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Jorge García: La Selección tiene un enorme espíritu y un hambre insaciable por seguir conquistando títulos

Domingo 02 de Julio de 2017
El Chicho García, descubridor y formador de talentos en la Ciudad del Deporte, adelanta la final intercontinental, enseñando también su oncena ideal. “En el tiempo extra, son trascendentales los volantes”, advierte el ex DT de Everton y Cobreloa, y seleccionado nacional en los 80s.
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Mesurado como siempre, uno de los estelares de la Casa del Deporte junto a Gustavo Dalsasso, también miembro de un equipo técnico que funciona como la Roja, teoriza sobre la finalísima de la Copa Confederaciones todavía rezumando aquellos frenéticos 120 minutos ante Portugal, además de los dos postes postreros y de los heroicos penales contenidos por Bravo. Jorge García Ahumada, estandarte de Everton y pieza vital en la exclusiva Copa Chile obtenida por “su” club en 1984, tantea igualmente la presentación nacional en los duelos anteriores: “Ante Camerún y Alemania, cuando vimos un primer tiempo excepcional hasta el empate, la Selección confirmó su gran nivel. Y frente a Australia, hizo su partido más bajo, jugando muy confiada ante un rival motivado que muy poco podía perder y que la presionó desde el comienzo, desnudándole algunas falencias”.                         

Sobre el decrecimiento físico manifestado en los iniciales encuentros, si bien Charles Aránguiz -uno de los cuestionados al respecto- se alzó como uno de los gigantes en ese ítem contra los lusos, el también campeón nacional con Cobreloa en 1985 y 1988 explica: “Se debe a que un gran porcentaje de los jugadores actúa en un nivel alto y muy competitivo, en Europa, donde los campeonatos son de más de treinta fechas, jugando además en torneos continentales. Algunos, incluso, se integraron a la Selección a último momento por ese motivo. A pesar de esa carga, el desgaste lo suplen con una fuerza anímica, voluntad y un coraje increíbles, con los cuales siguen sorprendiendo a todos. Por esto, el equipo chileno se torna impredecible en relación a lo que pueda alcanzar”.   

Para mí -refiere García (Viña del Mar, 10 de febrero de 1961)-, Aránguiz fue la mayor figura ante Portugal, teniendo dos ocasiones de gol y también evitando un par de caídas. En el partido anterior salió agotado y después lo vimos completamente repuesto, representando las aptitudes sorprendentes de un equipo con mucho espíritu y que se agiganta cuando enfrenta a rivales poderosos. Más ahora teniendo en el arco a uno de los dos o tres mejores arqueros del mundo, aunque muchos so se atrevan a afirmarlo”.

Otro parcialmente discutido es Pedro Hernández, de labor silenciosa y eficiente. ¿Lo apruebas?   

Quitando y entregando, también rindió en el último encuentro, sin embargo en el mediocampo yo pondría a Díaz, Aránguiz y Vidal, ubicando en el ataque a Puch como compañero de Vargas y Sánchez. O sea, apostaría por tres delanteros en desmedro de Hernández. Otro relegado a la suplencia ha sido el Chapa Fuenzalida, quien, aunque trajina harto por la franja derecha, no tiene la resolución ofensiva de Puch para solucionar un mano a mano. Puch, además, puede obstaculizar la subida alemana por la banda izquierda.                                    

¿Cómo prevés la final y qué esperas de Chile?

Debería ser pareja, como todas las finales, esperándose de Chile cualquier cosa. El alemán es un equipo ordenado tácticamente, muy potente de tres cuartos hacia arriba, además juega bien, pero si nuestra selección está suelta y con su característica convicción de ganarlo todo, será certera a la hora de definir. Pero insisto, como cuesta predecir su actuación, en cualquier instante puede bajar, como también en cualquier momento pueden aparecer sus grandes figuras.                

¿Qué fisonomía tiene la Roja además de un gran espíritu y, según tú, de un rostro impredecible?         

Posee un patrón muy bien definido en todas sus líneas, siendo liderado en el bloque posterior por Medel, custodiado también por Bravo. Asimismo, un volante de jerarquía mundial como Vidal y un delantero que en cualquier minuto liquida: Sánchez. También está Díaz, correctísimo cuando se debe hacer la pausa sin prácticamente proyectarse porque dosifica muy bien su parte física. Esta columna, complementada por jugadores que han encajado a la perfección en un dispositivo ganador, brinda plena confianza para la final, sumada a ese enorme espíritu y a un hambre insaciable por seguir conquistando títulos. Entonces, deberíamos estar optimistas frente a otra instancia de esta magnitud.                          

¿Qué debería gravitar en un eventual tiempo agregado?    

Tras un natural desgaste en los noventa minutos, en los alargues son transcendentales los volantes, normalmente. Si pones a un jugador de refresco capacitado para apoderarse de la pelota en el medio y para desdoblarse, puedes sorprender al proyectarte por fuera. Cito el caso de Francisco Silva, jugador de corte físico: frente a Portugal, entró sobre el final y como estaba entero y aprovechó su despliegue, le cometieron un penal no sancionado. Y en la más clara oportunidad, Aránguiz centró para el mismo Gato, quien después de un excelente control le dio el pase atrás a Vidal. O sea, ahí vimos nuevamente desdoblarse a dos volantes. Regularmente, eso generan los hombres de refresco, apoyando también en ataque y en las coberturas defensivas.

“Y -completa García- también están Sánchez, Vargas, Vidal, Aránguiz, Isla, Beausejour…, quienes con un corazón gigante pueden doblegar al campeón mundial. Ya conquistaron América y botaron al campeón de Europa, y ahora van por más, ya que no le temen a nadie. No querían enfrentar a México, sino al rival más poderoso en la final, porque lo quieren todo”.

Jorge Chicho García, coordinador de las escuelas de fútbol de la Casa del Deporte, nos ha nutrido con su pedagogía futbolera, enseñándonos el espíritu y la competitividad de una Roja sin parangón. De un once que nos infla el pecho cuando le da lustre ecuménico a su juego ganador, haciéndonos descargar por todos los poros un sentimiento de chilenidad. Porque nada tenía hace dos años, esta selección ahora lo quiere todo: esta Rusia y también la de 2018.                

por Mario Ramírez Escudero

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