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Antonio Bloise: Más que chileno me siento viñamarino

Miercoles 02 de Abril de 2014
El destacado dirigente concedió a la Casa del Deporte su lado más íntimo, derramando secretos apasionantes vividos por su club en más de un siglo. Conozca a un directivo diferente y a un hombre que no se mareó al dar una vuelta olímpica en Sausalito.
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“Es muy sencillo y alegre, un caballero a carta cabal”, dice a la CASA DEL DEPORTE don Víctor Muñoz, mayordomo del edificio que en su cuarto piso cobija el despacho de ese hombre sencillo y campechano. De un hombre que, devenido en dirigente deportivo, entronizó al Everton de la CIUDAD DEL DEPORTE a sitiales inéditos, largamente esperados por la afición de Viña del Mar. En cinco años de presidencia, ese caballero a carta cabal guio a su club a bajar una estrella en casa por primera vez en un siglo, y a reintegrarlo en la esfera internacional. Son las 15.50 del viernes 28 de marzo y don Víctor, gozoso, saluda la aparición del directivo con un “Aquí llegó el ‘Templo de la Alegría’”. Ya en la amplia oficina de 11 Norte con Libertad, vemos un ambiente teñido de azul y amarillo, en el que reinan galvanos, retratos y cuadros del padre del “Presidente del Centenario”. Un lugar especialísimo ocupa el trofeo del 2008. “Esta copa no se mueve más de acá”, señala el ingeniero comercial y empresario mientras la toca por enésima ocasión. Inquieto y eléctrico, pone sobre la mesa café, gaseosas y bombones. Así de sencillo y caballero. No estaba errado don Víctor…

Estas líneas descubrirán historias ocultas de una centenaria existencia, no sólo de 2008 y de un presente que lucha por seguir luciendo en Primera la tricota con el sello VIÑA CIUDAD DEL DEPORTE. Si usted es viñamarino y, como el entrevistado, acérrimo de los colores más representativos de la también Ciudad Bella, regocíjese con ellas…

ANTONIO REYNALDO BLOISE RAMOS, nacido en la Clínica Miraflores a las 23 horas del 29 de noviembre de 1965, hijo de Margarita Ramos Fuentealba y de Antonio Vincenzo Bloise Cotroneo, complementa: “Somos cinco hermanos, Fabiola, Claudia, yo, Andrea y Paola. Con mi esposa Maite Larregui, argentina, tenemos cuatro hijos, Antonio (18), Mikele (17), Enzo (14) y Maite (10). Antonio nació en México, cuando yo estaba trabajando allá. A mi señora la conocí acá en Chile por la relación laboral de nuestros padres, que eran panaderos…

“Estudié en los Padres Franceses, después Ingeniería Comercial en la Adolfo Ibáñez e hice un master en Estados Unidos, en la Universidad de Deusto. Era una universidad compleja, con gente de un nivel intelectual potente, entramos a estudiar 120 alumnos y egresamos 16. Ahí me di cuenta de que tenía una capacidad de liderazgo importante. Esos compañeros de un nivel muy alto, me eligieron para que hiciera el discurso de graduación. Fue uno de los más lindos que he hecho, fue mi mamá -felizmente estaba viva- y ahí cerré un ciclo con mis padres: les demostré que, aparte de ser un buen hijo -siento que así fue-, sus consejos de que había que estudiar y sacrificarse los había escuchado…

“Provengo de una familia de deportistas, mi mamá es la mejor basquetbolista de la historia de la Quinta Región y está dentro de las cinco mejores de Chile. Jugando por la selección, obtuvo medalla de bronce en los Juegos Panamericanos de Chicago, en 1959. Mi padre fue campeón sudamericano de bochas y nacional de básquetbol. Yo también practiqué bochas a nivel internacional. Soy súper deportista, juego fútbol, tenis, troto…”.

El Salón VIP del estadio Sausalito lleva el nombre de tu padre desde 2004. ¿Qué significa para ti esa distinción?

