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CÉSAR ANTONIO SANTIS: “Quienes practican deporte son mejores personas”

Martes 13 de Febrero de 2018
Distinguido, el Niño Maravilla de nuestro Festival de la Canción (1968-1975) nos narra en exclusiva su perpetua unión con el deporte y con la U. de Chile, “donde entrené junto al plantel profesional durante una década”. Además, su voz intacta repasa la “gran oportunidad que me dio Viña”
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En la pequeña y apacible Santa Cruz, distante a trescientos kilómetros de la Quinta Vergara, el otrora presentador del Festival de Viña nos recibe refugiado en la infinita magia de la música, entonando espléndidamente -justo es reconocerlo- una de sus canciones predilectas: The Wonder of You (“Lo maravilloso de ti”), de Elvis Presley. Así, este melómano impenitente y hombre versátil nos abre su intimidad, enarbolando inicialmente en este diálogo exclusivo su faceta más querida: el deporte, “la máxima expresión de mi vida”, enfatiza.   

“El deporte está enmarcado en un reglamento de un juego distinto al de una actividad física, donde no están comprendidas ni la competencia ni esa reglamentación. Si hablamos de la actividad física como recreación, nadie puede negar sus valores físicos y síquicos, pues, como ninguna otra cosa, nos da aquella maravilla de beneficios. Además, genera otros valores en sus cultores, como los del grupo, donde adquieres una parte de una máquina, no siendo el todo de ella”, sostiene Santis, nacido hace 71 años en Santiago.

El comedido Flaco Santis, quien descubre asimismo que “estudié producción y dirección de televisión en Italia, en la RAI”, dictamina con su voz inconfundible y límpida, hoy indemne:

“También, el deporte nos enseña a ayudarnos mutuamente y a colaborar para lograr un objetivo común de una comunidad. Igualmente, a saber perder y, lo que es más difícil a veces, a ganar. Si esos conceptos se aplican en la vida cotidiana y normal, se consiguen elementos muy valiosos, entre ellos el compañerismo, la solidaridad y las limitaciones, porque es demasiado importante conocer las tuyas. Como lo es darle la mano a quien te gana temporalmente, porque después volverás a jugar con él y, quizá, ganes tú. Ese ejercicio de vencer y ser derrotado, es la vida misma. Entonces, quienes hacen deporte son mejores personas que quienes no lo hacen, creo”.   

Dueño de un corazón azul, el hijo de Gustavo y de Joaquina Torrent revela cómo nació su inquebrantable idilio con el club de la U. de Chile: “La primera vez que fui al estadio, a mis seis o siete años, vi un partido de Audax Italiano contra la U. Como los azules ganaron 2-0 con goles de su puntero derecho, Jaime Ramírez Banda, me enamoré del club y de Jaime para toda la vida, teniendo incluso después la oportunidad de ser entrenado por mi ídolo”.    

“¿Si pensé en algún momento en ser futbolista profesional? Cuando estaba en el colegio, en el seleccionado del Instituto Nacional, probé suerte en Unión Española, pero no quedé. Eso me marcó de alguna manera, como diciendo ‘ojo, quizá esto no sea lo tuyo, tal vez no tengas todas las condiciones’. El fútbol me encantaba, entrené como un profesional más en el primer equipo de la U durante diez años, jugando también partidos amistosos. Y siempre fui puntero derecho, como Jaime Ramírez, aunque también actué de marcador de punta por el mismo lado”.

De esa etapa cumbre en su vida, cuando lo vimos practicando en el estadio Recoleta entre 1975 y 1985, donde entonces entrenaba la U, recuerda: “Compartí con excelentes amigos. Hugo Carballo, Pellegrini, Salah, Alberto Quintano, Jorge Socías, Juan Carlos Sarnari, Héctor Pinto, el Flaco Spedaletti, Juanito Koscina, Jorge Luis Ghiso, Raimundo Achondo, el Bambino (Héctor) Veira… ¡Ufff, con tantos! Y con el Chico Hoffens, Sandrino Castec, el Pollo (Jorge) Neumann, un wing extraordinario. Además, tuvimos importantes entrenadores, como Fernando Riera, Lucho Ibarra, Nelson Oyarzún, Braulio Musso, Leonel (Sánchez)”.

