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GUILLERMO “CHICOMITO” MARTÍNEZ

Lunes 26 de Septiembre de 2011
“HAY UN CAMBIO TOTAL EN VIÑA, EN TODOS LOS CERROS SE VEN GIMNASIOS Y CANCHAS. OJALÁ LA ALCALDESA ESTÉ CUATRO AÑOS MÁS, Y MÁS TIEMPO, PARA QUE VIÑA SIGA TIRANDO ‘PA’ RRIBA”
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  • GUILLERMO “CHICOMITO” MARTÍNEZ

En los últimos días de 1975, Everton de Viña del Mar estremecía el mercado futbolístico nacional al configurar un equipo soñado, plagado de acreditadas figuras de la época. Un grupo de directivos comandado por Antonio Martínez Ruiz, concesionario del Casino Municipal de la Ciudad Jardín, gestionó la contratación de Leopoldo Vallejos, Mario Galindo, del uruguayo Ángel Pocho Brunell, Mario Maestrito Salinas, Américo Jorge Spedaletti y de José Luis Ceballos, animador del torneo de 1976, alero zurdo que entregó deslumbrantes presentaciones al respetable de Viña y de todas las canchas del país. Futbolistas descollantes que, sumados al Negro Sergio Ahumada, quien arribó desde México a mitad de temporada, y a los Azócar, Núñez, López, Charola González y Cáceres, revolucionaron y atiborraron el Estadio Sausalito cada quince días, sellando récords de concurrencia inigualados. La cabina técnica fue cedida al correcto estratego Pedro Morales Díaz, campeón dos años antes con Huachipato, incorporándose igualmente un personaje que con su polivalencia y carisma especiales llenaba cualquier vestuario, hotel, autobús y avión: el paramédico Hernán Chamullo Ampuero. Entonces, una constelación descendía a Viña. No, imposible. No me olvido amigo lector de la CASA DEL DEPORTE de Viña del Mar de una pieza clave de ese cuadro imborrable. De GUILLERMO ANTONIO MARTÍNEZ FERNÁNDEZ, de “Chicomito” Martínez, del “Pie de Raso Oro y Cielo”, símbolo, capitán y generador del más excelso balompié que haya exhibido la enseña ruletera, junto al de los intérpretes de 1950 y 1952, liderados por René Orlando Meléndez Brito -el viñamarino no lo puede mencionar incompleto, es casi un agravio-, la gloria mayor de la principal tienda profesional de la Ciudad Soñada, de la CIUDAD DEL DEPORTE.

Con ustedes, Chicomito Martínez, el viñamarino que vio la luz el 22 de junio de 1947 en la vivienda número 2038 de la Calle 24 Norte de Santa Inés, y que nos cedió la presente los primeros días de septiembre, a ochenta metros de esta Casa del Deporte, en 5 Norte con 5 Oriente:

Antes de ir al balón, ¿quién lo apodó Chicomito?

Fue en mi barrio, en las pichangas de Santa Inés, donde también nacieron grandes jugadores como Armando Tobar, Moisés Silva, el Pelusa (Augusto) Arenas, el arquero Juan Olivares… Me decían así porque no crecía y a los catorce años pegué el estirón.

Su familia la componen…

Mi señora es Verónica Iturra Estay, también criada en Santa Inés, y mis hijos son Guillermo, de 41 años, y Karina, de 39. Ella vive en Suiza. Nietos tengo tres. Franco, que tiene 16 años, Rafaela, 5, y Constanza, que recién cumplió cinco meses… Mis padres, ya fallecidos, eran Matilde Fernández Valdés y Manuel Martínez Garrido, y fui el octavo de doce hijos.

¿Cómo llegó a Everton?

Yo jugaba en el Club Peñarol de Santa Inés, donde me vio Daniel Torres, entrenador del primer equipo de Everton que me llevó a Sausalito a los 18 años. Daniel fue defensa del Everton campeón en 1950 y 1952. Y el año ’66 debuté en Primera División.

¿Defendió a otro club?

El ’81 estuve cuatro meses en Wanderers, año en que Everton formó un muy buen equipo pero descendió. Después me llamó Ricardo Contreras, técnico de Everton el ’82, y volvimos a Primera. Los dejé arriba (ríe Chicomito) y me retiré.

¿Qué hizo después del retiro?

Estuve 27 años en el casino (Municipal de Viña del Mar), hasta marzo de este año. Fui chofer y trabajé en el Departamento de Electricidad. Antonio Martínez, el padre, el presidente de Everton el ’76, me dio la pega.

