LUIS PÉREZ

Lunes 25 de Febrero de 2013
“Cuando venía la pelota para el segundo gol, ya tenía resuelto que iba a controlar y enganchar”
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  • LUIS PÉREZ

Autor de los goles más importantes del historial de nuestro fútbol. Así, contundente y categórico: amo y señor de las anotaciones más valiosas que registre nuestro balompié en más de un siglo. Un súmmum. Dos. Trascendentes e inmortales. Además, bellas y soñadas. Anotadas con un arte e inspiración análogos a la genialidad de Pelé o de un Carlos Caszely -bandera alba-. LUIS HERNÁN PÉREZ RAMÍREZ, el miércoles 5 de junio de 1991, en un Monumental David Arellano convertido en una caldera con más de 66.517 almas rugientes que anhelaban ver a sus caciques tocar por primera vez la esquiva Copa Libertadores, se eternizó con dos obras cumbre. A los 12 y 17 minutos. Con sus dos perfiles, el verdugo de 1.68 metro y de 67 kilos, sentenció prematuramente el juego crucial ante el campeón vigente, Olimpia de Paraguay, reñido rival que disputaba su tercera final consecutiva. El 3 a 0 final, obra de Leonel Herrera hijo, sólo vino a ratificar un triunfo resuelto -está dicho- antes de los veinte minutos. LUCHO PÉREZ, con el “19” en su espalda, y el Colo Colo ’91 firmaban esa noche (a las 20.30 comenzó la brega) el mayor título internacional ganado por el fútbol chileno. Una corona que hizo palpitar y abrazarse a un país entero, a uno que quedó en la cima deportiva de América. Historio un primer lugar de inconmensurable relieve, obtenido tras catorce eslabones y frente a contrincantes linajudos, ambientes hostiles y en un ciclo en el que, mucho más que hoy, había que derrotar a desvergonzados árbitros y dirigentes. Esto, acrecienta el mérito del Cacique: el plantel aleccionado por Mirko Jozic, exclusivo DT europeo que ha alzado el codiciado trofeo, le ganó a todo y a todos. Miro y tocó la Copa. Conquistó el Nuevo Mundo después de los fallidos intentos del mismo Colo Colo en 1973 -robo del porte de la Libertadores-, Unión Española, en 1975, y de Cobreloa, en 1981 y 1982.        

Los de Pérez, ¿son los goles más importantes de nuestra historia? ¡Sí! ¿Por qué? Porque simbolizaron un primer puesto. Usted puede cuestionar y preguntarme: ¿Y dónde deja el de Eladio Rojas a Yugoslavia en 1962, en la disputa por la tercera ubicación de un Mundial? ¿O el tiro libre de Leonel Sánchez a la Unión Soviética, en Arica? ¿O el golazo de Iván Zamorano a Estados Unidos, el segundo, en los JJ OO de Sydney 2000, cuando La Roja trepó al podio? ¿Y el de Marcelo Salas en Wembley, La Catedral, contra los inventores del deporte por excelencia?  Los de Sánchez y Rojas pavimentaron e inscribieron una tercera plaza, con mayor resonancia sí porque se sellaron en una justa máxima; el de Zamorano, una apología al juego colectivo -la tocaron todos-, sólo nos llevó a un bronce; y el de Salas, que maravilló al mundo luego de una asistencia superior del Coto Sierra, fue en el marco de un… amistoso. ¡Debatible! Sí, absolutamente. Si discrepa, casadeldeporte.cl está abierta a un apasionante debate en torno a goles trascendentales. ¿Tiene más valía un título de clubes de un solo continente, o un tercer lugar de selecciones nacionales en una Copa del Mundo? Insisto, casadeldeporte.cl

