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Raimundo Achondo: No me extrañaría ver a la Selección ganando la Copa Confederaciones o disputando la final del Mundial

Jueves 04 de Mayo de 2017
Optimista y comedido, el gerente general de Mundo Tour habla sobre las opciones de viajar al torneo intercontinental de naciones, revelando además su etapa como futbolista de las Ues. y como directivo de la Federación de Tenis, cuando Chile conquistó su cima deportiva: Atenas 2004.
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Eufórica, la Marea Roja ya se apresta a concurrir a Rusia, donde su selección debutará en la Copa Confederaciones el 18 de junio, contra Camerún, desafiando posteriormente al monarca mundial, Alemania, y a Australia en la fase inicial. “Después de los anfitriones, los hinchas que más entradas han comprado son los chilenos, superando las ocho mil hasta ahora. En junio, serán unas diez mil”, estima Raimundo Achondo Doren (4 de mayo de 1958), mandamás de la agencia de viajes Mundo Tour, representante exclusiva para Chile de los paquetes de hospitalidad de la FIFA. Mumo Achondo, fino zaguero zurdo de la UC, de la U y de Audax en los ochenta, además de directivo de la Federación de Tenis en 2004, cuando el summum del deporte nacional, descubre: “Esta compañía tiene treinta años. Como decidí no ejercer mi profesión -profesor de educación física-, la fundé poco después de mi prematuro retiro como futbolista, a los 27 años, debido a una lesión”.   

“En el sitio web de la FIFA se pueden adquirir las entradas sueltas o normales, independiente de sus categorías y valores. Nosotros, en tanto, entregamos un servicio más completo, llamado hospitality, donde además de los boletos están incluidas la estadía y una atención especial antes y después de cada partido en una carpa donde te ofrecen cóctel, pantallas y numerosos productos”, explica Achondo.

¿Existe algún método de postulación o de sorteo?

Del universo total de entradas, existe un alto porcentaje que vende de manera normal la página de la FIFA, por lo tanto las otras van a un sorteo puesto que la demanda es superior a la oferta. O sea, si hay mil disponibles y dos mil chilenos inscritos para comprarlas, se efectúa aquel sorteo para determinar quiénes pueden adquirirlas. Luego, el resto se comercializa por medio del formato de hospitalidad, cuya representación exclusiva en Chile nos pertenece. Son más caras, sí, pero te ahorras el sorteo, pudiendo acceder además a ese sector con amplio tipo de comida, bebidas, regalos…

¿Qué otros beneficios otorgan esos paquetes?

El derecho a estadía, pasajes, traslados internos. En todo caso, este concepto está más orientado a las empresas que a las personas, sin perjuicio de que éstas puedan comprar. El servicio hospitality, además, lo desarrollamos en el Estadio Nacional y en el Monumental, cuando la Selección juega en ellos, donde también se levanta esa carpa gigante en la cual recibes variadas atenciones. 

¿Cuánto cuesta un paquete, aproximadamente?

Depende del programa, porque hay para uno, dos y hasta para cinco jornadas. Si quieres ver los tres encuentros de la primera fase, debes desembolsar desde siete mil dólares, asegurando los pasajes, el traslado, la hotelería y, en este caso, los vuelos internos por Rusia. Ese es para la categoría 1, es decir, para ingresar a la mejor localidad del estadio. Y el ticket más económico, es el de cuarenta y cinco mil pesos, aproximadamente, el cual te permite entrar a la galería en los partidos de la ronda de grupos.

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El Mumo Achondo -casado con la equitadora Caroline Mackenzie, con quien tiene cinco hijos- también fue un correcto futbolista de las universidades, de Audax y de San Felipe. Como tal, se define: “Por sobre todo, fui un zaguero técnico, con buena ubicación y cierto liderazgo, supliendo con eso mi falta de potencia, de velocidad y de resistencia”. Además, confiesa agradecido: “Desde mi debut en la Católica, tuve la fortuna de ser compañero y de ser dirigido por importantes figuras, conservando hasta hoy una gran amistad con varias de ellas: Manuel Pellegrini, Arturo Salah… Con César Antonio Santis, incluso, a propósito de Viña, quien entrenaba con nosotros en la U. También jugué en una época de estadios llenos, cuando el promedio no bajaba de las cuarenta mil personas, no olvidándome de las bellas reuniones dobles y triples de Santa Laura ni de los clásicos en el Estadio Nacional ante no menos de setenta mil”.

“Oficialmente, Néstor Isella me hizo debutar el 79 en el mismo Estadio Nacional, perdiendo 5-2 contra Palestino. De esa etapa, recuerdo a Ignacio Prieto, Eduardo Bonvallet, Gustavo Moscoso, el Chino (Óscar) Lihn, Enrique Enoch, el Tano (Luis Alberto) Roselli, Arica Hurtado… Después, jugué cuatro años en la U, haciendo dupla con Alberto Quintano y Pellegrini cuando mi entrenador un par de temporadas fue Fernando Riera, el más grande de la historia de nuestro fútbol. Y en la UC, me dirigieron Andrés Prieto y Pedro Morales. Como decía, tuve la suerte de compartir durante mi breve carrera con destacados valores, hasta mi retiro el 86 en la U”, detalla el protagonista de un fortuito suceso de fines de los setenta.  