Como hijo, es un gran orgullo. Que otras personas reconozcan su aporte a la institución como dirigente y presidente, emociona. Mi padre fue muy evertoniano, desde el año 50 se relacionó con los jugadores en un bar que tenía mi abuelo Carmelo, un italiano que recibía a todos los futbolistas. A (José María) Lourido, René Meléndez, a todos los del ‘50 y ‘52. El “Gitano” Lourido vivió en la casa de mi abuelo hasta su muerte. Gracias a mi padre conocí a esos ídolos de los cincuenta…

“Conocí a (Vicente) Cantatore también, que, aunque jugara en Wanderers, fue uno de los mejores amigos de mi viejo. Estuve con él en España hace dos semanas, se fue con el hijo que vive allá. Recordamos toda su vida que hizo en Viña y cuando, jugando por Wanderers en Sausalito, peleaba con mi padre desde dentro de la cancha. Son grandes amigos del fútbol, amigos que me dio mi papá”.

¿Naciste evertoniano o cuando niño fuiste hincha de la “U”, Colo Colo…?

¡Nooo, habría sido imposible! Tenía un papá que era fanático, mi abuelo también y mi mamá jugó básquetbol por el Everton. Somos de Viña, imposible haber sido de otro equipo, mis hijos tampoco hubiesen tenido otra posibilidad. Mis hermanas también son muy hinchas, Paola es la que más sigue al club… No, no, ¡yo nací evertoniano!

¿Quisiste ser futbolista?

Yo tenía el sueño de ser presidente desde niño, desde los diez u once años, de cuando vi campeón al club el ’76 en el Estadio Nacional. Nunca quise ser jugador profesional, no soy un futbolista frustrado. Cada uno tiene su vocación, la mía eran los negocios y ser dirigente y presidente del Everton.

Eres muy deportista…

Siempre… Era un buen atleta, competí a nivel nacional, y en fútbol tenía muchas condiciones. Jugaba de puntero derecho. Participé en sudamericanos y en un Mundial de bochas. Viajé mucho por el mundo jugando bochas, un deporte que tenía un origen familiar. Hice deportes como una forma de vida, pero mis desafíos estaban puestos en otras cosas: quería estudiar Economía y ser profesor, y terminé siendo empresario. No tenía un papá millonario, necesitaba generar ingresos, me puse a trabajar y me casé (se saca la argolla de matrimonio para precisar cuándo contrajo la unión con Maite Larregui: ‘El 30 de abril del ’94 me casé’).

“Juego tenis y troto tres veces a la semana, corro más de diez kilómetros entre Reñaca y Viña. Juego fútbol además, a lo ‘Charola’ González, de ‘7’ (sonriendo). Hay que hacer deporte, es muy importante, en Viña tenemos los lugares más lindos para recrearse…

“En el colegio fui reconocido como un buen deportista, me ayudó mucho. Entendí lo que es el trabajo en equipo, la honestidad, el sacrificio… Los valores más importantes que practico en mi vida, se los debo al deporte. En mi época escolar, no fui muy buen alumno, pero sí una persona que amaba el deporte”.

Tu ídolo es René Meléndez…

Meléndez es el más grande, pero el “Charola” (Sergio) González es mi ídolo. A Meléndez le dimos el premio de mejor jugador del centenario, lo recibió su hijo el 2009. Él trabajaba en el calendario de flores, no en el reloj, a la entrada de la Avenida Perú con 1 Norte. Ahí estacionaba su taxi, yo vivía al frente y jugaba fútbol donde estaba su auto. Siempre lo veía. Fue un tremendo jugador y goleador, la mayor figura de los títulos del ’50 y ’52.

“Después del ’76 yo viajaba con el equipo, me concentraba con los jugadores. Ahora es impensado que el hijo de un dirigente se hospede en la pieza de un futbolista, con el ‘Charola’ alojé en la suya, me cuidaba. Hablo de los años del ‘Leo’ Zamora, Miguel González, del ‘Polo’ Vallejos, que es una mezcla de jugadores del ’76 y de los ochenta. Me acuerdo de Julio Rodríguez, un contención uruguayo de Peñarol que había sido policía. Un gran jugador. Acompañé a mi papá a contratarlo, fuimos a Montevideo el ’80”. 