¿Qué diferencias advierte entre el juego de su época con el de hoy?

Antes era más lento y mucho más técnico, más grato para la vista. Ahora es físico, más atlético. El Barcelona, por ejemplo, no es rápido; toca y toca, y de repente aparece la rapidez de Messi y su explosión. Ahí matan. No les quitan la pelota, difícil. España igual, toca mucho, no es tan rápida y es la campeona del mundo. 

Ya no se ve el arte de Chamaco Valdés, Carlos Rivas, Manuel Rojas, del Coto Sierra… El suyo. Sólo quedan el Mago Valdivia y Jaime Riveros, que habilitan “con lienza” desde 30 ó 50 metros.

No, son muy pocos los jugadores de ese tipo, casi no quedan. Ahora todos corren, hay poca velocidad mental, yo tenía eso y no trasladaba el balón, para qué… Tienes razón, Valdivia y Riveros, que tiene más de cuarenta años, son de los pocos que van quedando, da gusto verlos.

Una pregunta recurrente a quienes han visto harto fútbol: ¿El mejor jugador chileno de la historia y del presente?

El “Viejo” Elías (Figueroa, quién otro). Si jugó con los mejores en Brasil, con los campeones de México ’70. Chamaco y  Caszely, grandes jugadores, y mi ídolo, René Meléndez… René Orlando Meléndez Brito. Todos en Viña lo llamamos así, con los cuatro nombres. Y de los de ahora, Alexis Sánchez. Es tranquilo y caballero también.

Otra, ¿los mejores del mundo?

Pelé, un ejemplo. Maradona pudo haber sido el mejor, pero tuvo los problemas que todos sabemos. Y de este momento no hay dudas, Messi. Es extraordinario y sencillo, eso es lo mejor.

En noviembre de 1976 jugó sus dos partidos más importantes, las finales extraordinarias con Unión Española. Se repetía la final extra de 1950, que la ganó Everton 1-0 con gol de René Meléndez…

Jugamos dos partidos porque empatamos en puntaje en el campeonato (al cabo de 34 fechas igualaron a 53 puntos). La primera la empatamos a 0 (jueves 25) y desempatamos dos días después. En la segunda entré cuando faltaban unos quince minutos, ganábamos 2-1 y faltaba el gol de la tranquilidad. Y en el último minuto le di el pase a Ceballos, hizo el gol y chao. Ganamos 3-1.

Unión también tenía un gran equipo: Mario Soto, Leonel Herrera, Yeyo Inostroza, Miguel Neira, el Tano Novello, el Pollo Véliz… Y a un entrenador astuto y ladino, Luis Santibáñez. Y muy locuaz.

Sí, casi todos ellos eran seleccionados y tenían un plantel numeroso y con experiencia, no sólo once jugadores. Fueron campeones el ’73 y ’75. Fue un lindo campeonato, con muchos jugadores buenos, extranjeros de gran nivel, estadios llenos, hartos equipos competitivos… Y, como fuimos campeones, al año siguiente jugamos la Copa Libertadores por primera vez.

Martínez, evertoniano hasta la médula que actuó en 30 de los 34 partidos de 1976, sin considerar los dos decisivos con Unión, asevera que las asistencias a Sausalito en esa temporada “no se han visto más” y que “en 24 encuentros jugué los 90 minutos”. 243.700 aficionados alentaron a Everton ese año como anfitrión, con un promedio superior a los catorce mil hinchas por compromiso. El ex mediocampista evoca que “nuestro líder en la cancha era el Loco Vallejos” y que “cuando yo no entraba jugando, el capitán era el Gato Salinas, Maestrito“. Asimismo rememora: “Don Pedro Morales, nuestro técnico, era muy caballero, jamás lo oí decir ni un solo garabato. Un señor y maestro, don Pedro; un ejemplo”. De la gran final, reitera y narra más acabadamente: “El 1-0 lo anotó el Negro Ahumada (en “su” arco, el sur, a los 44′), después, de tiro libre, Salinas puso el 2-0 (58′). Ahí entré por Carlos Cáceres (63′) para tener más la pelota con Galindo, Salinas, Ahumada, Spedaletti, Ceballos… Luis Miranda descontó de penal (66′) y, cuando ya había antorchas, Ceballos hizo el 3-1 y el partido se acabó. Fue una gran felicidad si siempre he sido evertoniano y de Viña. Ahora vivo en Miraflores Alto, en la calle El Manzano. Nací y estudié acá, en la Escuela 75 de calle 10 Norte, en ella terminé sexto año de humanidades, lo que ahora es salir de cuarto medio”. Alude con particular añoranza otra jornada inolvidable para él y para los adeptos auriazules, lo que fue un festival de fútbol y goles en el Sausalito de la Ciudad del Deporte: “En el verano del ’77 (jueves 3 de febrero) le ganamos 6-2 a River Plate con todas sus figuras, Fillol, Perfumo, Mostaza Merlo, JJ López, Sabella (actual seleccionador argentino)… El entrenador era Ángel Labruna (padre de Omar, actual DT de Audax). Les ganamos con cuatro goles de Ceballos, uno de Spedaletti y otro de Erasmo Zúñiga. Sí, ‘se equivocó Zúñiga ese día, le hizo un golazo al Pato Fillol’. Y te decía, el mismo año jugamos nuestra primera Copa Libertadores. Le ganamos a la U 2-0 en el debut e hicimos una buena campaña, contra Olimpia y Libertad de Paraguay, a pesar de no pasar a la segunda fase”. 