¿A quién le debe ese el privilegio de haber entrenado por su club?

Al Nene Sarnari y a don Ulises Ramos, el técnico en ese momento. El Nene me presentó a don Ulises, quien me dijo: “Si usted cumple todas las exigencias, de horarios, disciplina, etcétera,  no tengo ningún problema. Venga”. Imagínate. De mirar a mis ídolos en el estadio a llegar a entrenar y a jugar con ellos, fue fantástico, como lo fue ponerme la camiseta de mi club. Después, los siguientes entrenadores iban como heredando este apéndice que había ahí.

“Fue una de las épocas más maravillosas de mi vida, donde incluso hice armas como deportista a nivel competitivo y gané grandes amigos: Pellegrini, Salah y el Mumo Achondo, con quienes formo hasta hoy un cuarteto inseparable, una amistad indestructible (…) Afortunadamente, mi presencia ayudaba en varios aspectos, porque formamos un grupo socialmente, como es el fútbol, muy heterogéneo y rico a la vez, permitiéndonos a quienes teníamos algunas posibilidades distintas a incorporar a otros a un mundo diverso. Eso, humanamente, fue demasiado nutritivo para mí”, dice con evidente orgullo.   

Complacido con esta conversación, Santis agrega: “El rugby lo practiqué un par de años, pero me di cuenta de que no era para mí. Más tarde, el tenis fue mi deporte personal por mucho tiempo, pero el fútbol le ganaba a todo porque tenía esta cosa comunitaria de equipo que a mí me fascinaba por sobre todo”.

“Y -revela-, tras correr tanto en mi vida, mis rodillas me pasaron la cuenta. Para mí, tomar desayuno era ponerme las zapatillas y correr una hora todos los días, y si no podía, ese riquísimo desayuno lo tomaba en la noche. En cualquier parte del mundo, nunca dejé de trotar, llegando a la postre a comerme todos los cartílagos de mis rodillas. Y como eso no tiene solución, no puedo jugar ni trotar, pero sí ando mucho en bicicleta. Esto, me costó un mundo asumirlo, no me resistía a no seguir en la mayor pasión de mi vida”.  

Volviendo a sus colores, ¿cuál fue la mejor U? ¿La de su época, el Ballet Azul o la de Jorge Sampaoli?

La mía, como la llamo yo, no tuvo grandes individualidades o figuras descollantes, a lo mejor, pero mereció algún título. Sin alcanzar el cenit total, logró brillo. El Ballet era superlativo, la mitad de la Selección del 62; y la de Sampaoli tuvo una dinámica tan contundente como sólida, con la cual nos dio nuestra única corona internacional… Como puedes darte cuenta, todo esto me emociona porque la U es tremenda, es algo que se mete en la piel para siempre.      

¿Y a quiénes instala en la galería de los más grandes? ¿A Jaime Ramírez, Leonel Sánchez, Marcelo Salas…?

Mira, ¿ah?, ¡qué interesante…! A Jaime, de todas maneras, y a figuras tan importantes como Braulio Musso, el Fifo (Luis) Eyzaguirre, Pedro Araya, Leonel, Carlos Campos, el Pluto (Carlos) Contreras… ¡Rubén Marcos, un animal en la cancha, extraordinario! Y Marcelo fue excepcional, de nivel mundial. Es sencillo y equilibrado, también, manteniéndose como un tipo tranquilo y correcto, digno de aplauso en todo sentido.

“PELLEGRINI, CON TRABAJO Y ESFUERZO, CONSTRUYÓ SU PRESTIGIO”

“Cuando fui presidente de la Comisión Selección Nacional, para la Copa América de Chile 91, conocí algunas ingratitudes de cierta parte del público, porque la visión del hincha por hincha nomás cambia. Es diferente. Entonces, como quedé un poco hasta aquí, no volví al estadio en muchos años”, expresa, añadiendo que “sí fui a un par de partidos de las últimas eliminatorias, viajando también a la Copa Confederaciones. Además, fuimos a ver a Manuel campeón en Wembley, donde el Manchester City ganó la Copa de la Liga 2016”.