¿Fuiste a la final del ’76 y a la de la Copa Chile de 1984?

A la del ’76 nos fuimos en un bus con varios amigos de mi papá. En la recta Peñuelas, al hijo de Aldo Caprile se le voló un gorro del Everton por la ventana. Tampoco olvido que a Marcelo Mastrantonio, un gran amigo, José Luis Ceballos lo abrazó cuando hizo el 3-1 a Unión Española… Nosotros vivimos al club desde una perspectiva bien especial. A la final del ’84 no fui, también se jugó en Santiago y fue linda porque le ganamos 3-0 a Católica. Teníamos un equipazo dirigido por el “Tata” (Fernando) Riera.

¿Qué respondes al calificativo de dirigente más exitoso de las últimas cuatro décadas? Everton superó una sequía de más de 30 años, jugó su segunda Copa Libertadores, hizo una gira por Europa…

No me creo el cuento, jamás. También fuimos campeones del fútbol femenino dos años seguidos y subcampeonas en la Copa Libertadores de América el 2010. En mi período, además, fuimos campeones con la Sub 18 y Sub 15. Hubo infinitos logros, somos el primer club chileno que ganó en Argentina por la Libertadores, 2-1 a Lanús el 2009. También hubo errores, como el descenso del 2010… A mí se me dio ser presidente el día que cumplimos 100 años, me ubiqué en un gran momento de la historia. Eso queda ahí, nadie lo puede borrar.

¿Es difícil ser directivo en un deporte tan multitudinario y competitivo, en el que muchos buscan intereses personales? ¿Te ha tratado bien la hinchada?

No es fácil, estás muy expuesto. A muchos los califican de mañosos, mafiosos, ladrones… El fútbol da para mucho, te da popularidad pero no imagen. La imagen la proyecta uno mismo, no en los diarios, sino en el día a día, cuando sales a la calle y debes conversar amablemente con el hombre que te cuida el auto, con el garzón. En mi caso, la hinchada jamás me ha gritado cosas malas, siempre ha sido muy respetuosa conmigo. 

“He sido feliz con mi manera, con los hinchas. Actúo de igual a igual con todo el mundo. Me relaciono de la misma forma con el Presidente de la República -más de alguna vez me ha tocado hacerlo- que con el hombre más humilde. Eso lo sabe mi secretaria, ustedes, ¡todos! Ando por la calle sin creerme el cuento de nada, sin sentirme ni más ni menos que nadie, ni el peor ni el mejor de la Tierra. Soy un tipo normal, común y corriente…

“El fútbol es muy pasional, cuando el equipo no anda bien el hincha tiende a descargarse con los dirigentes. Yo jamás me alejé de esa responsabilidad y, felizmente, siempre sentí que la gente reconoció mis logros. Nunca he tenido un problema, tal vez unos pocos por defender a mi institución. A la postre, el evertoniano sabe apreciar lo que uno consiguió. Soy historia en la presidencia de mi club, lo que hice quedará inalterablemente ahí”.

La CASA DEL DEPORTE suscita ímpetu en Antonio Bloise, lo emociona. Con pasión viñamarina y oro y cielo habla sin cesar, como ráfaga. Es difícil interrumpirlo, sus frases cautivan: “Me desarrollé como dirigente del fútbol, los que están hoy en Everton me ven muy cercano, por eso piden mi opinión. Al ser accionista, estoy al tanto de lo que pasa, pero no decido en el día a día. Cuando fui presidente, estaba las 24 horas preocupado del club, ahora ves acá en mi oficina que estoy solo. Antes, ahí afuera, había desfile de gente esperándome: un jugador, un entrenador, un periodista, un hincha… Vivía para el club. Para mandar y dar la última palabra hay que estar ahí, y yo no estoy porque viajo mucho por mi trabajo”.