En un Pronto Copec emplazado a cuatrocientos metros de donde Lucho alcanzó gloria continental -estadio Monumental-, sostuvimos un encuentro particularmente extenso que, reloj en mano, comenzó a las 11.5 y concluyó a las 13.55 horas. Extenso y distendido, a pocos días de su imprevista destitución como jefe de cadetes de Colo Colo. Conversador empedernido y minucioso en su discurso, el Punto Pérez aclaró numerosas materias en la primera entrevista presencial que otorgó tras su éxodo de la entidad en la que formó durante dos lustros. Entregó, también, su intimidad más recóndita a la CASA DEL DEPORTE de Viña del Mar. Conózcala, sepa más del intérprete de los aciertos más encumbrados del balompié nacional. “Nací el 17 de abril de 1965 en el Hospital San Juan de Dios, en Quinta Normal. Mis padres, afortunadamente vivos, son Juana y Hernán. Tengo un solo hermano, Marcelo, de 44 años. Todos son colocolinos. De mi primer matrimonio, con Marietta Barrales, soy padre de Marietta (23) y Catalina (18); y del segundo, con Silvia Olave, de Isidora (14). Mis estudios básicos los hice en la escuela 442 de Pudahuel y la media, en Maipú, en el Liceo Alberto Widmer. Y el nivel superior, lo realicé cuatro años en el INAF… En mi barrio, en Pudahuel, siempre me han dicho Punto o Puntito. Aprendí a caminar antes del año, y como era negrito, chico y corría rápido, un señor decía ‘mira ese Puntito’. Actualmente vivo en La Florida”, reseña el nuevo conductor técnico de San Antonio Unido.

Te formaste en Magallanes, Lucho. ¿Cuándo y cómo llegaste a La Academia?

El año 81 llegué después de haberme probado en Colo Colo. Fue una prueba y evaluación muy largas, más de un año, entonces decidí no ir más. Me cansé. Estaba mi primo Julio Osorio en el plantel de Colo Colo, un puntero izquierdo. Fui a Magallanes, al estadio Vulco de San Bernardo, y me probaron Mario León y Francisco Graells. Al mes apareció don Elson Beyruth, quien determinó mi inscripción en inferiores. Así empezó la historia…

Muchos aseguran que eras lateral izquierdo y que debutaste en esa posición…

Jamás fui lateral, siempre fui delantero volante. Debuté el año 83 en Primera con Jaime Campos como entrenador, y como en una selección juvenil que jugó un Sudamericano en Bolivia actué por una emergencia de lateral izquierdo, Jaime me pidió alguna vez que le cubriera esa posición. Le gustaba porque yo pasaba al ataque con facilidad. Debuté contra Católica, no de lateral, ganamos 2-1 en el estadio Vulco y mi actuación fue destacada. También estaba debutando el Nacho Prieto ese día en Católica. Él en inferiores se había fijado en mí, eso lo supe con el tiempo.

Ignacio Prieto, primer chileno que ganó la Libertadores, fue importante en tu carrera. ¿Fue tu mejor entrenador?

Nacho había quedado enganchado conmigo y a mediados del ’85, después de jugar la Copa Libertadores por Magallanes, me pidió como refuerzo para Católica. Hubo muchos técnicos importantes, siento un cariño especial por todos: Jaime Campos, el Mosco (Jorge) Venegas, Eugenio Jara, el profe Beyruth en cadetes me ayudó muchísimo, Mirko Jozic ni hablar… Los dos mejores son Nacho Prieto y Fernando Carvallo, estuve más tiempo con ellos, aprendí mucho como jugador y técnico.

Integraste el recordado Magallanes que apodaron Los Comandos…

Siempre aclaro eso, además te quiero aclarar bien otras cosas. Magallanes quedó con el mote de Los Comandos porque iba al cerro Chena, un recinto militar. Lo subían con el técnico Eugenio Jara, Jarita. En mi período, con Ivo Basay, Lalo Vilches, Rodrigo Santander, etcétera, y con Jaime Campos como entrenador, nunca fuimos al Chena. Adoptamos ese apodo pero no me siento de ellos. Los Comandos, para mí, son Luis Marcoleta, Arturo Jáuregui, el Fino (Claudio) Toro, el brasileño Benedicto Pereira… Hay un antes y un después.