Califique al actual Everton. ¿Vuelve o no?

No es un equipo seguro, es irregular, con más bajos que altos. Este año no creo que vuelva a Primera. Si se queda el Fantasma Figueroa y él arma el equipo, ahí sí puede ser. Está trabajando con un plantel que él no eligió, así es difícil.

Su mejor gol…

El año 75 en Sausalito le hice tres a Santiago Morning, a un arquero argentino, (Hugo) Trucchia. Perdíamos 3-1 con goles del Pelusa (Víctor) Pizarro. “Ahí te tengo un Pelusa, Chicomito”, me gritaba un hincha de ellos. Al final, ganamos 4-3 con mis tres goles… Me preguntas por el rival más complicado. Sergio Messen, de Católica, Colo Colo y Palestino. Era muy fregado, buen jugador sí. Nos pegábamos y “hablábamos” harto y al final salíamos bien amigos. Con el Queco Messen fuimos compañeros en la Selección que se preparaba para las Eliminatorias del Mundial del ’78, de Argentina.

Algo de Manuel Pellegrini recordó…  

Sí (ríe Guillermo). Cuando jugábamos contra Pellegrini, él por la U, yo le decía a algún compañero: “Hazle una finta a este si es muy chuzo, es tieso”. Son cosas que pasan en la cancha, termina el partido y te das la mano. Es muy caballero él.

Respecto de entrenadores, ¿quién le gusta más, Bielsa o Borghi? ¿O Pellegrini?

Bielsa debió haber seguido, con él no jugaríamos a lo Locutín (Luis) Santibáñez, aunque Borghi también es ofensivo. Hicieron un gran primer tiempo frente a España hace poco. Bielsa cambió nuestro fútbol, es muy profesional y sacó a jugadores jóvenes que no conocía nadie. Y Pellegrini es capaz, ha hecho grandes campañas donde ha estado, fue campeón en Argentina donde no es fácil.      

¿Cómo ve Viña, advierte cambios en su ciudad?

Hay un cambio total en Viña, en todos los cerros se ven gimnasios y canchas. Eso nunca se vio en Viña. Se nota el trabajo y esfuerzo de la alcaldesa Reginato y de la Casa del Deporte, que se mueve harto, hace muchas cosas para los niños. Y no sólo en deportes se ven cambios, también en otras cosas importantes. Ojalá la alcaldesa Reginato esté cuatro años más, y más tiempo, para que Viña siga tirando “pa’ rriba”.  

Sábado 27 de noviembre de 1976, Unión atacaba con furia roja en procura del empate a dos. Chicomito Martínez, que había sustituido a los 63 minutos a Carlos Cáceres, acaricia un balón cerebralmente que recorre cuarenta metros para dejar solo a un destinatario infalible, el cordobés Ceballos, quien vence al Loco Enrique Enoch a los 90 minutos en el pórtico norte. Un estiletazo de Chicomito para rubricar una corona que no lucía en Viana 161 desde hace 24 años. Eran las 21.56 horas y Viña ya era carnaval, donde, como en el Nacional, se encendían miles de antorchas que vitoreaban al flamante campeón. Final feliz para un equipo estelar, que en el camarín norte de Ñuñoa coreó exultante y estridentemente: “Aplaudan, aplaudan, no dejen de aplaudir, llegaron los de Viña y se van a divertir… Aplaudan, aplaudan…” 

Por Mario Ramírez Escudero

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