“¿Algún apodo? Nunca tuve un sobrenombre establecido, mi papa me decía ‘Negro’ y un hincha que sabe mucho de historia de fútbol y del Everton, me apodó el ‘Único’ el 2008. Me dice así porque soy el único presidente que ha levantado un título en Sausalito en 100 años. El 3 de junio del 2008, apenas terminó la final con Colo Colo, me dijo ‘Único’, hasta hoy. Me encanta mucho el apodo, me causa orgullo y risa”.

¿Te involucraste en el retorno de Nelson Acosta? Muchos dicen que Bloise sigue mandando, que sus decisiones son concluyentes. 

Si, obvio, sí sí… El equipo estaba en un mal momento y cuando hay dudas, aporto. En el Everton existe el mito de que la imagen de Bloise es fuerte, porque fui un directivo muy presente. Sé que a la gente le cuesta imaginar de que no estoy en la primera línea en las decisiones, dentro de los dirigentes soy un referente, sin dudas. Aunque sea algo semántico, soy accionista pero no director, y voy a estar siempre metido en el club, mientras esté vivo.

Te desviaste del regreso de Acosta… ¿Qué tiene Don Nelson, tú lo conoces bien?

Primero, es un buen tipo, en todo ámbito es importante trabajar con buenas personas. Tiene experiencia e identificación con Everton, cuando llegó a Chile el ’77 jugó la Libertadores por nosotros. Conoce el club, Viña y a su hinchada, eso le facilita el trabajo. Es un gran motivador que está en nuestra historia y, en este minuto, nos está salvando del descenso. Con su sello ha habido un repunte, pero no está fácil.

Juzga la gestión de Juan Pablo Salgado, tu sucesor.

Juan Pablo cumple con el perfil de ser un gran evertoniano. Es lo que espera la hinchada, que su presidente sea tan hincha como ellos. No era fácil reemplazarme porque mi presencia fue muy mediática. Con su propio estilo ha demostrado que puede administrar el club, lo ha hecho bien. Los resultados deportivos no han sido los esperados, todos los dirigentes están expuestos a que la ubicación en la tabla defina su gestión. El trabajo de un presidente va más allá y, en ese sentido, Juan Pablo tiene que estar tranquilo. Es joven, tiene todas las ganas, le va a ir bien. 

Tú también eres joven y reconocido por tus pares. ¿Descartas ser presidente de la ANFP?

(Mira a lo alto y mastica la opción) Buena pregunta… En este minuto me aventuro a descartarlo, aunque nadie sabe lo que pasará después. Puede sonar pedante, pero no quise ser el presidente del fútbol chileno, tampoco director del Canal del Fútbol. Estoy en esto por el Everton, para mí el fútbol se resume en mi club. Podría postularme y ser el mandamás, conozco mucha gente que me respalda y que me ve como un presidenciable, pero no, no me interesa.

“Yo iba a ser el candidato, eso es público. En las elecciones ganaba lejos, todos los otros presidentes me apoyaban. Es un tema matemático, o sea, no le pueden ofrecer la posibilidad a cualquiera, tiene que ser una persona que concilie los votos. Los diarios decían que yo estaba dispuesto, mentira, tenía muy claro de que no quería ser”, determina un defensor a ultranza de su entidad, un pilar esencial en la obtención del cuarto escudo, una llama y referencia que no admite discusión en el fútbol y deporte viñamarinos.  

Sí volverás a dirigir tu club, tu amor por él te delata…

¡Ohhh! Me encantó dirigirlo. No sé… Yo no terminé asqueado del fútbol, me siento orgulloso por lo que hice y creo que pude haber hecho mucho más. A mí me cansó el tema del fútbol en general, me desgastó mucho haberme metido en la ANFP, en las peleas de Mayne-Nicholls, Segovia, Jadue. Eso me agotó, y me di cuenta de que lo que más me gusta es Everton. Yo soy de Viña… Me buscaron para participar y me equivoqué.

Salgado y Bloise, genuinos evertonianos. ¿Qué te parece que en nuestro fútbol haya presidentes que no son hinchas de sus clubes? Ricardo Abumohor es de Palestino, no de O’Higgins, y Arturo Salah es de la “U”, Audax o de la “UC”. Son sólo dos casos.