Sobre Arturo Salah y Manuel Pellegrini, señala. “Si conoces los principios, honestidad y transparencia de personas que han dedicado su vida a esta pasión, por encima de sus profesiones particulares, incluso, y poniendo además sus capacidades intelectuales al servicio de un deporte con la sola intención de hacerlo crecer, te alegras profundamente. Hoy, Arturo preside nuestro fútbol, siendo un privilegio para la actividad, independiente de los resultados en la cancha. Porque personas tan preparadas en un ámbito tan específico como este, en Chile no sobran”.

“Y mira el ejemplo de Manuel, quien en su etapa de jugador no estuvo dotado técnicamente de habilidades, probablemente. Él consiguió algunas a costa de trabajo y esfuerzo, haciendo lo mismo el resto de su vida. Eso, en el deporte se aprende y se logra, construyéndose un individuo de condiciones humanas diferentes. Y como en nuestro querido país somos particularmente críticos, a veces, casi por ignorancia o por envidias, perdemos gente muy valiosa. ¿Por qué Manuel no ha querido volver? Por lo mismo. Pero la vida es así, es parte del juego”.

“JUNTO A UN GRUPO DE ÉLITE, CUBRÍ MUCHOS EVENTOS DEPORTIVOS”

Para la mayoría, la imagen de César Antonio Santis –tanto en radio como en televisión- está indisolublemente ligada a estelares de índole artística o musical (Kukulina Show, Discomanía, Lunes Gala, Música Libre, Martes 13, Como Siempre…). Sin embargo, condujo innumerables transmisiones deportivas.

Evoca: “En TVN y en Canal 13 cubrimos muchísimos eventos. Aparte de Copas Libertadores, Copa Davis y de varios otros, transmitimos los mundiales de Alemania Federal 74, Argentina 78, España 82, México 86… En estos, además de conducir, hice locución comercial, producción, de todo. Y junto a Julio Martínez, Sergio Livingstone, Patricio Bañados, Sergio Silva, Raúl Prado, Tito Fouillioux, Néstor Isella y a tantas figuras inolvidables. Lo cual es equivalente a lo de la U, porque estar dentro de un grupo de élite para quien siempre ha considerado el deporte como una forma de vida, es otro privilegio”.  

“Me preguntas si lo más lindo de todo aquello fue ver a Italia coronarse campeona el 82. Sí, puede ser, aunque ese año Chile quedó eliminado en primera fase. En Barcelona vimos un partidazo, donde un Brasil espectacular perdió 3-2 frente a Italia, y la final en Madrid, cuando los italianos pasaron por encima de Alemania. Y antes, el 74, vimos otro evento culminante en la historia de los mundiales, en el que Johan Cruyff y Holanda nos maravillaron a todos”.              

“GRACIAS A RAÚL MATAS, ANIMÉ EL FESTIVAL”

“Crecí admirando a Raúl Matas, Javier Miranda, Adolfo Yankelevich, al Lolo (Eleodoro) Achondo, a Julián (García Reyes)… Vale decir, a notables maestros de la locución. Y a Pepe Abad, un gran chuncho, más fanático que yo. ¡Pepe sí era fanático!”, confiesa quien debutó en radio Carrera “cuando estaba en el colegio, el 64 o 65”, rememora.

“Luego de trabajar en la Chilena y Cooperativa, llegué a la Minería, donde conocí a Raúl (Matas), su director. Ahí, me hice cargo del programa Discomanía y cuando Ricardo García, el anterior animador del Festival de Viña se fue a otra radio, Raúl dijo: ‘Bueno, que lo conduzca el Niño Maravilla de ahora, ese que está haciendo de todo’. Él me puso el apelativo (sonriendo). Y como justo el festival lo organizaba la Minería en ese tiempo, antes de la televisión, llegué a Viña a sugerencia de Raúl”, explica.   

En febrero de 1968, se estrenó en la Quinta Vergara, donde estuvo hasta 1975. ¿Qué atesora de aquellos años?  

