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Alcides Ghiggia: “El ‘Maracanazo’ es el momento más grande de la historia del fútbol mundial”

Lunes 26 de Mayo de 2014
En su visita a Chile, el autor del gol con el que Uruguay selló su legendario segundo título planetario conversó con CiudaddelDeporte.com
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“Feliz hablo para el deporte de Viña del Mar, pero hay un problema: yo cobro por las entrevistas”. Es lo primero que pronuncia el mayor héroe del “MARACANAZO” cuando, pícaro y chispeante, saluda a la CASA DEL DEPORTE. Con un humor desbordante a sus 87 años, que no cesa mientras transcurre un diálogo de más de treinta minutos, y con una lucidez asombrosa del protagonista, comienza este encuentro. No es uno más. La CIUDAD DEL DEPORTE está en presencia del autor del gol más célebre de toda la historia de los mundiales. Frente a una leyenda que provocó desconsuelo, drama y silencio en julio de 1950. Con el delantero que causó un verdadero pandemónium en un coloso de Río de Janeiro, en cuyas tribunas más de 199.854 mil almas -cifra controlada- palpitaban un título mundial con sólo un empate.

“Sólo tres personas han silenciado Maracaná, el Papa, Frank Sinatra y yo”, ha proclamado por largos años ALCIDES EDGARDO GHIGGIA PEREIRA, wing derecho verdugo del Brasil ’50, oriundo de Montevideo desde el 22 de diciembre de 1926. Mito viviente de un capítulo que no se marchita, de un suceso que no tiene fecha de vencimiento.  

Ya dispuesto en un salón del hotel NH Ciudad de Santiago para rememorar con la CASA DEL DEPORTE su perdurable obra, despacha otra de su inventario: “¿Y en Viña del Mar no hay peluquero?” Pregunta al ver el generoso cabello de Ignacio, fotógrafo que nos asiste en esta ocasión. 

“Vine a Chile para el lanzamiento de un libro de los mundiales y para -otra más- ‘conversar con Viña del Mar’”, comenta el único sobreviviente de la final de las finales, invitado hace pocos días para presentar “Historias Sudamericanas de la Copa del Mundo”, obra del ex directivo de la FIFA, Harold Mayne-Nicholls.

“¿Quieren saber algo de mi vida antes de hablar del ’50? Bueno… Nací en La Blanqueada, un barrio de Montevideo, y ahora vivo en Las Piedras, que es de Canelones. Me acompaña mi tercera esposa, Beatriz Masui, de 40 años. Yo tengo 87”. Pide un segundo café y prolonga: “Mis padres eran Gregoria y Felipe Alfonso, éramos cinco hermanos, dos mujeres y tres varones. Tengo dos hijos de mi primer matrimonio, Alcides (52) y Lilián (49), y cinco nietos y dos bisnietos…   

“En Peñarol me decían ‘Ñato’ y en Sud América, donde empecé mi carrera, ‘Perrito’. ¿Sabés cómo marcaba? Como perro. Empecé como marcador, después fui delantero. Y ‘Negro’ era un apodo más familiar porque iba mucho a la playa cuando niño y me quedaba negro. ‘Ahí va el Negro’, decían... Además jugué en la Roma y Milán de Italia, y terminé en Danubio el ’68, a los 42 años. Soy hincha de Peñarol, en casa eran todos hinchas”.

¿La última vez que estuvo en nuestro país fue en 1952?

Sí, y ese año conocí Viña del Mar. Muy preciosa. Estuvimos unos diez días en Viña, por ahí, cuando jugamos con Chile acá en Santiago por el Panamericano del ’52. Perdimos 2-0. Estuvimos concentrados en Los Maitenes.

Maracanazo, gloria y llanto

Domingo 16 de julio de 1950, ¿qué representa para usted esa fecha?

Es una fecha inolvidable y muy íntima para uno, pero no hablo mucho en la actualidad de ese día porque fallecieron todos mis compañeros. Por respeto a ellos que ya no están. Con ellos logramos algo muy grande, un triunfo gigante. Me preguntan mucho por esa fecha, me hacen hablar.

¿Qué sintieron al entrar a un estadio con 200 mil personas a jugar una final con el anfitrión y favorito, y contra un pueblo entero?

¿Sabés lo que es? No se imaginan. Gigante entrar a eso, a una caldera. Con Brasil nos conocíamos, habíamos jugado. No sabíamos de España y Suecia porque en esa época no había televisión, videos, nada. Entramos a ganar nomás, nos teníamos confianza, lo suficiente para nosotros era ganar. Aparte, tuvimos la suerte de salir juntos con Brasil, el público aplaudía y se enloquecía. Si entrabas antes, te iban a chiflar.

¿Cuántos uruguayos había en el Maracaná?

