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Norberto Alonso: No me gusta el fútbol de hoy porque nadie acaricia la pelota con la suela

Miercoles 21 de Diciembre de 2016
Talentoso, genial y “tocado por el de arriba”, el Pelé Blanco describe su relación deportiva con Chile, su título mundial del 78, su soñado 1986 y sus goles más afamados. También polémico, el Beto se lamenta: “Hoy, los niños aman al playstation y no al balón”.
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A quinientos metros de donde escaló a sus mayores cumbres -el Monumental de Buenos Aires- y a cien de su hogar -emplazado en el barrio de Núñez-, Norberto Osvaldo Alonso Martinelli (63) conversó cómodamente con la Casa del Deporte. “¿Están en el New Jonathan?”, pregunta el Pelé Blanco al teléfono, privilegiándonos con una delicadeza como su botín zurdo idolatrado hasta hoy: “Tengo un compromiso muy importante ahora, pero espérenme. Charlo diez minutos con Viña ahí en el restobar y me voy”. Y no fueron diez los minutos, sino más de cincuenta añorando títulos mundiales y continentales, genialidades y tacos, caricias al balón con una suela depurada, además de quince años de fina trayectoria y un golazo de su cuño: aquel que no pudo anotar Pelé en México 70, metiéndose sin embargo a las grandes fantasías de la Copa del Mundo. “¿Por dónde comenzamos?”, interroga el Beto Alonso, mayor ídolo de River ampliamente reconocido por los expertos de nuestro país.

Empecemos por Chile y por Viña del Mar” -decreta. “En mayo del 83, iniciamos en Santiago el ciclo de (Carlos) Bilardo, quien al primero que convocó fue a mí para el camino a México 86. Fui yo también quien anotó el gol inaugural del proceso en el empate a dos ante una buena selección, que venía de perder 3 a 2 con Brasil como visita. Además, recuerdo un muy buen tanto de (Ricardo) Gareca y un mejor tiro libre del zurdo (Juan Carlos) Orellana a Pato Fillol. Fue un buen examen ante un exigente rival, pero no fui a México, quizás por motivos maliciosos”.

“Y al Sausalito de Viña, afortunadamente no fui el verano del 77. Digo afortunadamente porque Everton goleó 6 a 2 a River. Una vergüenza aunque haya sido un amistoso. Entonces, luego de perder la final de la Copa Libertadores en Chile, yo estaba en el Olympique de Marsella, donde jugué menos de dos años”, refiere con rostro adusto, pues ríe escasamente no obstante esgrimir pinceladas de humor y abundante cortesía a la Casa del Deporte.  

De aquella final disputada en 1976 contra Cruzeiro en el Nacional de Santiago -donde fue expulsado-, puntualiza: “A River no le ha ido bien en Chile, porque allá perdió dos Libertadores. El 66, después de ir ganando 2 a 0 a Peñarol, cayó 4 a 2 en el alargue; y al desempate jugado diez años más tarde, llegamos complicadísimos, con varios lesionados y suspendidos muy importantes: Roberto (Perfumo), quien se había ido expulsado con Jairzinho, Fillol, Jota Jota López… Perdíamos 2 a 0, empatamos y sobre el cierre nos marcaron un tiro libre discutido, mientras ordenábamos la barrera. Ahí me puse muy mal, estallando y viendo la roja del juez chileno (Alberto Martínez). Pero el 86 la tocamos por primera vez al vencer a América de Cali, un gran equipo que llevaba 18 años invicto en su estadio”.

Ese año fue memorable para River, acaso el mejor de su historia… 

Fíjate como uno es tocado por el de arriba. Después de esa final y de haberme ido un tiempo a Francia y a Vélez por discutir con (Alfredo) Di Stéfano, técnico de River entonces, regresé con mayor fuerza (…) Con el Bambino Veira dirigiéndonos ganamos todo, la Libertadores y el título mundial en Tokio. A América la derrotamos en Cali 2 a 1, donde convertí un gol, y acá por la mínima, con anotación de Búfalo Funes. Y la Intercontinental, la conseguimos contra el Steaua de Rumania, marcando Antonio Alzamendi el único tanto gracias a una avivada mía, claro, cuando apuré el balón. En Japón dije: “Me retiro en lo más alto de todo, como un gran campeón mundial y continental”.

¿Y qué hiciste después del “cartón completo”?

Después de mi último partido oficial, ese frente al Steaua, me despedí en el Monumental ante más de ochenta mil personas. Fue el 13 de junio del 87, un día conmovedor hasta las lágrimas, dando otra vuelta olímpica y regalándoles mi camiseta a mis cuatro hijos.