Mira, hay un dicho mexicano que dice ‘Cada uno su vida, su movida y su bebida’. Yo no podría ser dirigente de San Luis de Quillota, por ejemplo. ¡Imposible! Ni por un tema afectivo, financiero ni político. Soy de Everton porque nací, me crié, estudié y desarrollé mi vida laboral en Viña. Chile no es un país nacionalista, y yo soy tan localista que más que chileno me siento viñamarino. Voy a Santiago y soy súper reconocido como un viñamarino que le interesa que las instituciones de su ciudad sean las mejores, de esa manera uno ayuda a que el país sea mejor.

El ex Presidente Sebastián Piñera anunció en Sausalito el 2009 que “este estadio será el primero que se reconstruirá bajo mi gobierno”. Lo dijo a la alcaldesa Virginia Reginato y a ti…

Sebastián Piñera cumplió, al margen de que el estadio no esté listo. A fin de año lo tendremos y será, por lejos, el más lindo de chile. No será el primero en inaugurarse, pero en las decisiones del Presidente sí estuvo rehacerlo. No me meto en cuestiones políticas -jamás he participado en ella-, pero otros gobiernos no quisieron remodelar el estadio. Eso es una realidad. Lo sé porque, siendo presidente del Everton, me daban respuestas diciéndome de que no lo querían remodelar nomás. Hicimos un llamado, Piñera lo contestó y el estadio quedará muy bonito. Es de las cosas más grandes que le aporté a Everton en mis cinco años. Para conseguir el estadio que Viña merece, trabajé en conjunto con la alcaldesa Reginato.

¿Qué opinión te merece la Alcaldesa del Deporte en lo humano y como mayor autoridad de tu ciudad?

Mi opinión es bien subjetiva, tengo una relación personal con ella que va más allá del deporte. Mi evaluación, en términos privados, es que siempre ha tenido un trato muy deferente conmigo. Agradezco que me haya tocado en mi presidencia una persona como ella al mando de la ciudad. Me ayudó a hacer muchas cosas que, con otro alcalde, tal vez, no hubiese logrado. Siempre se ha enfocado en el bien de Viña propiciándole deportes, principalmente. En conjunto avanzamos, y no es menor que pueda lucir en sus diez años de alcaldesa un título con el Everton de su ciudad…

“Se nos dio a los dos, vivió el triunfo y se subió a la tarima igual que yo. Recibió la copa y disfrutó la fiesta del título. Como primera autoridad de Viña, fue el ícono e imagen de la victoria, fue partícipe de la corona. La invitamos a Inglaterra, no pudo ir, pero mandó emisarios de la municipalidad, la que siempre ha estado presente con el club. Everton es importante, tiene que ser apoyado por nuestras autoridades, como ha ocurrido en el mandato de la alcaldesa”.

Evalúa la labor de la CASA DEL DEPORTE…

Promover deporte es vital, y en eso ustedes han marcado pauta, haciendo cosas pioneras, iniciativas que no he visto en otras ciudades. Everton tiene un vínculo con Javier Aravena, el director de la Casa del Deporte, y con la alcaldesa: lucir en su camiseta el logo de Viña. Eso nos da una identificación total con nuestra ciudad. Viña es muy bien percibida dentro de Chile, no hay ciudades como esta, es única y especial. A Everton y a Viña les hace bien que su nombre se pasee todos los días domingo por el país, promoviendo y atrayendo turismo. Fuimos los primeros en lucir la ciudad en nuestras camisetas, los clubes de regiones deberían asociarse más a sus municipios e imitar el ejemplo de Everton con la Casa del Deporte.

¿Cuáles son las fechas e imágenes que no abandonarán tu mente?

