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EDMUNDO OLFOS: “El Seven de Viña se ganó definitivamente el título de mejor competencia de Sudamérica”

Jueves 02 de Marzo de 2017
Con pasión y espíritu ganadores, el técnico del combinado nacional de rugby 7 recrea el último seven viñamarino esperando lleno de fe el estreno de mañana en el circuito mundial, en EE. UU. Acá, también, Olfos da un manual sobre la ovalada.
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El viñamarino Edmundo Olfos Menéndez (3 enero 1976), entrenador de la selección nacional de rugby seven, dice del otro lado del teléfono a la Casa del Deporte ya instalado en Estados Unidos: “Desde Dallas, en el vuelo AA 2289 de American Airlines, llegamos el lunes a Las Vegas directamente a desayunar. En la tarde, entrenamos contra Australia en partidos sin contacto y, después, practicamos solos para afinar detalles. Tal como el miércoles, hoy haremos una sola práctica para bajar la carga y estar frescos el viernes, cuando debutemos ante Inglaterra, el favorito de nuestra zona (…)”, explica el coach de los Cóndores, quien comanda la representación chilena junto al francés Bernard Charreyre, jefe técnico de la delegación integrada por dieciocho miembros.

El Longa Olfos, quien condujo al siete nacional a una histórica clasificación en enero pasado, en la Ciudad del Deporte -pues por primera vez sacó pasajes a dos fechas del circuito mundial, además de asegurar un nuevo concurso en Hong Kong-, dice también que “desde el 2010 no participábamos en el circuito y esta vez, después del estreno de mañana, enfrentaremos el sábado al equipo anfitrión y a Samoa. Luego de esta quinta fecha, jugaremos en Vancouver los días 11 y 12, regresando a Chile el martes 14 para enfocarnos de lleno en Hong Kong, donde competiremos los primeros días de abril”.

Antes del periplo por Norteamérica, el ex tercera línea de los Old Mack’s y los Cóndores, “a los que defendí en juvenil, adulto y en seven”, conversó en exclusiva con la Casa del Deporte para repasar el Seven de Viña, donde su elenco remató tercero tras Fiyi -primer campeón olímpico de la historia en esta disciplina- y Argentina. “La organización de nuestro torneo estuvo perfecta, consolidando su reputación gracias al apoyo de marcas, de la empresa Demaria y de su municipalidad junto a la Casa del Deporte. Te doy nombres propios: la alcaldesa Virginia Reginato y Javier Aravena, quienes siempre nos han acompañado aportando valiosos recursos y jugando un rol importantísimo en una semana reconocida en la ciudad, donde hay bastantes panoramas en verano. Nuestro torneo acoge cada año a mejores seleccionados, ganándose entonces el título de mejor competencia de Sudamérica. Y uno se agranda jugando en el Mackay ante colosos como Fiyi y Argentina”.        

“Tanto en Viña como en Punta del Este, donde iniciamos la temporada, conseguimos un auspicioso tercer puesto, asentándonos como el mejor elenco sudamericano sólo detrás de Argentina, una potencia mundial. En nuestra ciudad, además, clasificamos a los compromisos de Norteamérica, obteniendo también el principal objetivo: llegar nuevamente a Hong Kong. En ambas citas medimos fuerzas con Fiyi, no contra el ganador del oro en Río de Janeiro, pero sí ante su segundo cuadro, un súper equipo igualmente”, remarca el extravertido y locuaz coach cuyo romance con la ovalada comenzó en el Mackay viñamarino -donde estudió-. Y combatiendo el calor que aún azotaba a Santiago, hasta hoy, agregó: “He andado a mil por hora estos meses. Hace poco estuve en Nueva Zelanda, invitado por mi amigo y mentor Scott Robertson, entrenador de los mundialmente famosos Crusaders. También, junto a cinco niños chilenos, compartí con los Chiefs. Esto nos ayuda a progresar y a seguir perfeccionándonos, lo cual me encanta”.

¿Soñaron con  triunfos ante Fiyi y Argentina? ¿Conforme con el inicio de año?

Sí, ¿¡por qué no!? Y también con ganarle la final a Fiyi, porque no soy afecto a las utopías aun siendo realista. Era difícil, pero no pudimos porque, aparte de no hacer nuestro mejor juego, estábamos muy mentalizados en la competencia por los puestos sudamericanos. Respecto al inicio de año, fue bueno porque expusimos una correcta mixtura de experiencia y  juventud, asimilando también el equipo mis pretensiones que no sólo están dentro de los límites de la cancha: hablo de un tema social y cultural compenetrado a horarios, buena onda, trabajo grupal. Se ha notado esa experiencia de cuatro o cinco jugadores mezclada a una juventud carente de historia, pero ansiosa por adquirirla. En los dos campeonatos derrotamos a Colombia, Canadá, Estados Unidos y a los Teros (Uruguay), cayendo solamente ante Fiyi y estrechamente con Argentina, en Viña.