Alonso, quien saltó al profesionalismo gracias a Didí, inventor de la folha seca que deslumbró al Sausalito de Viña durante el Mundial del 62, recuerda al brasileño: “El maestro Didí me hizo debutar a los 17 años en un juego amistoso poco antes de mi debut oficial, el 71. Antes del viaje a ese partido contra Chaco For Ever, el maestro le dijo a Sixto Beto González, un periodista de River: ‘Ven al Chaco conmigo, vas a ver al Pelé Blanco’”.

Continuando, “el” Diez de los Millonarios enseña asimismo: “No tuve ídolos, mis únicos ídolos fueron mis padres, Lucio Julián y Ana María. A mi viejo, cuando el club fue a buscar talentos a Los Polvorines, donde vivíamos, le preguntaron si quería ver a su hijo en River sin prueba ni nada. ‘Beto decide’, dijo”. Y en 1973, llegó otro momento de esplendor vivido en Múnich, donde le marcó un magistral tiro libre a Alemania Federal.       

“Ganamos 3 a 2 a quienes serían campeones del mundo un año más tarde, a los alemanes Beckenbauer, Vogts, Breitner, Overath… Nos pusimos 3 a 0 con goles de Jorge Ghiso, mi tiro libre al palo izquierdo de Maier y de Miguel Brindisi, y jugando con dos grados bajo cero (…) Tengo otra experiencia muy linda de ese año, porque yo con veinte integré un Resto de América junto a Teófilo Cubillas, Rivelino, Pepé Santoro, al chileno Caszely. Con ellos y otras figuras, vencimos en España a los monstruos de Europa”.  

Mencionaste a Caszely. ¿A qué otro chileno recuerdas?

A Elías Figueroa, mamita querida. Tapaba todo y tenía una calidad enorme, a la altura del peruano Julio Meléndez, de Perfumo… ¿De Passarella? Por favor, a mí no me hablen de él. 

GOLES, EL QUE NO PUDO CORONAR PELÉ Y EL DE LA PELOTA NARANJA

Figueroa, Caszely y el ex arquero Miguel Ángel Santoro brotan de las expresiones de Alonso. Precisamente, a Santoro le convirtió la anotación que no pudo consumar Pelé en el Mundial de México, eternizando sí el Rey una dorada maniobra ante la salida del uruguayo Ladislao Mazurkiewicz. El Beto recrea su inspiración, un calco de la magia del brasileño: “Fue en diciembre del 72, dos años después de la acción de Pelé, y siempre la he graficado así: enfrentando a Independiente recibí un pase largo, salió Santoro a cortarlo a la entrada del área, pero no quise tocar la pelota, dejándola seguir para gambetearlo, amagarlo. Se fue hacia el arco sola, entonces giré y la alcancé para empujarla al gol. Fue el primero del 7 a 2, convirtiendo dos esa tarde y, lo más importante, haciéndolo acá junto a mi público”.      

También atesoras un suceso que cruzó fronteras, el de la famosa Pelota Naranja, marcándole dos a Boca.       

Y en la Bombonera... Sí, es un episodio conocido en muchas partes del mundo, también del 86. Fuimos campeones un mes antes, pero igual queríamos dar una vuelta olímpica en ese estadio, la cual el gobierno no quería para evitar incidentes. Entonces, nos reunimos en la habitación de Cabezón Ruggeri, donde dije: “A mí me sacarán muerto, pero daremos la vuelta como sea en la cancha de Boca”. Y el primero, el de cabeza, lo hice con la pelota naranja, usada para no confundirse con los papelitos que estorban la visión. Y el 2 a 0 final, ya con la blanca, fue un tiro libre desviado por la barrera que descolocó al Loco Gatti.  

“ESTABA PARA SER EL MEJOR DEL MUNDO”                    

Convocado a brillar con la 10 albiceleste en el Mundial de 1978 tras algunas desavenencias con César Menotti, su entrenador, Alonso sólo mostró destellos en la cita máxima: en el debut, propiciando el tanto del triunfo sobre Hungría con un lujoso taco, y ante Brasil en Rosario. Por esto, quizás, ese aspecto adusto delata cierta frustración al no coronarse como titular absoluto debido a una lesión.    

“Lamentablemente, después de un buen debut ante Hungría, cuando generé el gol de la victoria con mi famoso taco, me lesioné contra Francia. Pésima fortuna, porque el desgarro lo sufrí a muy pocos minutos de haber entrado y con ese tipo de lesión es muy difícil volver en plenitud. Por eso no enfrenté a Italia y Polonia, tampoco a Perú,  pero sí a Brasil la última media hora en el empate a cero, en semifinales. Y en la final, felizmente apareció Kempes para simplemente arrasar a los holandeses. El triunfo sobre Hungría nos dio fe para soñar con el título y a mí con la titularidad, pero quedé con un dejo de amargura, no sé, puede ser, porque jugué poco y porque estaba para ser el mejor del mundo”, enfatiza.   

