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JOSÉ TOMÁS ALLENDE

Lunes 28 de Febrero de 2011
“Nací en Viña del Mar y mi máxima gloria se triple coronó en Viña”
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  • JOSÉ TOMÁS ALLENDE

JOSÉ TOMÁS ALLENDE: “Nací en Viña del Mar y mi máxima gloria se triple coronó en Viña” En la CIUDAD DEL DEPORTE, Viña del Mar, un caballo excepcional, un jinete privilegiado y dos hombres pasaron a la historia grande de la hípica nacional. Con mayúsculas. Wolf, un mulato irrepetible, Luis Muñoz Ibáñez, jockey de excelencia y don Alberto Allende Urrutia, amo del equino, lograron el domingo 3 de febrero de 1991, en el Valparaíso Sporting Club de Viña del Mar, lo que ningún cuarteto había alcanzado desde que en el siglo XIX comenzaron las carreras en los hipódromos nacionales. ¿Dije cuarteto? Sí, porque había un “cuarto fabuloso” (“The Fab Four”): José Tomás Allende Fernández, preparador de Wolf, vital en el superlativo rendimiento del crack que ese día conquistó la Triple Corona Nacional, consagrándose como el primer y exclusivo corcel que se ha impuesto en los tres principales escenarios del turf criollo. Prólogo, en 1966, fue el último que se había adjudicado la preciada marca –ganar las tres citas-, empero, en dos coliseos. Hizo suyo El Ensayo en el Club Hípico de Santiago, y El Derby y el Saint Leger en la Av. Los Castaños de la “Ciudad Soñada” (El St. Leger se celebró en Viña del Mar desde 1886 y a contar de 1968 se disputa en el Hipódromo Chile). Una vez más la CASA DEL DEPORTE de Viña del Mar viajó a Santiago para entrevistar a otra figura, en esta ocasión a una enorme del Deporte de Reyes. José Tomás Allende, el “Chicho” Allende, nacido en Viña del Mar el 31 de enero de 1961, hijo de Margarita y Alberto, hermano de Macarena, Francisca, Margarita y de Alberto -de entre 51 y 44 años de edad-, casado con Annamaría Grazia Conte Nadeau, con quien es padre de José Ignacio (21) y de Tomás (18), inicia un diálogo abierto, veraz y muy ameno expresando: “Nací en Viña, en la Clínica Miraflores, como a las seis de la mañana según mi madre. Ella es de Santiago y mi padre de Concepción… Me adelanté, mis papás estaban de vacaciones en Viña, debí haber nacido en Santiago”. Amigo de Marcelo Bielsa Caldera, geógrafo de la “UC” y preparador desde 1987, nos recibe en su cómoda oficina ubicada en calle Club Hípico 1717, en el sector oriente del colosal recinto homónimo; en su escritorio rodeado de trofeos, reconocimientos, pergaminos, de unas tres fotografías con el ex DT de la selección nacional de fútbol y, cómo no, de numerosas de su astro Wolf. Fuera, a pocos metros, corrales con hermosos caballos completan un cuadro apacible que invita a dar oídos a un entrevistado solícito, a un conversador empedernido que emite pasión e intensidad cuando habla, con la misma celeridad de Wolf. Se entusiasma y alegra con la presencia de la Casa del Deporte, tratando tópicos apasionantes, deportivos. Es que se trata de su dilecto Wolf, de su máxima gloria. Son las 13.15 horas de un lunes de febrero, mes de El Derby, jornada de competencias desde las 14.30 en el reducto de El Ensayo. Hay poco tiempo, lamentablemente: es un deleite oír a Allende Fernández, un hombre extravertido, muy alegre, un verdadero “loco lindo”. Antes de ir a lo suyo, José Tomás, a Wolf, a El Derby viñamarino, a la carrera de ensueño de Wolf-Memo en el St. Leger de 1990… lo notamos desencantado con lo de Bielsa. Usted es muy futbolizado. Sí, no entiendo cómo los dirigentes del fútbol dejan partir a un estupendo entrenador como Bielsa, un gran tipo además. No sé, el día que el deporte nacional deje el chaqueteo y la mediocridad, entonces seremos buenos. Dejamos partir a Bielsa, ¡increíble! Soy futbolizado pero no soy hincha de ningún club. ¿Conoció bien al técnico rosarino? Marcelo vino acá a la oficina, al club (Hípico), y también estuve con él en Juan Pinto Durán. Es una gran persona, sencilla, muy valiosa. Muy mal los dirigentes, sin comentario. Es lo que siento ahora, me duele