta ascender’, dije, y volvimos con Víctor Hugo (Castañeda). 

Acosta en 2007 asumió en una situación complicada como la de hoy. Dijeron adiós al descenso y seis meses más tarde fueron campeones. ¿Se repite la historia, hay fe?

Tenemos la ventaja de que Nelson tiene muchísima experiencia para resolver y sacar presión. No es un mago. Nosotros también tenemos hoy más experiencia para manejar situaciones, rachas negativas, lesionados, qué sé yo... Los que resolvemos en la cancha somos nosotros, por lo tanto somos muy importantes. Quedan nueve fechas y está toda la fe, el convencimiento y el compromiso. Estoy muy esperanzado.

¿Te consideras el último ídolo del club?

Estoy lejos. Lo que sí es innegable es el cariño y respeto que siento, no me puedo poner un rótulo que la gente determina por mis actuaciones y por mi forma de ser. Es lindo que te paren en la calle hinchas de Colo Colo, la U, y que te digan ‘Dalsasso, buen arquero, buena persona’. Para qué decir con los de Everton. Caminando por Valparaíso incluso se me acerca gente del archirrival y pasa lo mismo. Llena de satisfacción que te valoren no sólo como deportista.

Técnicos, atajadas y tarjetas

Menciona a los mejores entrenadores que has tenido aparte de Nelson Acosta.

El Indio (Jorge) Solari, que me dirigió en Huachipato, y Nelson son los mejores. Bilardo también. No puedo desmerecer a Marco Antonio (Figueroa), es un muy buen técnico, lo que pasa es que no ha ganado campeonatos. Víctor Hugo ni hablar, además con él hice una gran amistad. Fue criticado, puso el pecho y nos hizo ascender el 2012. Y exponentes mundiales, para mí los mejores son Guardiola y Mourinho.

¿Cuál ha sido tu mejor partido?

Contra Caracas en Sausalito, por la Libertadores del 2009. Ganamos 1-0, la gente coreó mi apellido y la prensa me bautizó como San Dalsasso. Atajé todo. Esa actuación la coroné más tarde frente a Lanús, cuando fuimos el primer chileno que ganó en Argentina por la Copa, con el 2-1 de Ribery Muñoz en los descuentos.

Una sola vez te han expulsado, ¿cierto?

Una sola, y me perdonaron. Fue otro caso anecdótico. Me expulsaron con Lota el 2012, en el sur. Fui al tribunal que preside Ángel Botto, hincha de Wanderers que me hizo sentar a su lado. Corrió a una persona que estaba ahí. Dijo: ‘Para mí es un honor, soy wanderino y al único archirrival que respeto y admiro es a usted señor Dalsasso. Con un solo jugador he posado para una foto, con (Mario Alberto) Kempes el ’95, y ahora con usted’. Vio mis antecedentes, la imagen de la jugada y dictaminó: ‘No está castigado’.

“Maradona es el mejor. Hoy se debaten entre Messi, Cristiano Ronaldo y Zlatan (Ibrahimovic). En mi puesto nombré a Gatti y a Navarro Montoya, y de los últimos me encantó el danés Peter Schmeichel. El ’99 ganó todo en el Manchester United. Su achique e ir para adelante con la cara y abrirse lo entrené mucho…

“Maradona es más completo que Messi. Lionel tiene una velocidad terrible, pero antes había que jugar, no había tantas cámaras, eran unas patadas espantosas. Cuando haga lo que hizo Maradona en el Mundial '86, me demostrará que es más. Con Diego compartí entrenamientos, la pelota iba adonde él quería… Y ya viejo, con una jarana terrible. Algo que Messi no tiene es el compromiso de Maradona, ese sentido de pertenencia. Por la Selección dejaba la vida, jugaba como fuera, infiltrado… Otra impronta”.

Gustavo Dalsasso, sabedor de la historia del fútbol chileno, se refiere a las mayores figuras que ha dado nuestro país y al cometido que tendrá la Roja en Brasil: “Marcelo Salas es el número uno… Vi videos de Elías, un ‘crá’, un señor además. He leído harto de él. Marcelo tiene títulos que no cualquiera gana. En River, donde la gente es más exitista, mostró una enorme calidad. Yo viví el ‘Chileno, chileno…’ Es ídolo allá, para que un extranjero triunfe en un grande de Argentina tiene que ser muy bueno. Y es humilde, de bajo perfil…

“Está complicado el Mundial, el grupo es difícil. Me llama poderosamente la atención el convencimiento que Sampaoli transmite, el modelo y sistema que con pocos entrenamientos los jugadores adquieren. Van a llegar en buen nivel las figuras, Eduardo Vargas está en buena condición, Vidal y Alexis son fundamentales. Claudio (Bravo) también ha sido figura en España. Destaco la conducta y regularidad de David Pizarro en años, ojalá vaya”.