Naturalmente, guardo innumerables recuerdos de una época que disfruté profundamente. Haber presentado a Joan Manuel Serrat, Nino Bravo, Roberto Carlos, Sandro, Leonardo Favio, Camilo Sesto y a los Bric a Brac, entre una tremenda lista de artistas, fue muy emocionante. Como también a Bigote (Arrocet), Coco Legrand, Julio (Iglesias)… Mira, nuevamente el fútbol se mete entremedio (Iglesias fue arquero del Real Madrid). Recuerdo especialmente la relación de las figuras con el público de Viña, donde se siente algo que se da en pocos lugares. El festival estaba reservado para gente de buen nivel artístico, no se llegaba a un experimento, sino con ciertos pergaminos o condiciones. Claro, había espacio para valores emergentes, además, pero fundamentalmente para gente de alto nivel”.

“Hubo muchos momentos hermosos -continúa-, como ver triunfar a otro gran amigo, Antonio Zabaleta, con ‘El molino dejó de girar’. Esa canción la vi nacer fuera de Chile, es una linda historia: Antonio me la dibujó con la guitarra y le dije: ‘mándala a concursar a Viña, es muy buena’. Aunque obtuvo el segundo lugar el 74, hasta hoy se escucha. Ver ganar tan rápido y joven a Gloria Simonetti, y a Julio Zegers en dos ediciones, son otros episodios que perduran en mi memoria. En fin…”.

“Ahora, cuando me preguntan si la televisión, el festival o los espectáculos de antaño eran mejores que los de hoy, digo ‘no, eran distintos nomás’. Todo cambia y corresponde a los tiempos. No puedo decir si mejor o peor, porque todo gira en torno a cada época. El marco estético actual no es el mismo de hace veinticinco años, por ejemplo (…) Yo soy feliz de haber vivido el ciclo que me correspondió, contribuyendo a crearlo y a desarrollarlo, pero no soy crítico de este presente”, completa.

“VIÑA Y LA VIDA ME DIERON UNA OPORTUNIDAD VALIOSÍSIMA”    

Finalizando esta dilatada y gratísima charla -escoltada en un acogedor restaurante por varios cafés y sodas-, el ex animador de la quincuagenaria fiesta de la Ciudad del Deporte se alegra al contemplar unos catálogos de nuestra entidad: “Todo lo concerniente a estos conceptos -maratones, escuelas de fútbol, una bellísima playa del deporte…- me pone muy contento porque crean a gente diferente. Por lo tanto, felicito a la alcaldesa Virginia Reginato y a quienes están detrás de este tipo de iniciativas fantásticas, principalmente si son gratuitas. ¡Qué lindo!”.

¿Y qué fue lo más lindo que vivió en la U, César?                                     

Obviamente, haber jugado un partido importante con la camiseta azul, en Arica, por ejemplo, donde Lucho Ibarra me dijo: “Usted está en la nómina de los dieciocho convocados”. Y faltando veinte o veinticinco minutos para el final, Lucho determinó: “Entre, juegue tranquilo por el flanco derecho, a lo Jaime Ramírez Banda”.    

El Festival de Viña, disfrutado profundamente por usted, ¿qué significó en su vida?

La vida y Viña me dieron una oportunidad extraordinariamente valiosa, donde pude, por sobre todo, generar un vínculo perpetuo con el público. De lo cual no me jacto, porque es como tener una cuenta de ahorro rica en afectos. Probablemente, había gente que me odiaba, no me quería o no le gustaba (sonríe), lo que es parte del juego. Pero siempre he sentido el gran valor de saber que coayudé a brindarle complacencia a la gente por medio del espectáculo, contribuyendo asimismo a hablar mejor o, tal vez, instaurando ciertas formalidades. Esa es la mayor recompensa: el cariñoso lazo con el público hasta el día de hoy.  

Locutor, conductor de programas deportivos, aventajado cantante aficionado, productor de TV, presentador de Viña, pero ante todo, eminentemente deportista. “¡Cómo no voy a estar feliz de haber abrazado la actividad física como una forma de vida!”, exclama César Antonio Santis. Como siempre.

por Mario Ramírez Escudero

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