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Héctor Veira: Medel es un hombre en la cancha y Vidal es un jugador de planilla

Viernes 04 de Mayo de 2018
En su exclusivo estilo, el Bambino Veira -personaje de un millón de historias- habla de la U del 77 y de la Ciudad del Deporte. Lamentando la eliminación de una “impresionante Roja”, el ex DT de Boca y del aclamado River del 86 revive también su debut en Chile: “En Viña, una ciudad mágica”.
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Setenta minutos antes del inicio del programa Estamos motivados, de la bonaerense radio Splendid -el cual literalmente anima junto con Guillermo Coppola y Ricardo Caruso Lombardi, de 19 a 21-, el azul intenso de los ojos de Héctor Rodolfo Finetti de Veira se destiñe de asombro cuando ponemos en su añoranza algunos nombres vinculados a la U de 1977: Luis Ibarra, Manuel Pellegrini, Arturo Salah, Alberto Quintano, César Antonio Santis. Asimismo, cuando le recordamos su estreno en nuestro fútbol, inscrito el primer día de abril de aquel año en el estadio Sausalito.   

“¡Qué dulzura de nombres, ex-tra-or-di-na-rios…! ¡Cómo no recordarlos junto al deporte de Viña del Mar, una ciudad mágica, donde debuté por la U frente a Everton en la Copa Libertadores!”, espeta el DT del River Plate 1986, un elenco multicampeón. “Ese equipo, después de las tragedias en el Nacional de Chile, donde el club perdió las Libertadores del 66 y 76, al fin llevó el trofeo al estadio Monumental. Además, ganó la Copa Intercontinental”, enfatiza con un tanque repleto de autoestima uno de los máximos ídolos de San Lorenzo, donde también cobró nombradía como el Carasucia y el Matador.

Pasmosamente locuaz, festivo y ocurrente, Veira revela: “Me recuerdan con esos apodos, igualmente, porque integré dos delanteras muy jóvenes de San Lorenzo que quedaron en la historia: la de los Carasucias del 64 y la de los Matadores del 68, campeones invictos ese año. Hablo de épocas maravillosas, vividas en la institución que me acogió a los diez años y de la cual siempre he sido hincha. Y justo nací ahí en mayo del 46, en la zona de San Lorenzo de Almagro, entre Parque Patricios y Boedo”.

“¿Y por qué Bambino? Me empezaron a decir así siendo muy jovencito, en Italia, donde hice un excelente encuentro por los Carasucias. Fue cuando estaba de moda Gianni Rivera, un supercrack apodado el Bambino de Oro. Hasta ahí, yo era el Fiera o el Puma Veira”, explica.

¿Cómo surgió tu traspaso a la U? 

Luchito Ibarra, el técnico, me vino a buscar para jugar el torneo nacional y la Libertadores, contra Everton y los paraguayos (Olimpia y Libertad). Yo, con 31 años, venía de Corinthians y no estaba cien por ciento físicamente. Pero tengo mis más grandes recuerdos, porque me llevé muy bien con Luchito, Pellegrini, Arturito Salah, el Flaco Quintano y con todo un plantel hermosísimo. Y con César Antonio Santis, quien entrenaba en el equipo profesional. ¿Y cómo está el Flaco Santis, que conducía el Festival de Viña?

“Si está muy bien, tranquilo y alejado del ruido, como me decís vos, me pone verdaderamente feliz porque lo recuerdo y lo quiero mucho. César, un tipo tan deportista, tuvo el honor de presentar a muchísimos monstruos en el festival: Julio Iglesias, Sandro, Leonardo Favio, Joan Manuel Serrat… ¡No puedo olvidarme de él ni de una hermosura de ciudad, llena de magia!”, refrenda Veira, quien repasa casi fielmente su exclusiva temporada vistiendo la “10” azul.

“No llegué entero físicamente, pero creo haberle respondido a Luchito marcando once goles en una época en la cual el club no andaba bien. En abril, poco después de mi arribo, anoté tres en una victoria por 4-1, haciendo dos más en el siguiente partido. Y tan mal no nos fue, ya que entramos a un cuadrangular para pelear un cupo para la Libertadores, ante equipazos en ese momento: Colo Colo, Everton, Palestino. La verdad, había varios rivales difíciles en Chile entonces, muy superiores a los de hoy, ningunas mantequitas (equipos y jugadores débiles o livianos)”.

En el minuto cuatro de diálogo, el Bambino estalla en una pequeña oficina, exclamándoles a unos productores: “¡Ohhh, hace mucho calor acá, muchachos…! ¿Dónde puedo seguir charlando con Viña sin sofocarme?, convocando después en el locutorio, la escenografía elegida: “Siéntese acá, maestro. Sigamos…”.    

