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Daniel Morón: Chile no depende de dos valores para sostener su andamiaje, su gran fuerte es el conjunto

Jueves 23 de Marzo de 2017
Repasando su lucida trayectoria, un equipo histórico -el Colo Colo 91-, un caso insólito en la Ciudad del Deporte y sus treinta años en nuestro país, el nacionalizado chileno analiza el crucial partido de la Roja con la Albiceleste.
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Caminando al lugar de esta entrevista, Daniel Morón, naturalizado chileno en 1993, dice sonriendo: “A los diecisiete años, cuando debuté en Primera por Andes Talleres, atajé un penal ante Argentinos de Mendoza, equipo al que defendía Nicolás Villamil. Y el 85, jugando en La Bombonera por Unión de Santa Fe, le contuve otro al ‘9’ de Boca, Ramón Centurión. Y así me molestaban en Colo Colo porque no atajaba penales”. Hincha de Boca y del Loco Gatti, Mario Cejas, Amadeo Carrizo y Enrique Vidallé, “grandes porteros trasandinos”, y después del alemán Harald Schumacher, el Loro confiesa: “Por diversos motivos, Chile es muy importante para mí, principalmente porque uno de mis hijos y mis tres nietos nacieron en esta patria. Además, me nacionalicé el 93”. El aún ídolo de quienes lucieron su inolvidable tenida amarilla se refiere a Mauro -hermano de Matías y Mayra- y a Martín, Agustina y Facundo.

El preparador de arqueros de la Roja en la era de Marcelo Bielsa, sentado en un restaurante del Parque Arauco, revela también sus raíces deportivas en este diálogo con la Ciudad del Deporte, donde vivió una de las páginas más insólitas de la historia del balompié local. “Nací en el campo, en Vista Flores, un pueblo de quinientos habitantes ubicado a 150 kilómetros de Mendoza. Todo me quedaba muy distante, pero no mis sueños de jugar al fútbol”. Tampoco olvida aquella tricota amarilla -imposible-, adherida a fuego en los sueños de tantos niños durante dos décadas: “Mi mayor ídolo, no tanto por su juego sino por la fisonomía, fue Schumacher, quien usaba ese color. Ambos teníamos el pelo rubio, rizado y la forma de las piernas muy parecida. De ahí vienen los matices de mi indumentaria, entonces”.    

Antes de adelantar el choque premundialista, el ex golero de Vista Flores, “mi primer club”, recuerda también que “el 95, Xavier Azkargorta me citó a tres amistosos previos a las eliminatorias del Mundial de Francia. Uno de estos fue en Sausalito, donde enfrentamos a México. E indudablemente, este partido será intensamente disputado y bien cerrado, porque ambos se conocen muy bien y porque les restan pocas fechas para lograr la clasificación a Rusia. Debido a la gran generación nacional, la cual ha tenido la capacidad de mantenerse en un alto nivel, se acortaron muchísimo las diferencias. Llegarán casi en su plenitud, ya que la mayoría de sus figuras está compitiendo a una altura de mucha paridad en las mayores ligas del mundo. Entonces, pasará cualquier cosa, no extrañando un triunfo chileno”.  

Arturo Vidal es irreemplazable, sostienen muchos. ¿Será determinante su ausencia y la de Marcelo Díaz?

Arturo es un fuera de serie y Díaz también es importantísimo, pero estará Charles Aránguiz en esa zona, una pieza vital, quizás acompañado por Francisco Silva y (Pedro) Hernández en esta ocasión. Puede ser. No creo que haya cambio de esquema por la ausencia de Arturo, porque hay jugadores para ocupar esa plaza, sin problemas. Chile no depende de un solo jugador o de dos para sostener su andamiaje, pues su fuerte se basa en el conjunto por sobre lo individual y si esta faceta está en su real nivel, seguramente alzará las pretensiones para hacer historia. Argentina sí depende de una sola figura, Messi, quien es el único que puede alzar la bandera de su equipo cuando hay dificultades, aun estando rodeado de excelentes delanteros.

Eduardo Vargas o Nicolás Castillo, ¿quién de los dos debería acompañar a Alexis Sánchez?

Castillo tiene todas las condiciones para acompañar a Sánchez, más ahora que ha mostrado cierto grado de madurez… Mira, ser profesional no es solamente jugar bien al fútbol, sino también vivir como un profesional. Nico, tras su paso por Europa con escasas oportunidades y luego de volver a Católica, ha encontrado el camino en un torneo potente como el mexicano para convertirse en un delantero importante. Pero Vargas, por su experiencia, debería jugar con Alexis. Y no olvidemos al Chapa Fuenzalida, quien también puede dañar arriba. 

¿Te preocupa la inactividad de Claudio Bravo, aunque ya reapareció en la Copa FA?