No soy bueno para guardar fechas, sí momentos. La foto más linda que tengo en mi mente es la del título, lejos, esa tribuna de madera en la que estaba con mis hijos y con autoridades de todo tipo. Ver en cámara lenta cómo se consumían los 90 minutos. La copa la recibí yo, algo que en nuestro fútbol no existe, di la vuelta olímpica con ella (se emociona)… Sentía que yo la debía tener, había hecho mucho por ella. “Limache” (Juan Luis González) y Cristián Uribe se echaron para atrás y le dijeron al dirigente de la ANFP ‘entréguesela al presidente’. Tuve el respeto de no levantarla, lo hizo el capitán. Le dije a Limache ‘aquí está la copa, somos los mejores, somos los campeones’. Sentí una explosión indescriptible…

“Otra foto emotiva es la de 2012 en Concepción, donde volvimos a Primera. Muy efusivo le dije a la hinchada ‘aquí está el ascenso, misión cumplida, volvimos’. Era una deuda que tenía que pagar para irme tranquilo… Everton es uno de los cinco clubes más grandes de Chile, por historia, por hinchada, por un estadio tan tradicional y hermoso que tuvimos. Todos querían jugar en él, como rivales o defendiendo al club. El próximo será distinto, pero muy lindo igualmente”.

En 2010 viajaron a Liverpool, hermanando a los dos Everton. ¿Qué fue lo más destacado de esa aventura?

Ahí tenemos otra imagen relevante para el club, en Goodison Park (estadio del Everton inglés). No sólo jugamos, también me invitó su presidente para hacerme una despedida cuando Everton enfrentó al Tottenham, me entregó un recuerdo en el entretiempo. Aquí lo tengo. Lo recibí por unir a los dos clubes. El estadio estaba repleto, son cosas que suman a la imagen del club, no a la mía. Mira, aquí está la foto en medio de la cancha recibiendo el reconocimiento con mis dos hijos. Son imágenes muy potentes. Esto demuestra el alcance que tuvo la presidencia que hice.

Apertura 2008, cumbre en Sausalito

Repasa los momentos vitales de la campaña. Antes de Colo Colo, el 0-3 y 4-1 con Audax y las semifinales con la “U”.

Para el 0-3 con Audax acá, yo estaba en España, en una reunión con el presidente del Zaragoza. Me llegaban mensajes que decían 1-0, 2-0, 3-0 y apague el teléfono. ‘Se acabó el campeonato’, pensé. Volví, me reuní con los jugadores en Santiago el día del partido de vuelta y les di una arenga súper potente. Fue en el hotel, tres horas antes. Le hablé un tanto fuerte a un plantel en el que había jugadores con mucha personalidad y experiencia, tipos complicados -Jaime Riveros, Johnny Herrera, “Limache”, Cristián Canío-. Tuve un fuerte apretón con ellos, fui duro, lo reconozco. Lo único que quería era que nos metiéramos para lograr algo. Ganamos 4-1. Entré al camarín, los jugadores se burlaban, se reían, me abrazaban… Me demostraron que tenían la capacidad que yo les dije que no tenían. Ahí venían cosas importantes, como el 3-1 a la “U” en Santiago.

Se te vio muy exultante cuando terminó el 1-1 con la “U” en Viña, demasiado…

Pasamos a la final, fue un momento muy increíble, ahí entendí la importancia que tenía el esfuerzo que había hecho. Nunca en mi vida tuve tantos periodistas encima, ni siquiera cuando fuimos campeones. Se me vino tanta prensa encima que me decía ‘¡Everton a la final, Everton a la final…!’ Me emociono ahora (mira la copa y un cuadro de su padre, brota un sollozo)… Estaba en el Block J de Sausalito con, no sé, cien periodistas que me buscaban, yo era quien tenía que responder. Lo único que recuerdo que les dije ‘me acuerdo de mi papá y ojalá seamos campeones’.

¿Fue injusto el 0-2 con Colo Colo en la primera final?

Sentí mucha injusticia, nos expulsaron a (Mauricio) Arias, no nos cobraron un gol y no le mostraron amarilla a Lucas Barrios. Si se la muestran, no jugaba el partido de vuelta… Tengo una anécdota, ha pasado harto tiempo que da lo mismo contarla: después del partido me encontré con (Pablo) Pozo, el árbitro, en una esquina donde no había nadie, a la salida del estadio. Me pegué un agarrón fuerte con él. En una notificación que me llegó, me pedían que me disculpara, si no lo hacía, iban a pedir mi desafuero como presidente. Esto nunca se supo, es una infidencia que te cuento. Y le di disculpas a Pozo con mucha alegría, porque lo hice el día que fuimos campeones. Me salí del papel de presidente.

