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Mario Alberto Kempes: Hoy, el futbolista chileno llega a la Selección para competir contra los grandes

Lunes 14 de Agosto de 2017
Con la humildad de siempre, el goleador y campeón en el Mundial ’78 desentierra sus conquistas y una afamada trayectoria. Hombre silente, el Matador se confiesa a fondo con la Ciudad del Deporte, no sólo hablando de la Roja, de dos Pichichi y de Fernández Vial.
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Mario Alberto Kempes Chiodi (63 años), en junio de 1978, perpetuó dos postales memorables de la Copa del Mundo, estampadas en el Monumental bonaerense con sus pelos frondosos al viento, los brazos levantados al cielo, el grito lleno de gol en la boca. Aquella tarde, el prematuro goleador del club Bell devastó a Holanda con una potencia de matador en el duelo final, convirtiéndose también en el máximo anotador de la cita global, con seis conquistas. Ese día, al mismo tiempo, pasó a ocupar un trono enorme en la historia del mayor trofeo del deporte mundial.          

Recientemente, tras su visita al FestiGame realizado en Espacio Riesco, engalanado también por Ed Boon -creador del juego Mortal Kombat-, una de las voces de los juegos de video FIFA conversó en exclusiva con la Casa del Deporte. Reviviendo imágenes imborrables, articulando historias y remembranzas enfundado en una sencillez desbordante. “Nací en Bell Ville, un pueblito cercano a Córdoba”, descubre el Matador, cuya trayectoria de 24 años abarcó tres mundiales, títulos en el Valencia y en River, dos Pichichi consecutivos en la liga hispana, su actuación en Fernández Vial de Chile…  

Hijo de Eglis y de Mario, Kempes sigue abriendo su intimidad a la Ciudad del Deporte. A su manera, sí, con escasas palabras, rostro apacible, sonrisa fácil. “El primer amor nunca se olvida, dicen. Soy hincha de Instituto de Córdoba, donde debuté el 72 junto a José Luis Ceballos, campeón con Everton de Viña el 76. Yo era de Boca, pero no lo seguí más porque mi abuelo, Camilo Chiodi, sufría hasta las lágrimas cuando perdía. E ídolos no tuve, ya que donde vivía la radio se escuchaba apenas y la televisión llegaba de milagro. Pero ya más grande, empecé a admirar a Pelé”.

¿Y cómo anda tu vida hoy?

Tranquila, disfrutando a mi familia: Mario, Verónica y Luna, mis nietos; y a mis cuatro hijos. Y a mi segunda esposa (sonriendo). Además, comentando con mucho placer el fútbol en ESPN. También me pone contento residir en Bristol, Connecticut, donde estoy desde que terminó prácticamente mi carrera de entrenador, tras haber dirigido en Indonesia, Bolivia, España, Italia…       

Su acento templado se detiene, preguntando: “¿Puedo llamar a Javier Aravena, director de la Casa del Deporte? Es para agradecerle este gesto de Viña, que ha venido a visitarme”. Y lo llama, ratificando aquella sencillez reconocida en todo el planeta fútbol. Luego, evoca sus tres presentaciones en Chile: “El 74, para la Copa Libertadores, vine con Rosario Central a enfrentar a Colo Colo y a la Unión Española. Les ganamos fácil, en Rosario y acá. En ese grupo también participó el mejor Huracán de todos los tiempos, dirigido por (César) Menotti”.

Prolonga: “Tiempo después, el 80, vine con el Valencia a jugar contra la selección chilena. Sí, ese Valencia lo dirigía Alfredo Di Stéfano, quien también fue mi entrenador en el River campeón el 81… ¿Cómo era Alfredo? Fue uno de los mejores futbolistas de todas las épocas, afirman todos, pero era un hombre medio prepotente, incluso maleducado por momentos”.  

Generaste gran efervescencia en Concepción, en 1995, cuando te pusiste la “10” de Fernández Vial. ¿Qué recuerdas de esa vivencia? 

Fue lindísima a mis 42 años, por el entusiasmo y cariño de la gente, especialmente. Yo estaba entrenando solo y jugando en un equipo de veteranos en Mendoza, adonde me fue a buscar Pedro Lucio (Olivera, entonces DT aurinegro), entusiasmándome y convenciéndome para venir. Pedí dos semanas para entrenar más fuerte, no costándome porque no había sufrido lesiones importantes. A pesar de darlo todo con mis compañeros y de no llegar al hexagonal final, para disputar el ascenso, fue muy emotivo mi paso por una ciudad que me trató maravillosamente. Y, según mi memoria, debo haber jugado unos diez partidos y anotado cuatro goles, por ahí.