Cuando surge el nombre de Raimundo Achondo, lamentable e inmediatamente éste es enrostrado por ese incidente de mayo de 1979, año en que lesionó a Carlos Caszely. Delatando paz interior en una sonrisa, aclara: “Con el pie izquierdo traté de sacarle la pelota, me la punteó antes y al girar, le agarré la pierna por atrás. Ni siquiera fue fractura, sino una fisura. Es más, antes de dos meses volvió a jugar, convirtiéndose en el goleador y campeón de ese torneo. Y no tuve ningún problema con Carlos, al contrario, incluso fui a su casa poco después a verlo junto a Nacho Prieto”.

Luego de esa evocación -sobre la cual sentencia, “son gajes del oficio”-, Achondo abre sus pliegos sólidamente ligados al deporte para dar su enfoque sobre la selección nacional de la última década. “Definitivamente, la generación de hoy es excepcional, y ha sido muy bien conducida. Marcelo Bielsa y Jorge Sampaoli contribuyeron en muchos aspectos, no sólo cambiando la mentalidad, sino también imponiendo un modelo de trabajo intensísimo y muy profesional, e instando a sus dirigidos a respetar a la Selección como nunca. A tener ambiciones, a hacerlos jugar de manera distinta en todos lados, sacándoles el máximo de rendimiento. Evidentemente, el mundo del fútbol evolucionó, no inventándolo ni revolucionándolo ellos, pero sí marcando grandes diferencias. Sí, quizá, les faltó mayor preocupación por las divisiones menores, habiendo establecido así un plan más integral”.

¿Y en qué ha contribuido Juan Pizzi?       

Guiando al seleccionado a un segundo campeonato y en este momento, faltando apenas cuatro fechas para el final de las eliminatorias, clasificándolo al Mundial. Juan es distinto en su metodología, pero es un técnico muy respetado que tomó un fierro súper, súper caliente. “Hazte cargo tú, a ver si eres capaz”, le dijeron. O sea, asumió un inmenso desafío en un período de aguas muy turbulentas.      

¿Quién es el mejor o el más importante de los tres?

Bielsa es quien mayores méritos tiene, es el más incidente. Quien más trasciende, es quien origina el cambio y profesionaliza la actividad, obteniendo por añadidura un mayor rendimiento de los jugadores. Para eso, además, se deben juntar un cuerpo técnico y dirigentes capacitados, comprometidos por un proyecto a mediano o a largo plazo. Y eso se dio en el caso de Harold (Mayne-Nicholls), no cabiéndome ninguna duda tampoco de que los futbolistas también piensan lo mismo sobre Bielsa.

¿Esta selección aún puede extender su racha triunfal?            

Sí, puede dar más porque aún persiste su hambre y ganas de ganarlo todo, entonces no me extrañaría verla como campeona en la Copa Confederaciones o disputando una semifinal o la final del Mundial. Para nada.         

“LOS GRANDES LOGROS DEL TENIS NO SE DEBEN A PLANES FEDERATIVOS NI A POLÍTICAS DE ESTADO”

Este entrevistado no solamente es el fundador de Mundo Tour ni un recién aparecido en la escena deportiva nacional. Por esto, en su oficina, donde acoge correctamente a Viña del Mar, brotan temas de una trayectoria sin mayores luces, pero sí alguno de sumo brillo en el ámbito dirigencial. Como Atenas 2004. “Con Neven Ilic -flamante presidente de la Organización Deportiva Panamericana, ODEPA, y titular del COCh-, Andrés Fazio -actual vicepresidente de la ANFP- y otros directivos comandamos ese año la Federación de Tenis, la que poco antes estaba quebrada técnicamente. Pero, como fanáticos de ese deporte, luchamos para reavivarla”, comenta.    

¿Cediéndole un pasaje a un entrenador para viajar a Atenas, por ejemplo?                              

Por protocolo, dos o tres directores tienen derecho a viajar a los Juegos con pasajes costeados por una federación, pero uno que nos correspondía a nosotros se lo cedimos a alguien más importante que un dirigente: al Pato Rodríguez, técnico del Nico (Massú).     

¿Qué pasa con el actual tenis chileno?     

Como su federación no escapa a las penurias de muchas otras, les damos ventaja a numerosos países respecto a los recursos, pero la materia prima está, siempre la hemos tenido. En cien años, nuestro tenis ha tenido brillantes jugadores y logros: Anita Lizana, Lucho Ayala, Jaime Fillol, Pato Cornejo, una final de Copa Davis, el número uno del Chino Ríos, las medallas olímpicas… Pero todos, en su 99 por ciento, se deben a esfuerzos personales y familiares, no a proyectos federativos ni a recursos o a políticas de estado.

¿Cómo se puede revertir esa endémica realidad?    

Financiando a los cien mejores deportistas del país, por ejemplo, a quienes quieren imitar a Ríos, González, Massú, y apoyando también a los niños futbolistas que sueñan con ser tricampeones, porque ya no les basta con dos títulos. Y el tenis, ¿qué gana con su rica historia si está administrado por una federación deficitaria y muy controlada por las asociaciones? Además, debería estar absolutamente abierta para quien quiera postular a su directorio, sin exigir tantos requisitos.              

Tu mayor pasión, ¿el tenis o el fútbol? ¿E hincha cruzado o azul?

Las dos, exactamente iguales. Y soy hincha del fútbol en general, aunque tengo una butaca en San Carlos de Apoquindo, en la tribuna Sergio Livingstone.      

por Mario Ramírez Escudero

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