Unos treinta, más no había. Antes del partido nos fueron a saludar al hotel, a alentarnos. Después del triunfo también, muy felices, cuando todo Brasil estaba tranquilo, en silencio. Era un país incrédulo.

Con el empate Brasil era campeón, y había goleado a España y a Suecia.

Nos llevaban un punto de ventaja. La parte final del Mundial, que fue un cuadrangular, se confeccionaba por puntos. Para ser campeones, sólo nos servía ganar… Sí, el partido empezó poco después de las cuatro, por ahí, y anoté cuatro goles en la Copa. Empatamos a dos con España y ganamos 3-2 a Suecia.

A poco de empezar el segundo tiempo el local se puso en ventaja. Uruguay tenía que hacer dos.

Fue a los tres minutos. El  capitán nuestro fue a protestar al línea porque levantó la bandera y la bajó. Había marcado un off side. Llegó el árbitro, un inglés. Yo estaba al otro lado y entre mí pensaba, ‘qué protestan si los ingleses no saben castellano y nuestro capitán no habla inglés. Están como los mudos, a las señas’. Ahí pasaron cuatro minutos. El capitán nuestro dijo, ‘bueno muchachos, hay que salir a atacar, atacar y ganar’. Atacamos y salieron los goles.

Llegó el 1 a 1 de Juan Alberto Schiaffino, “Pie de Raso”. ¿Usted fabricó el empate?

Jajá, “Pie de Raso”. Schiaffino era muy técnico y fino… Me habilitó con una pelota larga Obdulio Varela, el capitán. Me enfrenté al marcador de punta, le amagué por un lado y me fui por el otro, en diagonal. Cuando vi que Schiaffino venía por el medio, le hice el pase atrás. Pateó y la metió en el ángulo. Ese fue el empate que fabriqué, a los veinte minutos.

Reviva con Viña del Mar su gesta, ese 2-1 inmortal.

Me entregó la pelota Julio Pérez y me fui directo al marcador de punta mío. Cuando me salió, la devolví y me meten el pase en profundidad. Yo era muy ligero. Al irme, el back izquierdo no llegó a tapar y seguí en diagonal. El golero creyó que yo iba a hacer la misma jugada, el pase hacia atrás, por eso se abrió un poco del arco y me dejó un espacio. En esos últimos segundos tenés que decidir qué vas a hacer. Tiré abajo, entre el primer palo y (Moacir) Barbosa. Faltaban once minutos.

¿En esos minutos atacaron, enfriaron, defendieron…?

Seguimos atacando, queríamos hacer el tercero. Ellos quedaron fríos igual que el público, la hinchada no alentó a su selección para que empatara. Fue impresionante el silencio y el frío, el estadio estaba mudo… Y seguro, sabíamos de nuestros títulos olímpicos y el del Mundial del ’30, eso pesaba mucho sobre nosotros. Fuimos a ganar el Campeonato del Mundo de Brasil.

¿Cómo festejaron en un país destruido por una derrota deportiva? El mito indica que hinchas locales se suicidaron… 

En la noche cenamos y después andábamos buscando al tesorero para pedirle dinero y comprar algo. No lo encontramos, entonces sacamos plata e hicimos una colecta con la que compramos sándwiches y unas cervezas. Nos fuimos a un dormitorio del hotel a festejar. Y dicen que hubo muertos, que hubo brasileros que no resistieron el dolor.

La del ’50, ¿es la máxima hazaña de la historia de los mundiales?

Mirá, no hubo ningún momento en el que una selección le ganara la final a un anfitrión y al favorito en un estadio con más de 200 mil personas. El “Maracanazo” es el momento más grande que tuvo la historia del fútbol mundial y uruguayo. Le dimos una gran satisfacción al país nuestro. Yo el ‘30 tenía cuatro años, no sé cómo fue el primer título del Uruguay. Esto es muy distinto, pues es muy recordado en todo el mundo.

¿Fueron recompensados por la obtención de tamaño triunfo, les dieron alguna pensión?

Jajá… No. El ‘50 se vivió muy lindo, pero con el tiempo se fue olvidando. Nos dieron una pensión que se acabó, un diputado quiso aumentarla y le dijeron que no. Lo que logramos se reconoce más en el exterior que en mi propio país, donde cada 16 de julio los periodistas escriben recordando la fecha y nada más. Los gobiernos nunca nos ayudaron.

Ghiggia, la historia del fútbol y Brasil 2014

“Me han preguntado mucho con quién me quedo, con Pelé o Maradona, y yo incluso a amigos argentinos les digo que con Pelé. Con Pelé como jugador y como persona”.

En un momento dijo que el mejor de la historia es Alfredo Di Stéfano…

Pelé fue único, no podés comparar. Di Stéfano también fue un gigante, el mejor después de Pelé. Hoy se juega distinto, antes era más espectáculo, más vistoso. Ahora hay mucho pelotazo, no hay técnica, falta el jugador inteligente, pícaro. Salvo Messi, un chico maravilloso. A veces un cuadro está en campo adversario y de repente mete la pelota hacia atrás, 30, 40 metros. No, no me gusta eso.

