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MARTÍN VARGAS

Miercoles 28 de Julio de 2010
“Me gustaría conocer a la alcaldesa Reginato, muy simpática, sencilla y hermosa, para plantearle unos proyectos muy interesantes”
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  • MARTÍN VARGAS

En 1977, un poco antes de su primer desafío mundial, tuvimos el gusto de conocer al entrevistado de esta semana. Fue en el Estadio Recoleta, en Santiago, y no practicando el deporte que le dio fama y lo elevó a la categoría de ídolo indiscutido. No, lo descubrimos entrenando con el plantel de honor de su querida U. de Chile. Participando en los entrenamientos de la “U” con Pellegrini, Quintano, Socías, Salah, con los argentinos “Vitrola” Ghiso y “Bambino” Veira, con el técnico “Tata” Riera y con otro fanático azul: el “Flaco” César Antonio Santis, el, para los especialistas, mejor locutor que ha tenido el Festival de la Canción de Viña del Mar (presentador sobrio, elegante, culto… un señor). Y como la Bella Ciudad Jardín se ha convertido también en la Ciudad del Deporte de nuestro país, no puede olvidar a las figuras y glorias que le dieron prestigio e inmensas alegrías al deporte nacional. Así como Viña del Mar, por medio de su Casa del Deporte, se ha inquietado por, entre otros, Marlene Ahrens, Sergio Livingstone e Iván Zamorano, no podía soslayar a Martín Vargas Fuentes, el letal noqueador que llegó al mundo en Rahue, Osorno, el 24 de enero de 1955. María Edith y Pedro Segundo dieron vida en la Décima Región al único boxeador chileno que disputó en cuatro ocasiones la corona mundial. Martín, que batía récords de audiencia televisiva, fue el quinto hijo de los ocho que tuvo el matrimonio Vargas Fuentes. Dos veces padre con su esposa Mireya Inostroza Altamirano, de Martín Adolfo (34 años) y Natalia Pía (27), y abuelo de Martín Vargas (10), Fernanda (5) y de Cristián (3), el dueño de la zurda mortífera reside hoy en Maipú y trabaja para Chiledeportes en el Estadio Nacional. En las canchas “Anita Lizana” del primer centro deportivo del país – de nuestro país -, la Casa del Deporte dialogó con un Martín lúcido, alegre, con una memoria sorprendente que almacena fechas precisas (días, horarios, datos certeros, efemérides…) y con una oratoria incesante. 

Martín, qué agrado verlo bien. ¿Qué hace acá en Ñuñoa, cómo está usted? – Estoy trabajando con niños que aman el boxeo, y con adultos y damas también. Un orgullo para mí seguir ligado a mi deporte de 45 años. Y no estoy loco como dicen algunos (ríe fuerte y largo, Martín)… estoy bien, física y mentalmente. 

– ¿Agoniza el boxeo o ya murió acá en Chile? – No, el boxeo no ha muerto. Si tienes cable, TV, puedes ver mucho boxeo. Lo que pasa es que no hay auge, la prensa no “infla” al boxeo, no sabe lo que pasa con él. Lo que pasa es que ya no hay peleadores como yo, que movían masas, que paralizaban al país. Y el boxeo internacional, el de USA principalmente, sigue intacto. Te repito, ve la TV por cable y hallarás boxeo.

– ¿Cuándo debutó profesionalmente? – El 25 de marzo de 1973, con 18 años. En el (Teatro) Caupolicán gané por puntos en seis rounds a Nelson “Huevoduro” Muñoz. 

– ¿Cómo puede resurgir nuestro boxeo? – Con la ayuda de las autoridades, de la empresa privada. Hay que hacer deporte para que no haya ladrones, asesinos, drogadictos… los niños que están conmigo ninguno fuma. 

Antes de recordar los cuatro combates que Martín sostuvo por el título mundial de los mosca, consignemos que este osornino llegó a Santiago en 1971, a boxear claro está, y que desde pequeño fue peleador, bueno para los puñetes, pendenciero (“en el colegio Nro 2 de Osorno pasaba castigado”, evoca Martín) y que dejó los estudios en octavo básico. Martín, que integra el grupo de los últimos ídolos – ídolos del deporte nacional, con Don Elías, Caszely, “Pato” Yáñez, Zamorano, Salas, Massú, González, considera como el más grande boxeador a Cassius Clay, Muhammad Alí, su ídolo (“aunque no me gustan los payasos, pero Alí te sorprendía, era un genio”, aclara Vargas), y al nicaraguense Alexis Arguello, a Roberto “Mano de Piedra” Durán – panameño – y al argentino Ramón La Cruz como otros talentosos pugilistas. 

– Martín, usted fue a los JJ.OO. de Munich 1972 y estuvo cerca, el 5 de septiembre de ese año, del comando palestino “Septiembre Negro” que asesinó a 11 atletas israelíes. ¿Qué recuerda, qué nos dice al respecto? – Sí, antes te cuento que perdí en el debut con el colombiano Calixto Pérez, por puntos en tres rounds (en olimpiadas, el boxeo sólo dura tres asaltos) y en la villa olímpica se sentían fuertes balazos. Fue terrible… yo estaba con otros boxeadores y con René Varas y Américo Simonetti, equitadores.

– Y llegó el sábado 17 de septiembre de 1977, su primer desafío por el máximo cinturón. ¿Qué pasó, Martín, contra el azteca Miguel Canto, en Mérida, México? – En Mérida, Yucatán, no perdí, me “robaron” la pelea. Dieron ganador a Canto porque él era el local. Perdí por puntos en 15 rounds.