Fuiste un goleador precoz y empedernido, y zurdo, ¿sí?

Sí, yo fui un zurdo habilidoso y técnico, jugaba de acompañante de punta. Siempre fui goleador, de muy chiquito me encantó anotar, desde mi debut el 63. Llevaba el gol en el alma, como la tarde en la que le marqué cuatro a Boca en apenas treinta minutos, en una victoria por 4-0 (noviembre de 1967).

¿Tu mejor momento como futbolista?

Mi etapa en la Selección siendo muy jovencito, para las eliminatorias del Mundial de Inglaterra y en la Copa América de Uruguay 67, donde Chile terminó tercero con un enorme cuadro. Jugaban Ignacio Prieto, Pedrito Araya, Elías Figueroa, Rubén Marcos… ¡Extraordinarias figuras tenía la Roja chilena en esa época inolvidable! Me acuerdo también de Tito Fouillioux, de Carlitos Reinoso, de Leonel Sánchez, de Carlitos Caszely…         

“GOROSITO Y ACOSTA, DE LOS CAMBOYANOS, ERAN DESPAMPANANTES”

“El Bambino técnico ya fue, la banca es una etapa cerrada para mí. Ahora la paso muy bien comentando en radio y en televisión”, asevera el ex estratego de Vélez, del Cádiz de España, de la selección boliviana, de Boca, de River y -cómo no- de su querido Ciclón de Boedo.

“Aunque en River obtuvimos glorias de gran marca, mis cuatro o cinco ciclos en San Lorenzo fueron muy especiales, ya que el Ciclón es todo para mí. El 88-89, por ejemplo, dirigí a otro equipo histórico, los Camboyanos, integrado por el Pipo Gorosito, el Beto Acosta y por una generación despampanante. Y el 95, ganando el Clausura, alcancé el gran sueño de mi vida porque le di un título a mi club”.  

¿Merece un recuadro aparte el River 86? ¿Fue tu momento cúspide? 

Por el nivel de las conquistas, sí, absolutamente. Ese plantel, donde todos eran ganadores y algunos tocaron el cielo en el Mundial de México, logró la triple corona. Fue campeón nacional, de América y del mundo. Estaban Nery Pumpido, Óscar Ruggeri, el Beto (Norberto) Alonso, Américo Gallego, el Negro (Héctor) Enrique, Antonio Alzamendi, Roque Alfaro, el Búfalo (Juan) Funes, el Pipo Gorosito… Y Enzo Francescoli, también, quien poco antes de los títulos se fue a Francia. Entonces, merece un certificado superior porque marcó la historia cuando la Libertadores sí gozaba de una inmensa categoría.

Sobre las etapas decisivas de aquel certamen, puntualiza que “fueron muy bravas, principalmente las semifinales ante Argentinos Juniors, al que eliminamos recién en un desempate. América de Cali también tenía un equipo fenomenal… ¡No, no; no eran ningunas mantequitas, por algo estaban ahí! Felizmente, en Colombia y acá se ganó para darle a River un campeonato largamente esperado”.

En cuanto a la culminación de una campaña sin precedentes, cuyo colofón tuvo a Tokio como escenario, repasa: “La Intercontinental la disputamos con la selección de Rumania, prácticamente, el Steaua de Bucarest, que había vencido al Barcelona en la final europea. Haciendo un partido fuerte y táctico contra un rival muy poderoso, en el cual afloró la picardía del Beto Alonso para habilitar a Alzamendi en el único gol, pudimos levantar la Copa del Mundo”.

Incluso dieron una vuelta olímpica en La Bombonera esa temporada. ¿Qué significó para ti?

No es fácil darle tantas alegrías en un solo año a una institución gigante, por el alto grado de exigencias, por lo tanto el significado es muy grande e indescriptible al mismo tiempo. Y qué increíble fue ver a la hinchada de Boca presenciando el festejo del mayor rival en su cancha, marcando River otro suceso espectacular, famoso en todo el mundo porque el primer tiempo se jugó con una pelota naranja el día de los dos goles del Beto (abril de 1986).      

“EN ESPACIOS REDUDIDOS, SÁNCHEZ TIENE UNA HABILIDAD FENOMENAL”

Once años más tarde, el Bambino asumió la dirección técnica de Boca, teniendo a Gustavo Dalsasso como tercer portero del plantel. “Llegué a un equipo maravilloso, compuesto por Diego (Maradona), Claudio Caniggia, Martín Palermo, Diego Latorre, (Juan Román) Riquelme… Después, me reemplazó Carlitos Bianchi, quién ganó casi todas las copas”, describe.

