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VÍCTOR HUGO CASTAÑEDA

Lunes 21 de Enero de 2013
“Pellegrini es el mejor técnico, siempre lo manifesté”
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  • VÍCTOR HUGO CASTAÑEDA

Gratísimo es dialogar con VÍCTOR HUGO CASTAÑEDA VARGAS (6 julio 1962, San Vicente de Tagua Tagua), actual estratego del Everton de la CIUDAD DEL DEPORTE que en su época de futbolista lució una zurda selecta armando el juego de Palestino, Deportes Concepción, Universidad de Chile y el de la Selección. Guapeza, liderazgo, clase y jerarquía internacional exhibió en sus quince años de derrotero profesional este creador que fue determinante en la clasificación de La Roja a Francia ’98. Esférico adherido a su fino botín izquierdo, cabeza siempre erguida y ojos bien abiertos cimentaron un prólogo para sellar innúmeras habilitaciones precisas y preciosas. Pelotazos que inexorablemente sortearon retaguardias rivales para dejar en inmejorable posición a sus compañeros. ¡No sólo a Marcelo Salas! Cúmulos de recursos técnicos –raudales- esgrimió Víctor Hugo en canchas nacionales y sudamericanas con su llamativo trato al balón y con una visión panorámica que sólo poseen los genuinos cracks. En los clubes que defendió -y en La Roja- ratificó su madera de ganador nato. Y neto.

La CASA DEL DEPORTE de Viña del Mar viajó por la bella costanera de la Quinta Región  rumbo al Mantagua Hotel & Village de Concón, cuyo paisaje idílico ha propiciado el concentrado trabajo de Everton previo al campeonato -enésimo experimento- que comienza el 25 de enero. Con José, el solícito chofer municipal que maniobró hasta Mantagua, y Julián, nuestro fotógrafo, llegamos al encuentro pactado con don Víctor Hugo dos días antes. “Víctor, cómo le va. Mario, de la Casa del Deporte, ¿cuándo nos podemos juntar? Venga el jueves a la una de la tarde”, fue su educada respuesta. Sin rodeos ni aspavientos. Encuentro escenificado a la hora del almuerzo, después de la extenuante labor matinal del plantel liderado dentro de la cancha por un deportista ejemplar: Gustavo Dalsasso. E interrumpido en cuatro ocasiones por turistas que solicitaban instantáneas al entrevistado, al hombre que encabezó el retorno de Everton a su sitial natural e histórico. Mantagua, periférica, antítesis del ajetreo estival que colma Viña del Mar como ninguna otra, fue la plaza ideal para la charla con el hombre guapo, temperamental y talentoso. Que, fuera del rectángulo, manifiesta sinceridad, corrección y una filosofía íntegra -la intrínseca metamorfosis de los vencedores-. Altamente grato fue conversar con el otrora volante: me atrajo su discurso frontal, directo, urbano y fluido. Estuve en presencia de un señor, de un tipo educado y con conceptos muy claros. “Nací en el hospital de San Vicente, mis padres son Olga y Hugo. Tengo tres hermanos, en orden cronológico, Jeanette, Cristián y Marco. Soy separado y padre de Nadia (25), Óscar (23), Tania (18) y Vania (13). Acá, vivo en Concón, arriba, en las dunas. Y estudios, tengo enseñanza media técnico profesional”, recuenta el joven ex DT de la “U”, La Serena y de la U de Concepción.

Usted procede de una nutrida familia de futbolistas, ¿no?

Sí, mi papá Hugo y mis tíos Víctor, Rolando y Gerardo jugaron en Palestino. Quien más notoriedad alcanzó fue Gerardo, porque además fue campeón con Colo Colo el ’72 y fue parte del equipo que llegó a la final de la Libertadores un año después. Y está Cristián, mi hermano, que también se formó y debutó en Palestino.

¿En qué año debutó profesionalmente?