lo de Bielsa. Me llaman para burlarse, me dicen “se te fue el amigo”… A Harold (Mayne-Nicholls) lo estimo mucho, hablando de dirigentes. Es un amigo entrañable. Mira, me mandó un mensaje (me muestra su celular). ¿Se despidió del estratego que dirigió a Luka Tudor en Newell’s Old Boys, en 1992? Te cuento una anécdota… Me llamó cuando se iba, yo estaba en el Hotel O’Higgins de Viña y me dijo: “Chicho, anote mi teléfono de Rosario (Argentina)”. Y como soy desordenado, no tenía lápiz ni papel. ¿Sabes qué hice? Tomé un tenedor y traté de anotar en un mantel o algo parecido. “Usted es muy raro”, me dijo. Y quién me lo dijo (reímos enérgicamente). Es muy educado Bielsa. Mencionó a Mayne-Nicholls, ¿por qué lo conoce? Fuimos compañeros en el colegio Saint George, acá en Santiago, soy amigo personal de él. Con Antonio Martínez, concesionario del Casino Municipal de Viña y dirigente de Everton, también fui compañero en el mismo colegio. Creamos el club Dragones de la Liga Bilbao-Holanda, yo jugaba de “9” u “11”. Lo creamos también con Alejandro “Yuri” Santelices, otro compañero, el que descubrió a Kike Morandé y lo llevó a la televisión…Sí, Luka Tudor también estudió ahí, pero después, él es más joven que nosotros. ¿Antonio Bloise (presidente de Everton SA)? No, no lo conozco. Wolf, su mayor tesoro, ¿cuándo y dónde nació? El 4 de abril de 1988, en Los Angeles, Octava Región, en el haras de mi padre, el Haras Santa Amelia. Era hijo de Domineau, macho, y de Luna Fría. ¿Era suyo, de su padre? ¿Quién le puso Wolf y por qué? Era su caballo regalón, ¿no? Sí, era mi regalón, era de mi padre y yo lo bauticé Wolf. No, no fue por “Quique” Wolff, ex futbolista argentino, fue por un belga de los ’80 y ’90, Michel De Wolf, un defensa que jugó los mundiales del ’86, ’90 y ’94. Notable época belga en el fútbol esa con los arqueros Jean Marie Pfaff y Michel Preud’homme, con Enzo Scifo, Eric Gerets, Leo Clijsters, padre de Kim, la tenista que ganó hace poco el Abierto de Australia… Pero lo nombró Wolf, ¿por qué no le antepuso el De? Tenía varios caballos con nombres de futbolistas belgas… Bueno, el reglamento de nuestra hípica en ese tiempo no permitía poner artículo a los nombres de los caballos, debían llevar una sola palabra. Qué sé yo, si le ponía “El Chacal” a uno no se podía, debía llamarse Chacal simplemente. Ahora sí se puede. ¿Si era mulato? Sí, sin ninguna mancha blanca, ahí lo ves (indica varios retratos con su ilustre y fina estampa). Wolf compitió muy poco en Chile, ¿cuántas carreras disputó? Ocho, y las ganó todas, las que le correspondió correr. En algunas no estuvo, no por lesión, sino porque lo cuidamos del mal estado de la cancha para El Ensayo del ’90. No participó ni en la Polla de Potrillos ni en el Nacional Ricardo Lyon, un clásico del Club Hípico. Corrió sólo las que un crack debe correr… Después de El Derby del ’91, mi papá se lo llevó a competir a Estados Unidos y después a Turquía, donde murió el 2002 a los catorce años. ¿Es el mejor de la historia? Sí, sin ninguna duda, ¡para mí! Con pocos años ganó todas sus carreras y en el St. Leger del ’90, en una pista que no era la suya, demostró su categoría ganándole en una tremenda carrera a Memo, que era casi imposible vencerlo en el Hipódromo Chile. Luis Muñoz, el látigo que montó a su fiel Wolf en sus ocho desafíos, ¿es el mejor jinete? Un genio Luis Muñoz… Es el mejor, para mí. Ahora sigue compitiendo con Madera Castaña especialmente, un gran caballo, una yegua del corral de mi papá. Usted era amigo de Wolf, lo motivaba, había un idilio con él, y había un triunvirato: el caballo, el jinete y usted. ¿Cuál es la piedra angular de ese trío, José Tomás? El caballo es fundamental, y después está la mezcla entre el jinete y el preparador. Luis Muñoz y yo conocíamos muy bien a Wolf, éramos unos verdaderos amigos de él. Es el trabajo de tres, pero el caballo es vital. Alberto Larraguibel y “Huaso” eran muy cómplices, ¿cuál es su opinión de ese binomio inmortal, como Wolf, que brincó 2.47 metros en Viña del Mar en 1949? -Extraordinario, ¡qué