¿Puedes elegir tus tres mayores logros? ¿Difícil…? 

Muy difícil, no puedo, son demasiados: tengo los títulos del 86, la Copa del Mundo, River campeón después de 18 años, el 75… ¿Si los logros del 86 superan al del 78? Tal vez, ya lo dije, el Mundial lo jugué poco y yo estaba para ser el mejor. El destino y también otras cosas maliciosas lo impidieron. Además, tengo el triunfo ante Alemania en Múnich, el gol que no hizo Pelé, los dos a Boca en la Bombonera, donde hay que meter mucho más que fútbol…           

La controversia también fue tu aliada: discutiste con Di Stéfano, con Menotti… ¿Fuiste polémico, Beto?

No, no. Soy frontal, sincero, siempre fui de frente, hasta hoy. Ser así no es ser polémico. Como acá a las personas no les gusta que les digan las cosas de frente… Pero no me interesa, a mí no me roza eso.

¿Tu mejor técnico fue Ángel Labruna, Didí, Héctor Veira…? ¿Y quién es el máximo ídolo de River: Labruna, Amadeo Carrizo, tú…?

El maestro Didí y Ángel, los mejores. Y no puedo responder algo a determinar por el hincha o el historiador, porque están Ángel, Amadeo y otros, aunque yo fui elegido por la mayoría.       

CHILENOS TRIUNFADORES EN RIVER, ELIMINATORIAS

Eladio Rojas, Marcelo Salas, Alexis Sánchez, Manuel Pellegrini conforman la legión chilena que ha defendido los colores de los de la Banda Sangre, diagnosticándola Beto Alonso, quien asimismo habla de la fase eliminatoria de Rusia 2018. “Salas fue un jugador bárbaro y vital dentro del andamiaje de un equipo muy importante, el River del 96-97, deleitando a la hinchada además con sus goles y ganando varios campeonatos. Es el mejor chileno que ha pasado por Argentina, River lo quiere mucho. Pellegrini también dejó alguna marca, dándole algún torneo, igualmente Sánchez, quien aprovechó su paso por River para llegar a Europa”.    

¿Cómo ves el presente de Chile y Argentina en su lucha por llegar a Rusia?

Después de (Julio) Grondona, el fútbol argentino y la AFA se han manejado muy mal. La Roja sí se benefició con la llegada de Bielsa, quien le dio un golpe muy fuerte. No lo conozco, me encantaría conversar de fútbol con él, lo mismo con Sampaoli. Ambos la ayudaron mucho dándoles la posibilidad a sus jugadores de llegar a vitrinas altas y a conseguir títulos insospechados hace diez años. Y de sus figuras, me gustan Vidal, Alexis y Medel jugando retrasado, porque ahí cubre muy bien todos los sectores, no tanto cuando estaba en el medio. También Beausejour, potente y de gran despliegue y llegada al fondo. Entonces, es competitiva, no se parte y juega eficientemente en los cuarenta metros. Y Argentina no anda bien, descansa solamente en Messi y no sé en quién más. Pero creo en la clasificación de ambas, debiendo sí superar a Ecuador y alejarse de Colombia. Veremos, porque además los cambios de entrenadores influyen. A Chile le ha costado un poco con Pizzi, a pesar de que con él ganó una Copa y jugó un partidazo contra Uruguay.   

¿Y te gusta el fútbol de hoy?

No. Veo todo pero me duermo porque se perdió la creatividad, ya no hay potrero ni barrio ni inventiva. Los chicos están dedicados al playstation, no aman al fútbol como deberían amarlo. A la pelota no le puedes dar de punta o para arriba, la tienes que acariciar. Hay muchas cosas que te puede explicar un tipo que la tuvo debajo de la suela y la coqueteó. Después de eso, la gente se iba del estadio a la casa hablando de un gol o de una jugada fina. Hoy, la plata mató todo, al fútbol y tantas cosas. Existe un complot contra la pelota, tan amada y tan amiga. Y no, ahora no veo a ninguno similar a mi estilo, todos corren como si el mundo se estuviera acabando.        

Admirado en Chile, en Viña y en todo el mundo, Norberto Alonso -actual presidente de las escuelas de fútbol de River- cierra otra función. Sin presunción, con su estilo simplemente. Esta vez con la Ciudad del Deporte, cuyas páginas supieron apreciar sus sobredosis de talento y sutileza, su rica gama de gambetas y destrezas, sus goles primorosos y su juego de guante blanco.  

por Mario Ramírez Escudero


 

 

 

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