El año 82 debuté en Primera División, por Palestino frente a Santiago Morning. Fue en el estadio El Bosque de Aviación, cuando Palestino hacía de local en esa cancha que estaba en la Gran Avenida de Santiago. Y antes, en San Vicente, en el equipo de El Naranjal, a los quince años ya jugaba en primera adulto. Estábamos acostumbrados a ganar, de chico me enseñaron que debíamos ganar.

Algún apodo, Víctor…

La gente de la “U” me decía maestro, la barra cantaba “Olé, olé, olé, maestro, maestro…” Después, en los diarios, un periodista que se las daba de chistoso y que me encontraba lento me puso Victortugo. Hizo un juego de palabras. Lucho Urrutia O’Nell fue (Chomsky, reputado redactor que ha escrito diversos libros con Juan C. Guarello).

Cuando niño, ¿quién le generó inspiración, como qué figura quería jugar? 

Como Manuel Rojas, Rojitas, del Palestino campeón el ’78. También tengo una gran admiración por Óscar Fabbiani, un goleador extraordinario, completo, y por el “Negro Vasco” (Severino Vasconcelos). Jugué con ambos, con Vasco integré el Palestino que dirigió Pellegrini… Maradona por supuesto, jugué dos veces contra él, espectacular. Uno de los que más me deslumbró fue (Emilio) Butragueño, un tipo de una calidad y de una exquisitez técnica extraordinaria, que además era goleador. Lo enfrenté el ’93, por la “U”, cuando jugamos con el Real Madrid en el Estadio Nacional. Y el Beto Alonso, un 10, un zurdo de River Plate muy fino.

Recién mencionó a Pellegrini. El ’90 y ’91 fue dirigido por él en Palestino. Catalogue a don Manuel.

El mejor técnico que he tenido, siempre lo dije. No sólo lo digo ahora porque está donde está. Aquí en Chile han sido muy injustos con Manuel, cuando no salió campeón con Católica la gente se burlaba, se reía de él. Pero no le dio importancia, tiene equilibrio y un gran nivel intelectual y profesional. Tuvo la mala suerte el ‘94 y ’95 de encontrarse con la “U” que fue campeona… Es el mejor, siempre lo manifesté.

La Copa Libertadores del ’96 debe estar dentro de sus mejores recuerdos. Y peores asimismo. La “U”, víctima de un robo monumental, quedó eliminada en semifinales. Aún los hinchas azules la sufren.

Un robo monumental, tú lo dijiste, y fue en el Monumental de River. Hicimos una campaña notable, eliminamos a equipos muy fuertes y sabíamos que el juego con River era una final anticipada. El que pasaba era campeón. Y por esas cosas de la Copa Libertadores que todavía se manejan, nos tocó un árbitro (Alfredo Rodas, ecuatoriano) que fue el único que no vio el tremendo penal que le hicieron a Esteban Valencia. Hasta los relatores argentinos, que son muy localistas, reconocieron el robo. (Marcelo) Araujo y (Enrique) Macaya trataron pésimo al juez. Y a mí me tocó el doping con el Leo Rodríguez, nos tuvieron más de dos horas para poder orinar y, curiosamente, no había ningún argentino. Pregunté a quién le tocó y a qué hora llegan, me dijeron Hernán Crespo y (Ariel) Ortega y que ya habían orinado. Ortega había salido acalambrado, deshidratado. ¿Quién orinó por ellos? ¡Nunca los vimos! En veinte minutos ellos estaban listos. Muy misterioso (ríe Víctor).