Magallanes, Católica, Colo Colo… ¿En qué otros clubes jugaste?

En el Morelia de México estuve dos veces. En Temuco, el segundo semestre del ’95. Regresé a Católica, me enrolo el ’96 cuando estaba Pellegrini. Manuel me dijo que me necesitaba, pero hubo problemas de pase con los mexicanos. A la semana despidieron a Manuel y asumió Fernando Carvallo, con quien había tenido diferencias el ’91 cuando me quería de lateral izquierdo en su equipo ideal. “Me voy entonces, soy volante o delantero”, le dije. Discutimos, pero en buena. Soy bien amigo de Fernando, incluso fui campeón con él el ’97. Lo que pasó, pasó… El ‘99 estuve en Santiago Morning y el 2000 me retiro en Palestino.

¿Y Melipilla, Lucho?

¡Perdón, me olvidaba! Es que casi no lo tengo considerado dentro de mi carrera, estuve apenas dos meses en Segunda División el 2001. No quiero desmerecer a Melipilla. Fue un proyecto atractivo pero a los dos meses me di cuenta que no era tal, se portaron bien, con un buen sueldo. Me invitó al proyecto Rodolfo Dubó, lo echaron y a la semana me fui. Para mí, mi carrera se acabó en Palestino.

Tú eras pícaro, resoluto, habilísimo, técnico, con chispa… ¿De quién rescataste ese compendio de dotes?

En Chile admiraba mucho el juego de Arturo Jáuregui, compañero en Magallanes. También a la dupla Vasconcelos Caszely, extraordinaria, los referentes más grandes para mí. Quería imitarlos, de hecho, creo tener algunas cosas de Caszely de definición en el área. No me quiero poner a la altura de él, ni en sueños, un tipo espectacular, como persona también. Y creo tener cosas de creación de Vasconcelos, una mixtura de ambos. En lo internacional, el más grande es Pelé, sigue siéndolo. Crecí viendo a Pelé y a Maradona. Pelé tenía más compañía, sí, jugadores de alto nivel; Maradona jugaba solo.

¿Eres hincha de Magallanes, Católica…?

Soy hincha de Colo Colo, de niño, pero también de Católica y Magallanes. Mi corazón lo tengo dividido en tres. Por afecto, por años, por mi debut en Primera y por mi primera Copa Libertadores, Magallanes ocupa un lugar muy importante. Imposible no tenerle cariño. Y con Católica fui campeón, jugué la final de la Libertadores del ’93…

En tu primera Libertadores ya dejaste rastro y tu impronta…  

El ’85, con Magallanes. No sé si es coincidencia, tengo una estrella, suerte, el destino… Siempre me han pasado eventos históricos, por ejemplo, clasificar a Magallanes por primera vez a la Copa, que haya obtenido su primer triunfo en el extranjero con un gol de un chileno. En el Estadio Centenario de Montevideo, le ganamos 1-0 a Bella Vista con gol mío y teniendo un equipo modesto. Con Católica también llegué a una final. Participé en los Juegos Olímpicos del ’84, en Los Ángeles, era el más joven del plantel que dirigía Isaac Carrasco. Hice un gol por Católica cuando existía el Show de Goles, el mejor del año 85, a Everton en el Estadio Nacional.

Lo recuerdo perfectamente, eludiste a tres zagueros y dejaste en el piso a Jorge Loco Cortés. Lo desparramaste… ¿Cuántos títulos ganaste?

No son muchos. Con Católica el ‘87 y el Apertura ’97, cuando ganamos en la final 3-0 a Colo Colo. En el título del ’87 no había ningún extranjero en el plantel, el técnico era Nacho Prieto. Y fui campeón del torneo local con Colo Colo el ’91. Destaco la cantidad de Copas Libertadores que jugué, unas ocho por Católica, más Magallanes y Colo Colo.

Colo Colo 1991

¿Cómo se gestó tu préstamo a Colo Colo? 