“La Copa la toqué veinte años después”

En 1974, un juvenil Kempes debutó en la Copa del Mundo, en Alemania Federal. Marito, como siempre le han llamado por razones ya descritas, repasa ese campeonato en el que la Roja fue eliminada por el anfitrión y la Alemania Democrática, en primera fase:       

“Teníamos una muy buena selección, pero nos afectaron los problemas de organización de la etapa previa. En todo caso, pasamos a la segunda ronda, enfrentando a rivales poderosos: Holanda, Brasil y Alemania Oriental. Quedó como triste recuerdo el partido con Holanda, que en la gira previa nos ganó 4-0 en Amsterdam. Como nos volvieron locos, dijimos: ‘Si nos volvemos a topar en el Mundial, ojalá no ocurra lo mismo’. Y también perdimos 4-0 con un baile terrible dirigido por Johan Cruyff, líder de una camada brillante. Pero llegaría la venganza cuatro años más tarde”.

Cuatro años después, en Buenos Aires, fue ardua la fase inicial para ustedes…               

Muy complicada, tanto que derrotamos apretadamente a Hungría y a Francia; y como Italia nos venció en la disputa por el primer lugar del grupo, no pudimos quedarnos en Buenos Aires. Fuimos a jugar la siguiente ronda a Rosario, con Polonia, Brasil y Perú.

¿El 2-0 sobre los polacos, cuando empezaste a convertirte en héroe, cuán vital fue?         

Fue importantísimo, para el espíritu del grupo, para mí y para la hinchada. Jugamos a un gran nivel frente a una excelente selección. Además de convertir los dos goles, evité el empate con la mano, estando 1-0. El primer tanto fue lindo, porque yo no cabeceaba nunca, no era hábil por arriba. El empate lo impedí instintivamente, porque no llegaba ni con el pie ni con la cabeza, entonces volé. Después, el Pato (Ubaldo Fillol) hizo el resto, atajando el penal. Menos mal que no te expulsaban en aquel tiempo.      

A Perú debían hacerle cuatro para pasar a la final. ¿Qué nos dices sobre ese 6-0, aún  nebuloso, polémico y tan historiado?

¿Qué puedo decirte? Lo he dicho tantas veces en más de treinta años, uno ya está aburrido de hablar sobre eso. No debería asombrarte el resultado, por cómo estábamos jugando en ese momento. No sorprenden los cuatro que debíamos hacer, y si hubiésemos necesitado seis esa noche, hubiésemos hecho ocho. ¿Qué quieres que te diga? Yo no vi nada raro, ni los barcos de trigo ni entrar gente al vestuario de Perú a apretar a sus jugadores. Nada extraño.

¿Y la final, Mario? Tú guapeándoles a los holandeses en tus dos conquistas, matándolos con un suelazo de hombre en el alargue…

Y el palo de Rensenbrink en el minuto noventa, impidiendo el 2-1 de Holanda y su título. Es la suerte del campeón, dicen… El primero lo marqué luego de la jugada iniciada por Ardiles. Me llegó la pelota, entré al área y, cuando vi el cruce de un rival, me tiré al piso para empujarla. Cosa que no hacía nunca. Si no me tiro, el defensor llega antes. En el alargue, me la dio Bertoni para el segundo, toqué al gol pero rebotó en el arquero. Ahí llegaron dos a luchar conmigo, venían con todo, entonces recurrí a la única posibilidad: estirar la pierna. Y no sé, fue el coraje de haber llegado. Y el 3-1 también lo pude haber anotado yo, pero qué importa que lo haya hecho Bertoni.                

¿Es cierto que ese día no tocaste la Copa del Mundo, tan preciada y tan tuya en ese momento?                  

¿Cómo? ¿No tomé de la copa? (sonríe). Sí, es cierto. Como se tiraron todos encima y yo estaba de los últimos, no alcancé a tocarla. Tampoco era mi ilusión eso de bajar la copa, la copa, la copa… No me volvía loco por besarla, sino por ganarla. Recién en el Mundial de Francia 98 me tomé unas fotos con ella, durante una entrevista que me hizo la revista de la FIFA.       