En 1997, en las postrimerías de los torneos atractivos en nuestro país, y con estadios llenos, tuvo un mentado duelo con Marcelo Espina. Un capítulo inédito e inolvidable…

Jugamos harto con Colo Colo ese año en diferentes torneos. Eran dos equipos muy buenos, Espina había hecho un gol el ’96 y se había burlado de nuestra gente cuando puso la camiseta sobre el banderín. El ’97 se dio la revancha. Faltaban diez minutos para terminar, hubo un penal para nosotros, Rodrigo Barrera me pasa la pelota y me dice: “Viejo, si lo haces nos metemos en la pelea por el campeonato”. Fue en el arco sur, no era fácil, le pegué cruzado y “Rambo” (Marcelo Ramírez) fue para el otro lado. Lo único que se me ocurrió fue tomar el banderín, poner la camiseta arriba y lavar la afrenta que habíamos sufrido. Y nos empataron a uno con un tiro libre muy polémico, después que empujaron a Sergio (Vargas) a la salida del área… Inédito, nunca se vio en Chile, esos partidos eran a muerte.

¿Se molesta porque siempre le recuerdan su pase a Salas para que anotara vs. Uruguay en la Eliminatoria de Francia? Usted habilitó en múltiples ocasiones.

No me molesta, pero siempre recuerdan sólo ese pase y tuve la suerte de hacer muchos tan precisos e importantes como ese. Ahora para el partido de la Selección con Uruguay por la Eliminatoria, seguramente me van a llamar los canales y radios para preguntarme por el tema. Habitualmente me llaman cuando enfrentamos a los uruguayos… Siempre cuento una anécdota que me pasó en Linares una vez que fui a un amistoso dirigiendo a La Serena. Había un tipo muerto de curado, estaba revolcado, sucio, se me acercó y me dijo: “¡Víctor Hugo, el pase a Salas!”

¿Por qué no prolongó su carrera para tener la posibilidad de haber ido al Mundial del ‘98?

Me retiré el ’97, ya estaba cansado y me había quedado preso de mis palabras: había dicho un año antes que si Chile clasificaba a Francia no iba, a pesar de que jugué la gran mayoría de los partidos de la Eliminatoria. Tenía decidido retirarme de antes. Trato de ser lo más consecuente posible, y me quedé casado de esas palabras (…).

¿Se arrepiente…?

Un poco, claro. Nadie me garantizó que me citarían, pero igual fui. No como jugador, sino como integrante del cuerpo técnico junto a Nelson Acosta y Gustavo Huerta. Viví una gran experiencia recién retirado, ir a un Mundial es algo que no tiene precio. Ya no podía entrenar como me gustaba, estaba con muchos dolores, los últimos años recién el día miércoles aparecía en la cancha porque andaba con los talones de Aquiles para la miseria. Los miércoles y jueves entrenaba un poco con balón y el sábado me ponía al arco.

LA SELECCIÓN RUMBO A BRASIL

Usted dijo que fue humillante como echaron a Claudio Borghi…

No sé si dije humillante precisamente, no creo que haya empleado esa palabra, pero lo que sí me parece es que fue muy poco adecuada la forma. Falto de respeto, fue en el mismo camarín. Hay un protocolo que seguir, un puesto de tan alta investidura como el de técnico nacional hay que respetarlo.

¿Actuó mal Borghi? ¿Careció de un certero manejo?

Él tiene el manejo que tiene nomás. Su estilo lo llevó a tener mucho éxito en Colo Colo casi con los mismos jugadores. Creo que el problema de Borghi estuvo en que los niñitos, o los niños que él conocía, que le dieron éxitos en Colo Colo y que eran todos pendejos, Matías, Vidal, Sánchez, ya no eran tan niñitos. Y son millonarios en dólares, entonces, ya no se les puede tratar de la misma forma que antes. Ya no tenía la misma influencia sobre ellos que cuando estaban en Colo Colo.

¿Considera acertada la designación de Sampaoli para dirigir La Roja?    

Es el técnico que mejor rendimiento ha tenido en el último tiempo, hay algo que se le reconoce y respeta. Pero cuando llegó a la “U” tuvo muchas dificultades. Él, convencido con lo que iba a hacer, sacó a jugadores emblemáticos del primer equipo. Nadie se atrevía. Lo hizo y eso se respeta. Sacó al (Rafael) Flaco Olarra, Manuel Iturra, Miguel Pinto y a Rivarola dijo que lo iba a mandar a la banca.