En la memoria de Veira quedó marcada para siempre una fecha. “La recuerdo perfectamente, domingo 25 de octubre del 97, cuando Maradona jugó su último partido oficial”, dice. “Contra River en el Monumental, Diego jugó lesionado todo el primer tiempo y empezando el segundo, lo reemplacé por Riquelme. No sabíamos de su retiro, él lo anunció dos o tres días después. Pero se fue muy feliz, porque Boca ganó 2-1 con el cabezazo de Palermo... Sí, exactamente, Marcelito Salas jugó esa tarde”.            

¿Tu concepto de Salas?

¡Un brillantísimo goleador, un súper matador…! Acá demostró su impresionante capacidad para definir con su bellísima zurda, reforzada por una técnica y una frialdad sensacionales. Con golazos y títulos, se ganó para siempre la idolatría del hincha de River.      

¿De Alexis Sánchez, Gary Medel, Arturo Vidal?

Sánchez es un atacante bárbaro, con una velocidad y habilidad en espacios reducidos fenomenales. En River no alcanzó a chispear tanto, pero sí en Europa y en esa selección chilena mágica. Medel es una fiera, un hombre en la cancha, un puma de una tremenda personalidad. Y Vidal, de un físico extraordinario, también tiene una gran personalidad. Uno siempre lo quiere tener en su equipo. Como llamo yo, Arturito es un jugador de planilla, de esos importantísimos, que no podés tenerlo en un banco. ¡Así, de planilla, como el Cabezón Ruggeri! 

Manuel Pellegrini y Arturo Salah…

Manuel, aparte de un compañero en Chile y de un amigo tremendamente educado, es uno de los entrenadores más influyentes del mundo. Lo ha demostrado en Europa, en River y en San Lorenzo, dándole a mi club el primer campeonato internacional (Mercosur 2001). En cuanto a Arturo, siempre ha sido una persona íntegra, respetuosa, inteligente y muy merecedora del difícil puesto que ocupa hoy, porque está expuesto a muchas críticas. Si realmente quieren a su fútbol, confíen en Arturito, apóyenlo.        

“LAMENTABLEMENTE, QUEDÓ ELIMINADA UNA IMPRESIONANTE SELECCIÓN”  

Lamentándose, Veira expresa a menos de cincuenta días de la apertura de la máxima cita del deporte. “Desgraciadamente, no podremos ver a esa impresionante selección chilena en Rusia, después de ganar copas tan importantes y de haberle competido mano a mano a duros rivales durante la última década. Pero -avisa- no se inquieten, porque siguen teniendo un muy buen equipo, compuesto por varios valores que nos han encantado a todos. Vidal, Medel, Sánchez y el chico (Charles) Aránguiz, de quien no me olvido porque me asombró en el Mundial de Brasil, todavía son jóvenes”.   

“A Reinaldo Rueda, una excelente persona, lo conozco porque hizo el curso de técnico que dicté con otros profesionales. Es un conductor serio y confiable. Entonces, deberían darle tranquilidad para que proyecte su método y su forma de encarar partidos, lo cual ya adelantó en los amistosos jugados en Europa. Sólo de esa manera, Chile podría recuperar el funcionamiento mostrado con Marcelo Bielsa y Jorge Sampaoli”, completa.    

¿Confías en la Albiceleste de Sampaoli?

¡Si no se lesiona Messi (sonriendo)…! La verdad, le tengo mucha confianza a Sampaoli, desde sus exitosos pasos por la U y por la Roja. Ahora está buscando el sistema y el equipo definitivo, rápidamente porque el Mundial está encima. Pero esta selección se las arregla para disputar finales, mirá cómo cayó en Brasil, frente a un tremendo rival y en el alargue.

¿Cuáles son los candidatos a campeonar en Rusia?

Cuando Sampaoli dé con el equipo, Argentina estará entre los favoritos, junto a Alemania, Brasil, España y Francia, que ya tienen los equipos estructurados. Los entrenadores de esas selecciones ya saben cómo van a jugar el Mundial.

En un rincón de los mayores ejes del balompié mundial, donde en cada esquina se respira profundamente esa pasión, el asombro de Veira ya se ha desvanecido parcialmente, pero no su desbordante y chispeante locuacidad. Ni tampoco su inagotable anecdotario. Imposible. Motivado y encantado con los recuerdos de Viña del Mar y de la U 1977, advierte a la Casa del Deporte: “Cuiden su asombrosa memoria, eh”.  

Así, el Carasucia, el Matador o el Bambino ha reverdecido historias eminentemente ganadoras. Como su estreno en Chile, anotado en Sausalito hace cuatro décadas. A lo Héctor Rodolfo Veira, simplemente.    

Mario Alberto Ramírez, enviado especial a Buenos Aires


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