No, porque no estamos hablando de seis u ocho meses sin jugar. Claro, el ideal es competir regularmente, pero Claudio en la Selección siempre rinde a un nivel excepcional, manejando muy bien su profesión además. Sé cómo ha estado trabajando últimamente, como nunca, y ya ha recuperado confianza en la Copa Inglesa. Si pudiera darle un informe a Juan Pizzi sobre esta situación, le diría: “No se preocupe por Bravo”.         

Morón, tibiamente inquieto por las bajas de Vidal y Díaz -donde apuesta por Aránguiz como carta sustancial de un colectivo- y plenamente confiado en Bravo, Vargas o en Castillo, enseña parte de su oncena ideal para este encuentro: “Isla, Medel, Jara, Beausejour y Aránguiz son fijos, teniendo una pequeña duda con el otro volante. Respecto a la dupla ofensiva, Alexis podría jugar indistintamente con Vargas o Castillo, de quienes hablábamos recién… Justamente te iba a decir eso: Eduardo puede venir mal de un equipo, pero en la Selección siempre ha hecho goles, su gran carta de presentación”.    

No mencionas a Esteban Paredes, Daniel…

Sí, un goleador extraordinario. Hace dos semanas dije a El Mercurio: “Esteban es como (Zlatan) Ibrahimovic, cuando quiere matarte, te mata”. En cualquier momento te da soluciones y ese tipo de anotadores se debe aprovechar en su mejor momento, si bien él viene en un excelente estado hace varios años. Gracias a su calidad innata y a su tremendo nivel, nada le queda grande, estando para la fiesta de smoking como para la pichanga entre solteros y casados.   

“JUGANDO EN CASA, NO SE PUEDEN NEGOCIAR LOS TRES PUNTOS”  

“Estos partidos, como el del martes, muchas veces nos dan miedo porque normalmente miramos por sobre el hombro a selecciones de menor categoría. Nos pasó con Bolivia en el Monumental, atacando los noventa minutos pero sin concretar. Siendo esta una preocupación, no debería haber problemas por una teórica superioridad futbolística. Ese encuentro se debe afrontar con total seriedad, no negociando los tres puntos por nada. Si quieres llegar al Mundial, no se puede perder en casa ante Venezuela, Bolivia, Ecuador… Me preocupa sólo la actitud con la cual se enfrente”, sentencia Daniel a cinco días del compromiso ante la Vinotinto, en el David Arellano Moraga.

Además de lucir en el Monumental, trabajaste en Juan Pinto Durán con Bielsa. ¿Cómo fue esa experiencia? 

Fantástica, aunque antes había estado con don Nelson (Acosta) en un ciclo difícil, en el cual viví dos situaciones muy desagradables, el Dublinazo y el Puerto Ordazo. Con Bielsa hubo un cambio rotundo en lo laboral, en como él veía la profesión, trabajando duro en una primera etapa, hasta quince horas diarias. Fue un aprendizaje fenomenal, adquiriendo muchos conocimientos del trabajo de cancha desarrollado por él, totalmente distinto al que había experimentado en mi carrera. Ese nivel de profesionalismo también les significó una plataforma a los muchachos de esta selección para llegar a altos mercados. Y como todo tiene su fin, lamentablemente me desvinculé cuando volvimos del Mundial de Sudáfrica.

“SALAH FUE MI MEJOR ENTRENADOR”

Significativo en la vida personal y deportiva de José Daniel ha sido nuestro mes patrio, puesto que nació el 30 de septiembre de 1959, época de la que también capitaliza otros sucesos. “He sido afortunado -enfatiza-, porque llegué a Chile el 15 de septiembre del 87 y justo el día de la inauguración del Monumental, cuando ganamos a Peñarol el 89, cumplí treinta años. Pero no debuté ese mes, sino en diciembre del 87 contra San Luis, en Quillota. A propósito, les cuento una anécdota: a principios de esa década, estuve a prueba en San Luis, llegando a un acuerdo con sus dirigentes, quienes quedaron de mandarme los pasajes… ¡todavía los estoy esperando (sonríe)!”.

¿Cómo y por qué viniste a Colo Colo?   

Arturo (Salah), técnico del club en ese momento, le pidió al Vitrola (Jorge Luis) Ghiso un arquero, y una buena persona también. Arturo siempre se ha preocupado de ese tema, tanto como la condición técnica. Yo estaba en Unión de Santa Fe bajo las órdenes de Leopoldo Luque e iniciábamos el campeonato con Racing en Avellaneda, donde hice un partidazo, atajando casi todo. Menos un golazo de Néstor Fabbri, quien me clavó un voleo impresionante en el ángulo. Eso fue un domingo y el miércoles viajé a Chile, ratificando cómo era Colo Colo, un grande como Boca, Peñarol, Olimpia, River… Ahí dije: “Esta es mi gran oportunidad”.          