¿Va Chile a Brasil?

Espero que sí, es lo que deseamos todos. Ojalá que los jugadores hayan recibido bien al técnico, eso es fundamental. Material humano hay. Debiéramos llegar a Brasil, quedan siete partidos. Vamos a ver cómo funciona el camarín con la llegada del nuevo técnico.

VÍCTOR HUGO EN EVERTON

¿Dificulta asumir un equipo que usted no formó, dirigir algunos jugadores desconocidos y que no son de su agrado?

Por un lado no es fácil, por el otro se renuevan las expectativas y desafíos, entonces todos los jugadores parten de cero. Cuando se provoca el cambio no es porque el equipo anda bien, llegué a Everton en un momento más bien complicado, se iba un técnico, llegaba otro; eso altera a cualquier futbolista. Era un lindo reto, uno es profesional, el objetivo era que el club volviera a Primera. Y lo hicimos claramente en Concepción.

El juego decisivo frente a la U de Concepción, ¿fue el mejor partido que hicieron sus pupilos? Fue un triunfo dogmático que dio inmenso regocijo a la CIUDAD DEL DEPORTE. Y con sendos golazos…

Por la importancia y trascendencia, sí. Al equipo le costaba manejarse bajo presión pero ese día jugó muy bien. Estaban muy tranquilos los jugadores ante la U de Conce, los vi confiados. Yo estaba convencido que subíamos, le dije a Toño (Bloise) que acá en Viña teníamos que no perder. Y sí, los tres goles fueron muy buenos, los de “Ribery” (José Luis Muñoz) y el de Jonathan Suazo. Se nos dio todo, Gabriel Vargas perdió un penal a los diez minutos cuando estábamos a cero.

¿Conforme con el trabajo y con la respuesta del plantel acá en Mantagua?

Han trabajado bastante bien, duro, en la arena; esta etapa es difícil para los jugadores. Es ardua y exigente, tienen que llegar en buenas condiciones al campeonato. Necesitamos dos refuerzos más, presencia en las áreas. Nos falta un defensa central y un centrodelantero. Y nos mataron con el fixture, no fue muy favorable, debutamos con Ñublense en Chillán. Tenemos que andar bien, es un campeonato corto, sólo 17 fechas.

¿Le gusta el nuevo campeonato de una sola rueda y sin playoffs?

Me gustan los torneos largos, el tradicional, el que juegan en Europa y en todo el mundo. Excepto nosotros. Vivimos copiando, esto salió de una mala copia del torneo mexicano, del argentino también. Deben ser de dos ruedas todos contra todos, por puntos. Es lo más justo. Ahora se premian mucho las rachas. Huachipato salió campeón pero en el año clasificaron en el último partido de la fase regular, lo mismo la Unión. ¡Cuáles, dónde están los méritos de un año entero!

¿Qué estadio le agrada más para jugar de local mientras Sausalito se reconstruye?

La verdad, a mí me da lo mismo. Yo quiero que los jugadores se sientan cómodos, ellos van a jugar. Lo importante es que se sientan bien en el estadio, que lo llenen. Y ellos decidieron Quillota, ése es el que más les gusta.

Deme su opinión de Antonio Bloise Ramos, “El Único”…

(Ríe) Bloise es un tipo de fútbol que casi nació dentro de un camarín por su padre (Antonio Bloise Cotroneo, nombre perpetuado en el Salón VIP de Sausalito), que también fue presidente del club. Sabe muy bien cómo se maneja este circo y cómo se dirige una institución deportiva. Es casi como hablar con un futbolista, es exitoso, un dirigente hincha de su club. Bajo su mandato Everton logró el título del 2008 después de muchos años, estuvo en la Libertadores, y ahora se fue como ganador que es: dejándolo en Primera. Fue presidente por su capacidad, nadie lo puso ahí. Es un gran tipo Toño.