– Esa pelea la comentó para la TVN de Chile Carlos Monzón, el argentino que se retiró invicto en la categoría mediano, y la narró Pedro Carcuro Leone, quien estuvo en sus cuatro combates… El viernes 30 de noviembre del mismo año, enfrentó al mismo Canto en el Estadio Nacional de Chile, donde perdió nuevamente por puntos en 15 episodios. – Claro, y los periodistas vieron a Martín Vargas tomando alcohol un día antes en Puente Alto. ¡Cómo inventas cosas! Sé que periodista habló y me perjudicó siempre, Eduardo Bruna, un tipo que se cree experto en boxeo. Yo estaba concentrado en Vitacura, en el hotel Las Acacias. A esa pelea fue mi General Pinochet…imagínate, si el Presidente nunca iba al estadio. – Sólo dos veces fue el Presidente Augusto Pinochet Ugarte a ver deportes al Nacional en calidad de Primer Mandatario: la primera fue el domingo 6 de marzo de 1977, cuando jugaron por las eliminatorias de Argentina ’78 Chile y Perú, e igualaron a 1, y la segunda, a verlo a usted.

– ¿Cuál era su mejor golpe, Martín? – Eran dos. El “uppercut”, que es de abajo hacia arriba, y el “cross”, que es como una L, un golpe rápido y corto.

– Llegamos al sábado 4 de noviembre de 1978, día que en Maracaibo, Venezuela, se midió con el local Betulio González. -Sí, y con ocho dedos fracturados. Betulio me reventó el ojo derecho, me metió el dedo del guante, estaba ciego. En el 12do round se acabó la pelea por KO (knock out). Fue un gran combate, espectacular, que gané yo con “ocho dedos menos”. Es cosa de ver los videos.

Y el viernes 1 de junio de 1980, en Kochi, Japón, perdió con el nipón Yoko Gushiken. A las 5.15 horas de Chile comenzó ese duelo. ¿Lo doparon, Martín? Usted siempre ha dicho que hubo cosas muy anormales antes de subir al cuadrilátero. – Con Dominique Castillo, kinesiólogo fallecido el ’84, fuimos a tomar desayuno y no quise comer porque en la noche anterior había comido mucho. Debía pesar 48 kilos y medio… lo único que tomé fue un jugo bien helado, muy rico. Pero el cocinero del hotel me ‘mató’ porque, a cambio de 250 mil dólares, le echó droga al vaso. Gushiken y su grupo eran mafiosos. En un programa de Raúl Alcaíno Lihn, de UC TV, comprobé con dos faxs lo que he dicho siempre. Perdí en el octavo round por KO. –

¿Cuándo se retiró y con qué estadísticas? – El ’94, en el Caupolicán. Con Canto y Betulio hicimos una exhibición. A Betulio le gané por KO en un round y con Canto peleé cuatro. Hice 139 peleas y perdí 20. El canal de TV Space me eligió “El noqueador más grande de la historia de la división mosca”, y en mi país aún no me reconocen del todo, no recuerdan que yo movía multitudes. Y la prensa ha inventado cada cuestión. 

– ¿Cuántos combates ganó por la vía rápida, por la del cloroformo (anestesia)? – De los 119 que gané, más del 80% lo hice por KO. Y muchos, montones, los gané en el primer round. 

– Para Martín Vargas, ¿quiénes son los mejores deportistas de nuestra historia? – Marlene Ahrens, Elías Figueroa y Alberto Larraguibel. 

– Y usted, ¿en qué lugar se ubica? – Dentro de los cuatro. Yo soy un ídolo viviente, más que Elías. Una vez Elías me dijo que yo era más grande que él

– ¿Quiénes son los últimos ídolos chilenos? – Marcelo Salas. Para ser ídolo, hay que ser del pueblo. A mí me quieren, nunca fui sobrado, siempre humilde… a los pobres, les regalaba zapatillas, guantes, camisetas. 

– ¿Ganó dinero para vivir tranquilo? – No, no gané. Imagínate que en la primera pelea con Canto, en Mérida, Yucatán, gané 150 mil pesos. En la segunda, con Canto acá en Ñuñoa, me dieron 80 “lucas”; en la tercera recibí 40 mil pesos y con Gushiken no gané nada. Me estafó la productora de Lucio Hernández, mi promotor. 

– ¿Está trabajando en buenas condiciones? Ahora estaba haciendo clases en una multicancha y no en un gimnasio con ring. – Es que están arreglando el estadio, estamos acá provisoriamente. Pero hay condiciones, ring, pera, de todo. 

– ¿Vive bien, Martín, tranquilo? – Sí, tengo un sueldo que me permite vivir dignamente. 

¿Quiere dirigirse a los viñamarinos, algún saludo…? – ¡Pero por supuesto, es mi deber! Me gustaría mucho conocer a la alcaldesa Reginato, que es muy simpática, sencilla y hermosa. Siempre la veo en televisión y en los diarios. Ojalá esté por mucho tiempo más dirigiendo a Viña. Me gustaría conversar con ella y plantearle algunos proyectos muy interesantes, algo para que los niños dejen las malas juntas… me gustaría hacer algo con el boxeo con, por ejemplo, las personas que trabajan en oficinas y que salen mal, con mucho estrés. Ojalá se pueda dar. Les doy mis agradecimientos, les deseo mucho éxito para las olimpiadas escolares de las que me hablabas, gracias por acordarse de mí, un gran gusto conversar contigo para Viña del Mar y mucha suerte también para Massú, Everton y para el Festival.

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