¿Tenías fe en que revertían el 0-2 para alcanzar una cuarta estrella?

Con Acosta sabíamos que ganábamos, la duda era por cuánto. También hablé con los jugadores en el hotel la noche anterior… Otra anécdota: les dije que tenía que darles una noticia buena y otra mala. La buena era que el directorio había aceptado darles un premio mayor. Todos aplaudieron. ‘Pero espérense, creo que no es necesario dárselos, así es que no se los daré’, continué. ‘¡Pero cómo!’, exclamaron. Les dije: ‘estoy seguro de que vamos a ganar, entonces para qué les voy a dar un premio adicional haciendo que el club gaste más dinero’. Se rieron pensando que era broma. Les di la mano y me fui. Ganamos y no les dimos la plata adicional… Son locuras que hoy no existen y que se dieron por la buena relación que teníamos.

Describe qué sentiste cuando Ezequiel Miralles anotó el 3-0.

Al perdernos tantos goles en el primer tiempo, pensé que estábamos fritos. Dominamos desde el minuto cero al noventa. Cuando Miralles hizo el 1-0, todavía pensaba que no pasaba nada y con el segundo, no me daba cuenta. Íbamos a penales, era suficiente. Con el 3-0 estallé, todo fue como en cámara lenta. Estaba tan nervioso que recién me convencí cuando el árbitro tocó el pito. No me gusta recordar ese momento, la verdad. Fue tan justo y preciso que, si revivo el partido, creo que podemos perderlo. Prefiero que todo quede como fue.

También es un buen perdedor Antonio Bloise, riendo generosamente confiesa: “Me ha tocado perder, no siempre se gana en la vida. El 2010 perdí muchas veces cuando descendimos, me amargaba y escuchaba ‘Un buen perdedor’, una linda canción de Franco de Vita. Era una buena terapia para zafar, me daba ánimo. Se las recomendé una vez en Sausalito”.

Lo último, Antonio. Confecciona tu oncena ideal de todos los tiempos.

Un 4-3-3 sería, una oncena en la que no están los mejores quizá, pero sí los que a mí me cautivaron… Ricardo Werlinger al arco, lateral derecho el “Mono” (Erasmo) Zúñiga, centrales Guillermo Azócar y Miguel González, y a la izquierda el “Gato” (Sergio) Navarro. Julio Rodríguez en la contención, de ‘8’ Guillermo “Chicomito” Martínez y ‘10’ Mario Salinas. El puntero derecho es mi gran ídolo, el “Charola” González. En delantera me complico porque tengo cinco jugadores. Para mí el puntero izquierdo es Leonardo Zamora, pero está José Luis Ceballos. Por derecha puedes poner a Miralles… Dejemos a Ceballos y a Miralles en la banca, también a Dalsasso. Y el centrodelantero es René Meléndez, no hay dudas.

“Lindo encuentro con la CASA DEL DEPORTE, hablando de temas que nos apasionan, alegran, emocionan… Díganle a Javier Aravena que pongan una foto del ‘Charola’ en la entrevista, del ídolo de Antonio Bloise. ¿Está buena o no?”, remata agradecido y jubiloso.

David Foxley Chapman, Óscar Marín Socías, Antonio Bloise Cotroneo, Antonio Martínez Ruiz y Antonio Bloise Ramos -entre otros señeros presidentes- ocupan un lugar distinguido en las memorias del Everton viñamarino. Bloise, el hijo, conocido a fondo en este diálogo, marca una diferencia: agregándole pasión, sacrificio y amor a su liderazgo, alzó un trofeo en el entrañable Sausalito de la CIUDAD DEL DEPORTE.    

Por Mario Ramírez Escudero  

 
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