Fue por todo el año, no sólo por la Libertadores como algunos mal recuerdan. Me llamó Jorge Vergara a mi casa, no creía que era él, me dijo que me necesitaban y que tenía todo arreglado con Católica. Fue a fines de enero del ’91, no le creía. “Estamos armando un plantel para ganar la Copa Libertadores, Mirko te necesita”, me dijo. Un sueño casi imposible, una utopía. Sabe Alfonso Swett, presidente de Católica, le pregunté.  Me extrañó por la gran rivalidad que había y que hay, siempre han sido rivales directos en todo tipo de campeonatos.

¿Cómo era Mirko Jozic?

Era parco, muy serio, súper estructurado en los trabajos y en su sistema de juego. Estuve diez meses nomás con él. Tenía otra cultura, un humor especial, diferente. Se fue dando y terminamos con una buena relación.

El partido más difícil de la Copa, ¿fue con Universitario de Lima acá en Macul?

Uno de los más difíciles. Lo recordamos porque el Loro (Daniel Morón), cerca del final, sacó una pelota a Balán Gonzáles con una reacción impresionante en la raya del arco. Se le iba. Ahí pudimos haber quedado fuera, empatamos a cero en Lima y acá ganamos 2-1 apenas. Se ve como el más complejo porque el rival no era gran cosa. El más difícil fue el con Boca acá, fue estresante y teníamos enfrente un rival de gran nivel. Fue la final adelantada, en términos del rival, porque Olimpia no era tan fuerte… Fue polémico con los peruanos acá.

Pato Yáñez, siempre objetivo y suspirando, dijo que ese balón entró…

Es que el Pato es muy mentiroso (ríe)… No, no entró, no creo. Hay que preguntarle al  Loro. Fue sufrido, ganamos con balones detenidos, con un tiro libre y penal de Rubén Espinoza sobre la hora.

Eso de pronosticar te lo da los años. Trobbiani, curtido y con muchos años en el fútbol en alto nivel, estaba autorizado para vislumbrar situaciones. Vio un equipo afiatado, seguro, y lo adelantó para nuestro bien, no se equivocó. Eso lo da la experiencia. Hace unos meses, yo le dije a Juan Gutiérrez que contratáramos a (Milton) Caraglio y a (Emiliano) Vecchio, antes de que el volante llegara a Colo Colo.

Una estación tristemente inolvidable, Lucho. El duelo con Boca, el de la hecatombe, golazos y pandemónium. El de Ron, el pastor alemán… ¿Cómo la viviste, dónde estabas?

Estaba en la banca. Mirko me mandó a calentar, iba a entrar por Barticciotto y justo Rubén Martínez anota el primero. Seguí calentando y no entré por el Pato Yáñez, intocable, un abrelatas. Rubén marca el 3-1 y se abraza conmigo primero. Ahí se armó la batahola. Colo Colo careció de mayor seguridad y control, había mucha gente en la cancha que no se comportó a la altura. Revisa las imágenes, los peloteros y reporteros provocaron, no pueden. Les gritaron los goles a los argentinos, no corresponde enrostrar, esa gente estaba haciendo su pega. Fue demasiado desmedido. La fuerza pública estuvo muy débil, de eso se aprovechó Boca… Yo nunca grité un gol en la cara a nadie, siempre respeté y fui franco, abierto con el periodismo y muy autocrítico. Creo haber sido correcto en mi carrera.

¿Después de ese triunfo creyeron tocar el esquivo galardón? ¿Cuándo se convencieron?

Con Boca fue la final adelantada, y cuando empatamos a cero la primera final en Asunción, nos convencimos totalmente. A pesar de que enfrentaríamos el partido de acá con varias bajas, y viendo el nivel de Olimpia, estábamos muy confiados. No teníamos al Pato, Martínez ni a Dabrowski, lesionados y suspendidos, pero les dimos un mazazo con dos goles en cinco minutos. Y les expulsan al Loco (Gabriel) González a los 25 minutos. Con uno menos ya no tenían ningún argumento.