¿Qué arqueros van a Brasil?

Claudio, Herrera y Toselli.

Viña, CIUDAD DEL DEPORTE

Llevas ocho años en Viña. Tu parecer de la ciudad y de su deporte…

Como ciudad y superficie, y por su clima, Viña es ideal para vivir. Su gente tiene todo a la mano para hacer actividad física, bellísimas instalaciones en la costanera que está impecable para el trote, la bicicleta y todo tipo de ejercicios. Los santiaguinos que se escapan por el fin de semana también ocupan esas joyitas. La señora Virginia Reginato y el señor Javier Aravena, el director de la Casa del Deporte, se han preocupado para que Viña sea la Ciudad del Deporte y para que sea más bella de lo que es. Hay que felicitar su gestión.

Viña tiene festival, además. ¿Lo conocías estando en tu tierra?

Claro, y me gusta mucho. Es conocido en muchas partes. Uno lo empieza a ver del otro lado por la calidad de los artistas, ahí te enganchás. No tenía el conocimiento que detrás del festival había un club y ciudad hermosos, de los que me enamoré. No me canso de decirlo… Y soy romántico, o del rock de Soda Sterero, Los Fabulosos Cadillacs, de esa onda ochentera.

“El destino es incierto, no sé dónde viviré mis últimos días, si en Villa Regina o en Viña. Vivo el presente. Ahora tengo la obsesión de sacar esto adelante, de luchar por el mismo objetivo sin que nadie se ponga el balde. Somos treinta los responsables, no dos ni tres. Nelson es importante porque no se come ni un cuento, sabe quién miente, tiene el aval de haber dado un título al club después de 32 años. Toca fibras, con sus pergaminos extrae presión… El tiempo dirá dónde pasaré los últimos días…

Envía tus consejos y sapiencia a los deportistas viñamarinos, a esos niños que desean ser arqueros, futbolistas…

Que vean el deporte como una actividad física hermosa, por una vida sana, el fútbol como una pasión y no por lo que hay atrás. Esta profesión corta no es el dinero o las cosas lindas que muestran algunos jugadores, es defender con honor los colores que te forman y que hacen crecer en todo sentido. Llevarlos con orgullo y mostrarlos como trofeo cada vez que ganás. Que no vean el lado B del fútbol.

Es la historia de un arquerito -arquerazo con el tiempo- que entre los tres palos de Círculo Italiano se le hacía agua la boca, que a 1300 kms. de Buenos Aires volaba como mono y achicaba y descolgaba centros como loco. Emulando el repertorio de sus dos referentes. La historia de un portero que, con corazón chileno y viñamarino, puso un broche perfecto con el Everton de la CIUDAD DEL DEPORTE el 3 de junio de 2008. Es el pasado y presente de un atleta cabal que con fulgor demuestra su vigencia a los 37 años y que revela las ambiciones de su futuro: “Quiero jugar tres años más y ser entrenador de Everton, darle una profesionalización en todos los aspectos. Creo en los procesos, empezar en cadetes, en Tercera División, generar temperamento. Como técnico tenés que ser lo más justo posible, es un cargo cautivante. Me gusta el comentario igualmente y si asumo un puesto dirigencial, bienvenido. Tengo que ser el mejor en lo que sea”. 

En cien minutos GUSTAVO TULIO DALSASSO confesó todo a la CASA DEL DEPORTE de Viña del Mar. Ya lo vio. “Es grato conversar con ustedes, con gente que sabe de fútbol y de deporte en general. Me entretengo mucho. Es impresionante la enciclopedia de la Casa del Deporte, con ella conozco y aprendo montones de vivencias apasionantes, no sólo de modo empírico, sino también de otras personas. Me encanta estudiar, absorber conocimiento… Es muy lindo compartir con la Casa del Deporte”.

Por Mario Ramírez Escudero

 
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