Una gran oportunidad y deber: hacer olvidar un poco a Roberto Rojas… 

Sí, un enorme compromiso… Déjenme terminar esa historia, tal vez sea atractiva para una nota: antes de viajar con Ghiso y otro representante, vimos la portada de una revista  que decía “Morón atajó todo, menos el balazo de Fabbri”. Entonces compramos varias para usarlas como carta de presentación y para apoyar frente a los dirigentes mi buen momento (sonriendo). Y desde un principio me marcó Arturo Salah, de cuando me dijo: “Se acaba de ir un arquero muy importante, Roberto, y tenemos otro joven esperando su oportunidad. Trabaje, entrene, en algún momento podrá demostrar su capacidad”. Eso, que un técnico respaldara a un jugador formado en casa, me pareció fantástico porque no muchos lo hacen.

¿Cuán importantes fueron el Cacique y Salah para ti?

Demasiado importantes. Me sentí muy bien física y anímicamente, siempre, especialmente el 91, cuando alcancé el peack de mi carrera. Además, me sentí en todo momento querido por la gente y respetado por mis compañeros y por Arturo. Yo nunca fui un arquero por talento, mi gran sostén fue el entrenarme bien y ser muy profesional. Así afirmé mi nivel. Incluso, aparte de practicar en las mañanas con el club, me entrenaba solo en las tardes: me iba con Griselda (Corazza, su esposa), mi hijo y con el mate a la orilla del río Mapocho, cerca de mi casa, donde me mataba corriendo (...) Arturo, el mejor técnico que tuve porque también abarcaba mucho la parte humana, nos hizo entender de que el fútbol no era particular, sino una cuestión de conjunto.

¿Y Mirko Jozic?

Mirko nos cambió el switch, aplicando un juego con transiciones rápidas, más lineales, llegando más rápido al otro arco. A diferencia de Arturo, nos dio una fórmula más productiva, teniendo la posesión para no ser dañados por el rival y a la vez provocar con mayor volumen. En el terreno local, quizá, nos alcanzaba para ser campeones, pero en el internacional ya estábamos obsoletos o éramos muy predecibles. Entonces, Mirko fue determinante en ese cambio y en la consecución de títulos históricos, habiendo por otro lado un complemento de ambos.

REVOLUCIÓN EN LA CIUDAD DEL DEPORTE

Una aventura inaudita vivió en Viña del Mar este amante de la pesca y caza en el límite de 1995-1996, cuando el entonces presidente de Everton, Jorge Castillo Salazar, revolucionó el mapa deportivo nacional. Morón: “Poco antes de la Navidad del 95 oí en un radio a Jorge, quien dijo: ‘Contratamos a Daniel Morón’. Me sorprendí muchísimo porque ni siquiera lo conocía. El 23 de aquel mes me llamó para decirme ‘necesito hablar con usted hoy u hoy’. Le dije que tenía un compromiso hasta tarde, a lo que él replicó ‘no se haga problema, lo espero el tiempo que sea’. Lo invité a mi casa, donde me esperó y hablamos de las 23.30 hasta las cinco de la mañana. Everton había descendido ese año y yo había hecho una buena campaña en Osorno, además fui citado a la Selección, entonces mis aspiraciones eran afianzarme en una vitrina importante aunque fuera de Segunda División…”.

¿De qué conversaron, qué te prometió…?             

Me ofreció todo lo que le pedí. También dijo: “Necesito a todo el plantel el 31 en Viña para ver los fuegos artificiales (Jaime Pizarro, Gustavo de Luca, Bombero Ibáñez, Marcelo Fracchia, Leonardo Véliz…)”. Yo no podía ir porque toda mi gente de Argentina iba a venir a pasar la noche de Año Nuevo en mi hogar. ¿Sabés qué hizo? Nos llevó a todos a Viña. Y el 2 de enero partió la pretemporada en un complejo de Villa Alemana, donde a los tres días empezamos a notar sensaciones raras. Había echado al Pollo Véliz, quedando la escoba. No sé qué le pasó a Jorge, si había montado todo súper bien, revolucionando la ciudad, pintando las calles, la sede y armando un verdadero equipo de Primera División.           

José Daniel Morón Salinas, hoy dedicado a eventos deportivos -capacitaciones a entrenadores y árbitros, charlas de motivación en colegios y en municipios, y a la organización de showbol-, analizando para la Ciudad del Deporte el promocionado duelo entre Chile y Argentina. Un choque iniciado en 1958 por eliminatorias, en Buenos Aires, donde la Roja, como campeona continental, puede dar un vuelco a la historia esta noche.        


por Mario Ramírez Escudero

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