Como centrodelantero, salgo a apoyar la salida de Colo Colo en mitad de cancha. Me la juegan y el central me sigue, me pega por atrás. Me suelta la marca. Jaime Pizarro juega por la orilla a Barticciotto, Marcelo me ve en diagonal y me da la pelota de primera. El balón venía rápido, amago ir a buscarla, el defensa se come el amague y me lo saco. Me apoyo en Rubén Espinoza y voy a la devolución que fue fantástica, de primera, con la zurda. Aguanto al central que me viene cerrando, la controlo, levanto un poco la mirada y veo que el arquero viene saliendo. Le pego de empeine, recto.

El primero, con tu diestro; el segundo, de izquierda. Adiós Olimpia, Rey de Copas. El segundo…

Juan Carlos Peralta recupera una pelota, le cae a (Gabriel) Mendoza que la juega al espacio a Barticciotto. Marcelo levanta la vista, ve que yo vengo cerrando por el otro lado y lanza el centro. Tuve la suerte de que el primer defensa se resbala y queda a contrapié. Enfrento al otro zaguero cuando la pelota cae tras un bote anterior, controlo con el estómago, y percibo de que no iba a quedar con buen ángulo de remate. Como advierto eso en el control, pienso en acomodarme para quedar mejor perfilado. Intuyo lo que hacen los defensas: levantar la pierna, tirarse al piso para bloquear o cerrar los ojos. Jamás van a permitir que un delantero pateé sin oposición, es el ABC del fútbol… Yo también jugué atrás, y me pasó (se para y explica la maniobra). Siempre pensé en amagar y enganchar, rápido, pero no en que iba a quedar tan bien posicionado ni tan cerca del arco. Cuando venía la pelota, ya tenía resuelto que la iba a controlar y enganchar. Tenía las dos cosas pensadas.

¿Con qué botines rubricaste la hazaña? Deben estar en un museo, ¿o los guardas perpetuamente en tu hogar?

Con unos Soccer, calzo 39, un zapato nacional bien apetecido en la época porque estaba hecho de cuero cuero, con la novedad de que venía apareciendo esa planta importada con estoperoles inyectables. Yo creo que ya se hicieron polvo (se ríe), los regalé, regalé todo. Soy de poco guardar cosas. Fíjate que no tengo ninguna camiseta, mi mamá guarda trofeos, medallas, reconocimientos. Ella tiene la medalla del ’91, los zapatos se los di en el camarín a Cristián Díaz, un amigo de cadetes en Magallanes, y la camiseta se la regalé a mi hermano.

¿Qué piensas en ese momento, qué pasa? ¿Se puede con la mente extasiada y difuminada?

Tú haces el gol y te nublas, celebras nomás, no piensas en casi nada ni en nadie. Ni las caras de tus compañeros las identificas bien, sientes que te dicen cosas, pero estás ido. Estás en éxtasis. Después, viendo las imágenes, recién te das cuenta para dónde y cuánto corriste, qué hiciste, el entorno… Imposible dimensionar en el momento. Cuando termina el partido, viene un cable a tierra en el camarín, y en la noche cuesta mucho dormir, revives cada detalle, juegas de nuevo el partido.

Rubén Espinoza fue vital, anotó goles, condujo… Para ti, ¿quiénes fueron los más destacados?

Espinoza fue clave, Rubén Martínez muy importante también. La historia es muy injusta con Dabrowski, Margas, Lalo Vilches, Peralta, con muchos. Todos actuaron bien, por algo fuimos campeones. No hay que desmerecer a nadie. Todos se acuerdan de Barticciotto, Morón, Pato Yáñez, Chano Garrido, Jaime Pizarro, Coca Mendoza, yo… Éramos un plantel.