Mario tuvo la última ocasión para “mirar” nuevamente el codiciado galardón en España 82, donde su selección naufragó -tal como el Chile dirigido por Luis Santibáñez- cuando Maradona se despidió de su estreno mundialista expulsado en el 1-3 ante Brasil. Kempes: “Nos equivocamos, no supimos asumir el rol que nos correspondía. Tuvimos mucha libertad, la playa, distracciones, no fue una concentración como la del 78. En el debut, Bélgica nos ganó haciendo un partido espectacular y en segunda fase, Italia y Brasil nos superaron sin apelación. Imagínate, uno de los mejores Brasil de toda la historia y los italianos, quienes se quedaron con el título pocos días después”.                      

“El jugador chileno de ahora tiene creencia y convicción”

“En la última época, Chile ha hecho un trabajo muy importante, reconocido a nivel mundial, como el de Marcelo Bielsa. Antes, sus futbolistas no tenían la confianza, llegaban a la Selección sólo para acompañar. Decían: ‘Clasificamos al Mundial. Ah, ya, qué bueno, festejemos’. Hoy, funcionan de otra manera, llegan para competir contra los grandes, atreviéndose en los mundiales. Como en Sudáfrica y Brasil, donde creyeron que se puede ganar. Y han ganado, aunque sea por penales si nos remitimos a las dos finales con Argentina. Los partidos son partidos y para salir campeón hay que ganarlos, acertando los penales también”, apunta Kempes en relación a esta Roja, añadiendo: “No me acuerdo de otro Chile igual a este, aunque sí de buenos jugadores que siempre te llevan a triunfar, porque la creencia de cada uno es vital para ganar partidos, títulos…”.                 

“Vidal, Sánchez, Bravo y Beausejour son tremendos jugadores, pero sin olvidar en esta selección a otras figuras que trabajan muy bien dentro de un funcionamiento atrevido y con convicción. Destaco a Aránguiz, quien sorprende con su entrega y fútbol, ubicándose en las dos áreas. Todos aportan a un juego esencialmente colectivo, característica con la cual ha cambiado totalmente su forma de pensar y de actuar”, aprueba.             

Comparaciones odiosas, distinción en vida y Viña, Ciudad del Deporte

Maradona o Messi, ¿quién es mejor?

Diego en los ochenta y parte de los noventa, y Messi ahora. No jugaron juntos, así es que no sabemos qué hubiese pasado con uno en la época del otro. Son fenómenos, pero las comparaciones son odiosas. Entonces, deja a Maradona como la gran figura que fue y vamos a disfrutar a Messi, quien sigue siendo una estrella. Como lo fueron Pelé, Cruyff, Pato Fillol, Franz Beckenbauer…  

¿Cómo se describe otro zurdo: Mario Kempes?

Como un jugador normal, quizás con bastante fuerza y entrega. Yo no era habilidoso, sino un goleador atípico porque no era “9”. Arrancaba de atrás, algo raro, pero estaba contento jugando así.  

¿Pelé o Maradona?

¿Jugaron juntos? (sonriendo). No, no. No jugaron en la misma época, entonces es imposible compararlos.  

El Chateau Carreras de Córdoba, en 2011, pasó a llamarse estadio Mario Alberto Kempes. ¿Qué representa esa distinción en vida?  

Una alegría enorme, igualmente disfrutada por mis hijas y mi familia, que estuvieron en la ceremonia coincidente a la inauguración de la Copa América de ese año. Lo sabíamos de antes, de cuando aún estaba el esqueleto del estadio. Entonces me avisaron, entregándome una placa con mi nombre. Es muy linda, porque normalmente los homenajes te los hacen cuando tienes las patitas para atrás.     

¿Y qué sabes de Viña, Mario?

Del Festival de la Canción, del turismo, de las playas muy bellas, de veranos espectaculares. Espero darme pronto una vueltita por allá, para conocer todas las maravillas que me ha contado José Luis Ceballos, quien vivió el 76 y 77 en Viña. Y también sé de los colores del Everton, los mismos de Boca, el club que hacía sufrir a mi abuelo hasta las lágrimas.     

Mario Alberto Kempes, un gran trozo de la historia de los mundiales, eternizó hace 39 años esas imágenes de los puños enarbolados buscando el cielo, de la abundante cabellera al viento, del grito de gol a todo pulmón. Con instinto matador y viril hundió a la Naranja Mecánica holandesa en una final de la Copa del Mundo, pero no a la Casa del Deporte, dándole a ésta sencillez, sonrisas, candor, integridad.                     

por Mario Ramírez Escudero


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