salto, impresionante! Está dentro de los cinco hitos deportivos de nuestra historia, y de la historia de Viña y mundial. Es un récord del mundo que no se ha superado… Te digo cinco hitos por decirte una cifra. ¿Cuáles son los otros grandes impactos chilenos? ¡Elías (Figueroa), el más grande! Una vez vino acá al club y fue impresionante, no podía caminar, todo el mundo le pedía autógrafos y fotos… Marlene Ahrens, Zamorano, Salas, Oscar Cristi (primer deportista nacional, equitador, que ganó dos medallas en unos Juegos Olímpicos, en Helsinki 1952). Eliseo (Salazar), el único piloto del mundo que ha competido en los principales eventos tuercas. En Fórmula Uno, las 24 Horas de Le Mans, 500 Millas de Indianápolis, el Gran Premio de Mónaco y ahora en el Dakar… Wolf, ni tonto. Pablo Vera Rodríguez, mi otro jinete regalón que ganó más de 800 carreras. Me olvido de otros, soy hippie… El “Chino” Ríos, por supuesto. A las glorias hay que cuidarlas, como en Argentina. Si allá vieran esto, lo que tú haces, quedan locos. Ellos también escriben muy bien, son maestros. La revista El Gráfico era notable, cómo escribían. Cubrían eventos en todo el mundo, los principales, no sólo argentinos… Hay que reconocer lo bueno e imitarlo. ¿Qué tiene de hippie, José Tomás? Me gusta el rock, por ejemplo. Led Zeppelin, qué grupo con ese tremendo vocalista, Robert Plant, y con el baterista John Bonham. Los cuatro son geniales. Y The Who también es muy bueno. Me gusta su álbum “Tommy”, la ópera rock (llevada al cine con las actuaciones de Elton John, Peter Frampton, músico que engalanó el Festival de Viña 2008 con Earth Wind & Fire y Journey, y de Robert Powell, quien después interpretó a Jesucristo en el filme “Jesús de Nazareth”). Estados Unidos de América, territorio de hippies, ¿qué es José Santos para usted, ganador de más de cuatro mil carreras en Norteamérica? Un brillante jinete, no puede haber dudas. Él nació en Concepción y se fue joven de Chile. Muy luchador y esforzado. Son difíciles las comparaciones. Hablábamos de Luis Muñoz, que condujo a Wolf en sus ocho carreras en Chile. Pablo Vera, te insisto, tremenda figura en Long Island… Estados Unidos es difícil, competitivo. Fernando Toro, otro extraordinario jinete que también triunfó en Estados Unidos en los años 60, 70. Le dicen “El Rey del Pasto”, ganó casi cuatro mil carreras y hasta su auto es conocido, su patente dice “The Bull”. Mientras conversamos sin pausas -pudimos haberlo hecho durante diez horas-, suena su fono móvil. Lo llama su dilecto amigo Carlos Figueroa Guzmán, hijo del ex ministro Carlos Figueroa Serrano. Hablan de asuntos particulares y antes del adiós le comunica y pregunta: “Me están entrevistando de Viña, Carlos, cuál es el mejor caballo de la historia”. Figueroa, al otro lado del teléfono, le responde sin vacilar: “Wolf, de todas maneras”. “Don Carlos, el padre, nació en Angol, como Alberto Larraguibel”, nos apunta José Tomás cerrando este paréntesis y mostrando un cuadro en el que se ven pequeños papeles con su nombre: “Esto es cuando los ex alumnos de mi colegio, del Cuarto “B”, me eligieron mejor compañero después de 25 años de haber egresado; todos votaron por mí, menos yo por supuesto. Yo elegí a Yuri Santelices, ves, y ahí dice ‘Chicho’ Allende. Me regalaron un trofeo además”. Y no ha cambiado el adiestrador de Wolf, nada. El domingo 28 de octubre de 1990 asomó un mulato de 519 kilos en el césped de acá del Club Hípico, que cabalgó 2.400 metros con un prodigioso domador de 35 años y de 56 kilogramos. “Pasó veloz y ligera como una primavera en flor… caballito trotador”, como canta un futbolizado trovador catalán. ¿Qué pasó ese día, qué recuerda? Fue la primera carrera de la Triple Corona, El Ensayo, la primera etapa. Wolf ganó relativamente fácil a Vadero y a Fernando Díaz, su jinete… Vadero, con v corta. Los superó por un poco más de siete cuerpos (7¼). Anota, la marca fue de 2. 