Tan competitiva era la Copa en esos años que no ganaron ningún partido de visita…

Además de competitiva, estaba el tema de los dirigentes, hinchas, árbitros. No digo categóricamente que la Libertadores era una mafia, pero había cosas que no tenían ningún control. Todos sabíamos que los árbitros eran coimeados, que había doping y que se manejaban cosas muy oscuras. En Argentina, Paraguay o Uruguay, los clubes hospedaban a los árbitros en hoteles cinco estrellas, les ponían minas, un sobre con plata y nadie sabía eso. La veíamos casi imposible, no por un tema deportivo sino logístico. Acá somos ingenuos, jamás oí a un compañero decirle a un dirigente “oiga, no sean huevones, hagan algo”. Y las pocas veces que alguien hizo algo, nosotros mismos nos encargamos de joderlo, como en Paysandú para el Sudamericano Juvenil del ’79. Cuando adulteraron los pasaportes… Bueno, superamos todo eso y de local fuimos fuertes, ganamos todos los partidos. Y afuera, empatamos cinco.

¿Cuántos partidos jugaste?

Con Liga Deportiva en Quito y la final con Olimpia, jugué de titular, y entré con Nacional de Montevideo acá cuando ganamos 4-0. Entré por el Pato en el segundo tiempo. Mucha gente piensa que yo estaba debutando en la Libertadores, como Leo Herrera, pero había jugado varias versiones y marcado goles por Magallanes y Católica. Me veían como un novato. Se confunden, varias veces me han dicho “Lucho, jugaste un solo partido y pasaste a la historia”. Al igual que todos, era mi debut en una final.

¿Enfrentaste a Estrella Roja de Belgrado en la final de la Copa Intercontinental?

Viajé a Tokyo, era titular indiscutido en el torneo local, hacía goles, y Mirko en la charla me saca del equipo por Dabrowski. Nunca he hablado con un técnico pero ahí sí le pregunté por qué me sacaba. Me dio una explicación que poco la entendí, después con el tiempo me fue convenciendo menos, buscó un buen argumento nomás. Dijo que los yugoslavos son altos, fuertes, que requería gente que cabeceara. Cuando nos iban ganando, me hizo calentar pero no me puso. Creo que le dieron prioridad a los jugadores de Colo Colo, a los que estaban a punto del retiro. Estoy especulando una explicación; nos ganaron 3-0.

Con la UC, otra final

El ’92, para variar, reapareciste en la Libertadores con otro golazo. Ese año por una Católica dirigida por Vicente Cantatore…

Jugamos en el Monumental, con Colo Colo. Empatamos a uno. Barticciotto, también con un golazo, había anotado el 1-0… El Moto (Andrés) Romero centra al área, me marcan Agustín Salvatierra y Pizarro que no se atrevieron a hacerme el penal, amortiguo con el muslo una pelota difícil en medio de ambos, y Jaime me apura antes de que caiga el balón. Le hago un sombrero, quedo con poco ángulo, y le pego de sobrepique al primer palo de Morón en el arco de los goles a Olimpia. En mi ranking, segundo está este gol; primero, el 2-0 a Olimpia, y tercero, la pared con Espinoza para el 1-0 a los paraguayos. Y el que le hice a Everton el ’85, también está entre los mejores que anoté.

La Copa Libertadores del ’93 también la tienes grabada a fuego. ¿Qué les pasó en la primera final con São Paulo?

Fue súper linda. Tuve más participación que en la del ‘91, no entré a la final por accidente, hice campaña. Nos mató el partido en Brasil, un 5-1 que no refleja lo que pasó en la cancha. Teníamos fútbol para haber sacado un resultado mucho más decoroso, no hubo supremacía absoluta del rival. Estábamos seguros de que la vuelta la ganábamos, el tema era la cantidad. A los quince minutos ganábamos 2-0 y tuve el tercero al final del primer tiempo. Perfectamente pudimos haber ido a los penales, por lo menos. Si nos ganan 5-0 allá y 2-0 acá, nada que discutir. Católica no tuvo la fortuna de Colo Colo de encontrarse en una final con un rival como Olimpia, São Paulo era muy superior, con demasiados pergaminos. Ganó todo, incluso la Intercontinental al Barcelona de (Johan) Cruyff. Antes, en Cali, tuvimos un momento inolvidable y muy emocionante cuando empatamos a dos con el América: Óscar Wirth atajó un penal a los noventa minutos y pasamos a la final.