¿Hubo falencias?

Sí, por supuesto. El equipo no estuvo totalmente tranquilo porque no había tenido un desafío de esa magnitud, especialmente el bloque posterior. Hoy, en un deporte de combate, la defensa debe ser valiente y no es que la nuestra no lo sea, pero no le ha tocado vivir experiencias duras en el contacto del juego. Pero cumplió con las expectativas, habiendo sí ciertos errores en esa zona que nos costaron varios tackles, como contra Canadá especialmente. En general, el rendimiento de todos nos dejó satisfechos.

Inmerso en su gran pasión, junto con su ya citada locuacidad, Olfos bosquejó en una servilleta de la mesa que nos acogió en el Apumanque todo lo concerniente al ejercicio 2016-2017 del World Seven Series, revelando asimismo referencias de aquella competición: “En Hong Kong, por ejemplo, hemos avanzado hasta cuartos de final nomás, porque no nos da para más. En ese nivel, nos hemos topado con Zimbabue y Namibia arriba de la moto y no puedes bajarlos por un tema físico (…). La organización da dos etapas de preparación, una de ellas contra los top, siendo tratados dentro del estadio como rockstar, alojando en hoteles 5 estrellas y con todo pagado. Te sientes famoso, aunque no te conoce nadie, pero como perteneces al evento, te piden fotos, autógrafos y nadie sabe quién es Edmundo Olfos. La gente cree que eres muy bueno (riendo)”. 

¿Y qué le falta a nuestro rugby para ser bueno?

El tema físico es elemental. Aparte de entrenarte para la alta competencia y correr como loco, está la ciencia del deporte detrás de todo esto. La nutrición, por ejemplo: ¿qué comes porque no puedes comer lo mismo del otro? ¿Está bien el peso, la tolerancia a la lactosa, el gluten te hace bien…? Hemos llegado a tales extremos, ya que al deportista se le debe alimentar muy bien, con los suplementos ideales, que no son pichicata, sino naturales. Ya no puedo meterte tanta comida, debes tomar té líquido, en proteínas, en polvo. Todo natural, pero llevado a otro formato para hacer más fácil la absorción. Todo esto es clave. 

¿Qué metas buscarán en estas dos fechas, y en Hong Kong?

Siendo sensatos, hacer un buen papel para llegar bien al compromiso de abril, donde estarán los segundos y terceros de cada región, nosotros y Uruguay como representantes de acá. También competirán México, Guyana, después nos podríamos cruzar con Rusia, España, Italia o contra dos africanos o dos asiáticos, Japón y Corea. Y en Vancouver, incluso podríamos enfrentar a países muy “pro”, Nueva Zelanda, Inglaterra, Escocia… ¡Si vieran la profesionalización de esos rivales, cada uno con sus alimentos, tapitas, los Red Bulls, el GPS…! Aunque nosotros hemos avanzado harto en los últimos años, la idea no es ganarles, sino sacarles puntos y obtener algún partido. No sé si ante una potencia, pero sí frente a un siete profesional que esté entre los dieciséis mejores. Así empezaríamos a sumar puntos para que Chile aparezca.        

“NUNCA SEREMOS POTENCIA SI EL SEVEN NO SE MASIFICA”    

Enfático, explícito, conversador tenaz, carismático y tipo frontal, el estratego del septeto nacional sigue entregando un compendio de sensaciones: “Los jugadores no pueden poner plata para preparase ni esperar tanto tiempo la suplementación adecuada. ¡No puede ser! Como país debemos darles todo. A nosotros nos cuesta, lamentablemente el rugby sigue siendo muy elitista, si bien el COCh nos ayuda porque somos una disciplina olímpica. Tenemos, al mismo tiempo, un problema y una ventaja: nuestro factor socioeconómico no es complejo, porque el niño tiene cómo alimentarse y movilizarse, pero en lo estrictamente competitivo, nunca llegaremos a ser potencia mundial ni a ser destacados mientras esta actividad no se masifique”. 

Olfos: “Sí, estoy reconociendo el apoyo del Comité Olímpico, como el del gobierno, de los privados y el del Ministerio del Deporte. Nos da dinero para todas las preparaciones y para viajes, hotel, alimento… Porque, ojo, ¡está obligado a ayudar! ¿Qué pasa? Sabe cuáles son las disciplinas más estratégicas y, como el rugby ha ganado medallas en el contexto sudamericano por lo menos, le servimos. No así otras que, porque no apoyan suficientemente a los niños y hasta por genética, les es muy complicado lograrlas. ‘El seven nos puede dar medallas, aunque sean de plata’, dice. Entonces, por un asunto político incluso, es interesante una medallita para el COCh, para quien el seven representa un setenta por ciento”. 