De Juan Pablo Salgado, el nuevo presidente…

Juan Pablo es un evertoniano de corazón que está cumpliendo su sueño. Puede hacer muchas cosas, es joven, ojalá se lo permitan. No es fácil pasar de gerente a ser presidente de un club grande y con historia que representa a una ciudad tan importante como Viña. Ojalá tenga las facultades para tomar decisiones y no pasar por el tema de que todo tiene que ser aprobado por un directorio. El fútbol es muy dinámico para que todo sea aprobado por un grupo de dirigentes.

VIÑA, CIUDAD SOÑADA. ¡Y DEL DEPORTE!

¿Qué sabe del deporte de Viña, de la alcaldesa Virginia  Reginato…?

Sé que es la CIUDAD DEL DEPORTE. Es cosa de ver el borde costero, la Playa del Deporte en Las Salinas, todas las escuelas de fútbol que hay. Se ha hecho un estupendo trabajo en los cerros con los niños de menores recursos. Doña Virginia lo ha hecho excelente, llevándole y dándole acceso al deporte a tanta gente que nunca pensó en tener las condiciones para desarrollarlo. Todo está muy bien coordinado por Javier Aravena, el director de la Casa del Deporte, quien está muy comprometido con el deporte amateur y formativo de Viña. Él maneja todo, refleja un gran trabajo que está a la vista.

¿Qué le dice a los deportistas viñamarinos, a los niños fundamentalmente? Su arenga es significativa.  

Que hagan deporte, obviamente, algo trascendental. Que se acerquen al fútbol sobre todo, mi deporte. A la Casa del Deporte, ahí encontrarán innumerables posibilidades. No todos van a ser grandes jugadores de fútbol profesional, como Salas, Zamorano, Sánchez, pero el fútbol te da mucho trabajo en equipo. Además, mucha amistad, compañerismo y te aleja de los malos hábitos. Es muy importante el deporte, evita la vida sedentaria, da disciplina y buena conducta. En eso son vitales los profesores.

Palabra de maestro. De Castañeda, Víctor Hugo, el generador que adornó coliseos con su depurado pie izquierdo. Con el de los grandes: Rojitas, Alonso, Maradona, Messi, Puskas, Rivelino, Pezzey, Rivaldo, Leonel, Salas, Sierra, Riveros… Palabra de un conversador placentero, de un adiestrador joven y profesional que, de paso, por su probidad y equilibrio, no repudia en su plantel a deportistas que llevan por nombre Robert, Ian, John o Paul. Ni en los aspectos de éstos. ¡Qué importa si un gol decisivo o una atajada portentosa los comete George Pérez u Ozzy Ramírez! La codiciada pelotita y la conjunción jugar bien con llegar al arco rival, perforándolo, es el blanco de “Víctor H”. Un dirigido por la doctrina de Pellegrini -lo mejor de lo nuestro junto con Fernando Riera- debiera cumplir una próspera campaña con el centenario Everton que ha vuelto a Primera. A lo suyo. A no mediar que sus pupilos no estén certeros en la valla de enfrente, como ocurrió en el último encuentro oficial en Sausalito (18 de noviembre) cuando, tras cuatro yerros a escasos metros de la portería, el DT me exclamó: “¡Y qué quiere, si yo no me pierdo los goles!” Desde fuera se ve fácil -mucho más detrás de un micrófono-, comentar no cuesta nada. E injuriar gratuitamente tampoco. “Otra cosa es con guitarra”, dicen quienes recuerdan un estrepitoso fracaso en Temuco. De paso…

Esto, Castañeda, Everton y la “Roja”, mientras Viña se sacude y engalana con una visita soñada, Rafael Nadal -raqueta zurda-. Soñada como la CIUDAD DEL DEPORTE.

Por Mario Ramírez Escudero

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