Schiaffino, Varela, Pedro Rocha, Diego Forlán… ¿Cuál es el uruguayo más talentoso?

(Ladislao) Mazurkiewicz. Jugué contra él, un excelente golero. Vi muchos jugadores y, para mí, “Chiquito” fue el mejor. Era un fenómeno dentro del arco, atajaba todo, gran figura en Peñarol y en nuestra Selección (defendió el arco de Cobreloa en 1978 y 1979).

¿Recuerda algunas figuras chilenas?

Me recuerdo de Elías Figueroa y de (Ignacio) Prieto. Figueroa era un fenómeno en Peñarol, muy bueno, y Prieto, gran figura en Nacional. También recuerdo al “Sapo” Livingstone, muy buen arquero. Y a (Fernando) Riera como técnico. De los últimos, conocí a Zamorano y a los chicos de hoy que están en Europa, Sánchez y Vidal. Muy buenos valores.

Usted actuó en Milán. ¿En 1963 jugó la final de Europa contra el Benfica dirigido por Fernando Riera?

Integré el plantel pero no la jugué, sí viajé a Wembley donde se disputó esa final. Ganamos 2-1 al Benfica del chileno Riera. Jugué en la Roma también. Tengo pasaporte uruguayo e italiano, disputé cinco partidos por la Selección de Italia.

¿Cuándo dio origen a la famosa frase de los personajes que acallaron el Maracaná?

Fue el año ’75 en una entrevista que me hizo O Globo, la televisión brasilera. Me preguntaron por la final y por el gol y les dije eso, que sólo trespersonas enmudecieron Maracaná: el Papa, Frank Sinatra y yo. Me nació y ahí quedó. Siempre me piden que la diga, parece que les gusta (sonríe). 

Pronto vuelve a Brasil, al Maracaná.

La FIFA ha tenido mucha gentileza, me invitó a los mundiales de Alemania y Sudáfrica y ahora al de Brasil. También al sorteo el año pasado. El 9 de junio voy a San Pablo, al congreso que se realiza el día 11, y el 12 comienza el Campeonato del Mundo. Espero estar en Maracaná, en él se juega la final. No sé si está estipulado para mí que esté en el último partido.

¿Cómo le irá a Chile de acuerdo a lo que ha visto en televisión?

Chile ha andado bien últimamente, claro que lo he visto. Siempre ha jugado bien al fútbol, su juego es muy vistoso, pero te explico: creo que le falta un poco de empuje, aquello de querer ganar, el choque que le falta de la marcación… ¡Ahí está! Eso le falta a Chile, la garra. Tiene mucha técnica, pero con eso no basta.

¿Su “Celeste” cómo andará? Tiene un grupo difícil con Inglaterra e Italia.

No soy adivino… Va a ser un campeonato bastante difícil, puede haber sorpresas como los cuadros africanos que tienen buen físico y son muy rápidos. Aprendieron a jugar, son peligrosos. Hablando con Ronaldo en Bahía me dijo, ‘¿sabés cuál es la selección más fuerte?’ Alemania me aseguró. Le respondí que en el fútbol no se sabe. Para Uruguay el rival más difícil es Inglaterra, creo que los dos se clasifican.

Los aspirantes más serios son siempre los mismos. Pronostique…

Brasil, Alemania y, si Messi anda bien, Argentina puede ser rival. Sólo si anda bien Messi, que quede claro. En los Campeonatos del Mundo no se sabe que puede pasar, no tengo la bolita mágica.

“A los niños de Viña del Mar que anhelan ser futbolistas les digo que jueguen todo lo que quieran, pero primero hay que estudiar. El estudio es la base de la persona. Una vez mi hijo me comentó que un club lo llamó para que empezara a practicar. Le dije, ‘no, dedícáte a estudiar, el estudio es para toda la vida, el fútbol no sabés cuánto dura. Es lindo, pero es incierto y corto’. Así es que se dedicó al estudio, se recibió y está fenómeno. Te podés lesionar, nadie lo sabe, en la vida hay que tener suerte y a la suerte hay que ayudarla. Que se entrenen e intenten, pero estudiando”.

Ochenta y siete años de sabiduría. Sesenta y cuatro de leyenda. Expresiones de un héroe que, escurridizo y hábil, calló más de doscientas mil gargantas una tarde de 1950. ALCIDES GHIGGIA, entre Barbosa y un palo, escribió la página más gloriosa e ingente del fútbol mundial. GHIGGIA, primer actor del MARACANAZO revivió con la CASA DEL DEPORTE de Viña del Mar su epopeya: un gol para todos los tiempos.

Por Mario Ramírez Escudero   

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