OLFOS, A TODO SEVEN

La intrínseca mentalidad ganadora de Longa -conocido por este mote en todo el mundillo de la ovalada-, lo lleva a esgrimir otra tanda de impresiones en la víspera de duelos difíciles en los cuales no quiere ser comparsa. “Hay un switch en nuestra cultura respecto a lo que van dando la historia y las vivencias. Como jugador fui capitán de la Selección y también jugué estos circuitos cuando le ganábamos a Uruguay, creyéndonos con eso los mejores de la región. Pero, en el fondo, no le ganábamos a nadie. Cuando salíamos, decíamos: ‘Vamos a ganar experiencia…’. Pero, ¡hasta cuándo con ese discurso! ¡Vamos a ganar partidos, mejor! Claro, nos costaba porque no teníamos preparación ni esa mentada experiencia. Tampoco había información y nuestros entrenadores, más allá de sus conocimientos, eran muy amateurs. Y como hoy es un poco más profesional el tema, buscamos resultados”.

¿Cómo se pueden obtener resultados, no solamente buscarlos?    

Es difícil, sin embargo nada es imposible para mí. Ahora se habla del seven chileno porque queremos estar ahí, en mayores alturas logrando puntos, como ojalá ocurra en abril para ingresar al circuito mundial. Pero les hago una pregunta recurrente: ¿Qué hacemos si nos metemos en ese nivel? Lo más probable es que no se dé, porque son diez meses de competencia. Y si se da, ¿quién va a profesionalizar y remunerar a los jugadores? Siempre he dicho, nuestra actividad debería ser semiprofesional para que el deportista no gaste ni uno. O sea, no te doy plata, pero te pago el transporte, el alimento, suplementos, ropa. Y hasta el celular y una cámara fotográfica. 

Hemos avanzado últimamente, dijiste. Pero falta a juzgar por tus palabras…

Lo único que vemos dice mucha gente, hablando de capacidad de competir, es a quince o siete monstruos achicando espacios en la cancha, pero monstruos sin envergadura. La hemos mejorado un poco, quizás con mezclas y por algo idiosincrásico-cultural sumado a una cuestión de genética y raza (…) En diez años más habrá hartos niños chilenos de color, tenlo por seguro. En Uruguay y en Argentina ya los hay, qué decir del resto de los países de acá donde sobran. Y nuestro niño, en general, aún no es grande o está muy poco detectado, y el que tiene potencial es obeso. Esto falta, es un problema importante.       

¿Hoy no basta con el puro talento?    

El talento, la magia, la perseverancia y la actitud, sí, siempre han sido importantes, pero ahora no es fácil competir solamente con eso. Ya no estamos en los años sesenta o setenta. Qué nos falta dijiste recién. En el seven, ser más técnicos, rápidos, vivos, mañosos; como el futbolista sudamericano de muchas épocas. Eso se debe aplicar en nuestro deporte, pero a la vez siendo respetuoso y educado. Nosotros desarrollamos personas correctas y quien sea buena fuera de la cancha, se transformará sin dudas en mejor deportista. Quien está mal afuera, cuando entra insulta al árbitro y a los rivales. 

¿Es realmente noble tu deporte?  

Totalmente. Se ve mucho vigor, choque, fricción, etcétera, pero si cometes cualquier ordinariez al árbitro o a un rival rompiendo su proverbial nobleza, te amonestan o muestran tarjeta amarilla. No es como el fútbol, donde sigues en la cancha a pesar de esa tarjeta. Acá te vas, el árbitro le dice al amonestado “cooler”, o sea, “¡anda a enfriarte un rato, piensa, recapacita y ahí vuelves!”. 

Para Edmundo Olfos, reconocido en la crema del rugby mundial, nada es una quimera. Por esto, a pocas horas del estreno chileno en Las Vegas, le entrega al aficionado viñamarino y nacional arengas ganadoras, llenas de fe y de pasión, su gran aliada: “El imposible no existe para mí… ‘I’m Possible’ o soy posible puede ser la palabra… Un equipo con renovación nos da toda la esperanza para anular cierta falta de estructura o de experiencia, sacando algo muy innovador como es causar sorpresas. Basados en una seria preparación, tenemos todo el optimismo para representarlos de la mejor manera, a punta de rendimiento colectivo e individual. Imposible no hay nada…

por Mario Ramírez Escudero 

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