23 y 23 centésimas, es un récord absoluto en Chile, vigente. Fue el inicio de una experiencia inolvidable para mi papá, Luis Muñoz y para mí. Llegó el desafío del siglo, la mejor carrera de la historia para los especialistas, la más electrizante y recordada. Un palmo a palmo en La Palma. Wolf retó a Memo, el Rey de la Arena, en los 2.200 metros del Hipódromo Chile. Fue un duelo de manual, creo, el sábado 1 de diciembre de 1990. Apenas un pescuezo marcó la diferencia… De antología, “Chicho”. El Saint Leger… Fue espectacular y dramática, gran carrera. ¿La has visto en internet? No era fácil porque Memo era casi imbatible en la arena del Hipódromo. En los últimos 800 metros, más o menos, comenzó el gran duelo. Wolf, casi en la meta, le sacó una ventaja de un poco más de un cuerpo (1¾). Fue una llegada súper emocionante y un mano a mano espectacular. Ganamos con un tiempo de dos minutos quince segundos si no me equivoco (2.15.4). Les voy a mandar el video, tienen que verlo. Muy emocionante e importante para nosotros. Y el domingo 3 de febrero de 1991, con más de cien mil aficionados, Wolf, Muñoz, usted y su padre iban por la gloria perpetua en la mayor fiesta de nuestro turf, El Derby de Viña del Mar, donde podían rubricar en la pista de 2.400 metros lo que nadie había logrado. Y nuevamente frente a Memo. Nací en Viña del Mar y mi máxima gloria se triple coronó en Viña precisamente… Fue una gran fiesta, muchos esperaban el desquite de Memo, que ese día lo condujo Sergio Vásquez y no Danilo Salinas como lo había hecho en el St. Leger. Ganó Wolf por cinco cuerpos (5½). Inolvidable, en Viña pasamos a la historia, si ningún caballo había ganado la Triple Corona en los tres hipódromos. Prólogo y otros la ganaron pero en Viña y acá, en el Club Hípico; les faltó hacerlo en el Hipódromo Chile. Ganamos El Derby con un tiempo de dos minutos y algo más de veinte segundos (2.25.1 marca oficial histórica en la CIUDAD DEL DEPORTE). Qué manera de festejar su cumpleaños número treinta, José Tomás. Los había cumplido tres días antes, el 31 de enero. Imagínate, qué regalo. Te repito, en Viña logramos gracias a Dios lo que ningún caballo y jinete habían alcanzado. Mi mayor gloria ganó en Viña, una ciudad maravillosa que tiene de todo, en la que nací. Y lo hizo en forma rotunda, sin apelación, ratificando que fue un auténtico grande, uno de los mejores de nuestro país. Lo dicen los números, las estadísticas… Lo dice la historia. El Derby de Viña del Mar, una página más que centenaria que vio la luz el 22 de octubre de 1885 con sólo tres protagonistas, con Cachapoal II derrotando a Cometa y a Dinla tras 2.400 metros de galope y en dos minutos 52 segundos y media centésima. El mismo Cachapoal II, Wanderer, Dorama, Freire, Tutti Frutti, Grimsby, Tábano, Empire, Eugenia y Prólogo habían alzado la Triple Corona Nacional. Sólo diez ases en más de un siglo. Sin embargo, estos triunfos se plasmaron en dos superficies, Viña del Mar y Club Hípico. Wolf, el oriundo del haras de Don Alberto, el Santa Amelia, se coronó en tres, en los tres. ¡El primero, el único…! “Gracias a Viña, a la Casa del Deporte por ponerme a la altura de entrevistados que no merezco, verdaderas glorias de nuestro deporte que son más reconocidas afuera de Chile que por nosotros mismos, qué pena. Marlene Ahrens, (Sergio) Livingstone, (Iván) Zamorano, (Alfonso) de Iruarrizaga, (Iván) Morovic, Matías Vial, campeón mundial de polo, Leonel Sánchez, figuraza en el Mundial del ’62, Elías (Figueroa)… (Claudio) ¡Borghi! Notables entrevistados, los felicito, tenemos para otra sesión. Discúlpame, ahora tengo carreras, un placer”, agradece el guía del mágico mulato que maravilló en sólo ocho cabalgatas. José Tomás Allende Fernández, un cabal señor, un entrevistado que ascendió a uno de los podios más encumbrados de la historia deportiva de Viña del Mar junto al Patriarca Alberto, su padre, Luis Muñoz, el de la fusta maestra, y a un crack que dibujó un carrerón de fantasía en el St. Leger ’90 (debe verlo, disfrútelo) y que en la CIUDAD DEL DEPORTE inmortalizó su nombre: ¡Wolf!

Por Mario Ramírez Escudero

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