Formación de Cadetes en Colo Colo

Después de diez años, cesó tu jefatura de cadetes en Colo Colo. ¿Por qué?

Quiero aclarar bien algunas cosas en esta primera entrevista personal que doy. Hay una gran polémica con el tema de la formación. Muchos dicen “Luis Pérez estuvo diez años en Colo Colo y no sacó nunca un jugador”. Estuve diez años vinculado al club, pero dos los trabajé en las escuelas de fútbol y sólo los días sábado. Con Lizardo Garrido el 2001 y 2002. Las escuelas no son parte de la formación de jugadores, es una cuestión social, recreativa. El 2004 me incorporo a cadetes, con los niños de 11 y 12 años, y a mediados del 2005 paso al área formativa con la Sub 13 y 14. Recién el 2008 tomo la juvenil, cuando Fernando Astengo y Hugo González, que estaban a cargo de ella, pasan al plantel. Ese fue el último año que la juvenil sale campeona. El 2011 y 2012 asumo la jefatura técnica de cadetes, en medio fui tres veces técnico interino del plantel cuando despiden a Diego Cagna, Américo Gallego y a Basay. La gente dice que estuve diez años en ese cargo y que no saqué ningún jugador. No fue así. Los que saben cómo formar un jugador, entienden que es imposible hacerlo en menos de tres o cinco años. Los niños que deberían estar en el equipo profesional son los nacidos el ’93, ’92 y ’91, y a esas generaciones nunca las entrené. Ya estaban cuando llegué.

¿De quién es la responsabilidad de que hoy no haya más jugadores en el plantel?

De otras personas. Yo sólo me hago cargo de las categorías 94 y 95, de las que ya hay jugadores en el plantel con contrato. Te hablo de Ariel Martínez, Ariel Páez, Francisco Lara, del arquero Pablo Soto, Carlos Contreras… De Daniel Malhue, de la generación 94. Darán que hablar, acuérdate. Hay mucha desinformación e injusticia. Cuando estos jugadores que yo formé estén en el primer equipo en dos años más, se llevará las flores un nuevo técnico. Dirán “¡qué trabajo hizo Tocalli, Perico de los Palotes o no sé quién!” No soy arrogante y digo que Valdivia, Fierro o Vidal fueron formados por mí; yo estaba en inferiores cuando ellos debutaron en Primera. Sólo los dirigí un año en la etapa terminal… No sé si me entiendes la dinámica.

¿Quiénes se pueden adjudicar el honor de haber formado a las más destacadas figuras albas de la última década?

El único único que se puede vanagloriar y decir que Arturo Vidal, Jorge Valdivia y  todos esos jugadores destacados fueron formados por él, es el Chano Garrido. Él participó en su captación y desarrollo. En todo… Disculpa, Mario, me estoy yendo a otros temas que son más contingentes. Lo que nos convoca hoy es la historia, el título del ’91. Nos juntamos para eso. Pero es para que entiendan un poco más. Hay tipos que jamás vi en nuestros trabajos en Macul y tiran cada cosa al voleo, dan responsabilidad a gente que no corresponde. Yo no me alejo de las razones y no puedo decir que Bryan Rabello es un producto mío. Lo recibí a los 12 ó 13 años y después, hasta los 17, tuvo otros entrenadores y preparadores físicos que le enseñaron cosas. Es un tema largo, en Chile estamos muy mal informados.

¿Dolido, sorprendido…? 

No. Es algo que entiendo porque este año cumplo treinta ligado al fútbol profesional. He vivido y conocido de todo, más alegrías que penas, gente y situaciones maravillosas que jamás pensé vivir. Menos por la situación personal mía, provengo de una familia muy sencilla y humilde, con un papá que trabajaba en la construcción y mi mamá entre el aseo y manipulando alimentos. Además, no era un dotado en los estudios. Jamás se me pasó por la cabeza dirigir al club más popular de Chile, no puedo estar dolido. A Colo Colo, nada que reprocharle. Sí de repente te creas expectativas con las personas, eso es decepcionante. Con personas que crees que te pueden dar más apoyo y sustento por tu capacidad.

Te refieres a Juan Gutiérrez…

Cuando hablo de decepción, es por Juan. Con él  trabajé en cadetes, juntos advertíamos con una mirada muy parecida lo que ocurría en el plantel. De que permanentemente traían técnicos extranjeros que no funcionaban, que no les daban oportunidades a nuestros niños. Criticamos ese sistema, y cuando él se encuentra como gerente deportivo y yo como entrenador, se olvida de lo que fue. No me prestó el apoyo que necesitaba, no me dio la posibilidad de dirigir el primer equipo con armas. Cuando lo hice, fui a la guerra, no partí de cero en las tres oportunidades. Fue con el campeonato en marcha. No estoy decepcionado con el club, sino con la persona que tenía que decidir. Esa persona era Juan, para eso lo trajeron, no tenía que decidir ni Vial ni Levy ni nadie. Si el directorio dice que me vaya, entiendo, pero quien determinó fue Juan.

La Roja y la CIUDAD DEL DEPORTE

Tu pronóstico de la Selección con Jorge Sampaoli al mando, restando siete jornadas para lograr un cupo para Brasil…

Tenemos generación para optar a un cupo al Mundial, de todas maneras, pero con todo lo que ha pasado se generan dudas y desconfianza. Vamos a ver si el equipo se adecua rápidamente a lo que quiere Sampaoli. La mayoría de los jugadores tuvo un proceso con Bielsa con un estilo de juego más o menos similar. No debería costarles tanto, va a pasar por un tema de actitud del plantel, porque el esquema, sistema, la forma y fondo lo conocen. No es algo nuevo, ya tienen internalizada la intensidad y lo que te dije.

¿Cuál es tu visión general de la CIUDAD DEL DEPORTE?

Viña es un balneario espectacular, limpio, bonito, con un tremendo atractivo turístico. Algo histórico. Es tranquilo, gratísimo para trabajar. La alcaldesa Virginia Reginato es muy cercana, está siempre ligada al deporte, se ve muy interesada en él… Con Elton John se pasó, me parece que es el artista más grande que ha venido al Festival de Viña. Ojalá traiga el próximo año a George Michael y a Jamiroquai, son de mi agrado musical. También me gusta mucho Simply Red, que ya estuvo en el Festival… Me alegro que Everton esté nuevamente en la palestra, en Primera. La ciudad y el club son muy lindos para trabajar y vivir. Gracias a la señora alcaldesa y a Javier Aravena, director de la CASA DEL DEPORTE, por permitirme aclarar cuestiones importantes para mí. Esta es la primera entrevista personal que doy, la prensa inventa o no dice todo claramente. Espero que Católica, uno de mis clubes, ande bien este año por Javier. Parece que le gusta harto el fútbol al hombre por lo que me cuentas (se ríe). Y a ustedes, muchas gracias por el gesto, cariño y reconocimiento. Para mí, valen más que copas, medallas o galvanos.

Lucho Pérez, junto con conseguir copas, medallas y reconocimientos -y el respeto y admiración de hinchas de todos los colores, lo más valioso para él- le ganó a la vida. Con su talento, dejó atrás carencias y un futuro incierto. Y con dos goles vitales en apenas cinco minutos, ingresó a ese firmamento albo en el que fulguran David, Chamaco y Caszely. Otra deuda que salda la CASA DEL DEPORTE de Viña del Mar: ya estuvo con Leonel Sánchez e Iván Zamorano; imposible con Eladio Rojas, quien partió en 1991, a un mes del estreno de la embestida alba. A 38 días de un viaje que tuvo como meta una Copa que se mira y SE TOCA

Por Mario Ramírez Escudero

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