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Roberto Tobar: Estoy orgulloso porque honré al arbitraje chileno

Sabado 24 de Noviembre de 2018
Tras encumbrar al referato nacional, el único compatriota que ha dirigido una final de la Libertadores entre Boca y River -“el segundo clásico más trascendente del mundo”, dice- recrea su cometido realizado en La Bombonera. Llano y abierto con la Casa del Deporte, Tobar, fiel a su esencia, se toma con mesura su elogiada actuación.
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Cuando Roberto Tobar Vargas (Santiago, 1978) fue designado para presidir la primera final de la Libertadores 2018 -no cualquier enfrentamiento-, la intimidad de su hogar rozó el delirio. “Estábamos muy contentos con Jennifer, mi señora, porque conducir un clásico de esta jerarquía, de resonancia mundial, se da muy pocas veces en la carrera de un árbitro. Cuando fui notificado para representar a Chile en un estadio como La Bombonera, sentí un reconocimiento demasiado alto”, expresa en Quilín el padre de las mellizas Martina Paz y Violeta Anais, quienes cumplirán un año y cuatro meses el 28 de noviembre.  

Hijo de Marta y de Luis Roberto -fallecidos-, el referee central del duelo disputado en una auténtica caldera del balompié planetario, no trepida para calificar desde su desbordante sencillez que “tras el derbi Real Madrid-Barcelona, el Boca-River es el segundo más importante del mundo, por la tremenda pasión del hincha rioplatense y por el impacto que genera en todas partes”. Compartiendo parcialmente el juicio de Marcelo Salas, otrora crack bandasangre: “Esta, es ‘la’ final del mundo porque en Argentina se vive este deporte como en ninguna otra parte”.

Sin el silbato y las tarjetas, advierto timidez en este hombre que, no obstante, mostró personalidad y rigurosidad en la contienda del pasado 11 de noviembre. “Sí, soy un tanto tímido por mi condición de hijo único, tal vez. Por eso, siempre fui muy apegado a mis padres. Y como salía poco para ver fútbol, nació mi motivación para convertirme en árbitro profesional. Quería igualar el fútbol internacional, porque el chileno lo veía lento, se cobraban muchas faltas, era cansino”.

¿Lo jugó?

Donde me crié, en el barrio Brasil y en la calle San Pablo, jugaba futbolito y baby todos los días. Moría por el fútbol. Jugaba de mediocampista, tratando de emular a figuras muy finas: Enzo Francescoli, Roberto Baggio, Alessandro del Piero…

Tobar, ingeniero en gestión informática y profesor de educación física, también, “pero dedicado cien por ciento al arbitraje”, dice, descubre además: “Estudié acá en el INAF, titulándome en 2003, cuando me gustaba cómo dirigían Carlos Chandía, Jorge Osorio, Enrique Osses… Entonces empezó a perfilarse qué camino iba a tomar. También veía harto arbitraje argentino, el de Héctor Baldassi, Ángel Sánchez, el del Sargento (Daniel) Giménez”.

¿Cuándo debutó en el referato profesional?

El 2008, en Vallenar, donde conduje el partido Deportes Copiapó-La Calera por segunda división.

TOBAR, DESAFÍA AL MUNDO DESDE LA MITOLÓGICA BOMBONERA    

“Antes del pleito de La Bombonera, dirigí la primera semifinal entre Boca vs. Palmeiras, jugada en el mismo estadio, y en la fase de grupos también dirigí a ambos clubes en Buenos Aires. Entonces, conocía bien a los hombres de Boca”, señala Roberto, quien explica sobre la suspensión del choque inicial: “Con los comisarios de la Conmebol debimos tomar una decisión difícil, porque un gran espectáculo no se podía disputar bajo ese diluvio. Al final, la decisión fue la más acertada, ya que el partido sería transmitido para todo el mundo”.  

Seis chilenos afrontaron una misión tan exigente como histórica en el feudo de La Boca. Tobar la describe: “Christian Schiemann y Claudio Ríos, mis jueces asistentes, cumplieron una excelente labor ante todos los ojos del planeta, prácticamente. Y frente a la afición argentina, especialmente, que es sumamente exigente. Pero como nos conocemos bastante, pudimos acoplarnos muy bien. Y en la cabina del VAR estaban Julio Bascuñán, Piero Maza y Carlos Astroza”.

“Ningún estadio me intimida”, declaró a varios medios antes del cotejo…

No le temo a ninguno porque siempre he tenido la fortaleza y la confianza para dirigir. Y La Bombonera sí es terrible, donde resulta estimulante impartirle justicia al deporte más bello frente a un público tan apasionado. Fue una experiencia inolvidable estar en un desafío como ese, la cual quedará para siempre guardada en un rincón muy importante de mi vida y en el de mi familia.   

¿Cómo se preparó para asumir tamaña responsabilidad? ¿Es complicado el futbolista trasandino cotejado al chileno y al de otros países?

Con los árbitros asistentes siempre estamos analizando videos de todos los equipos, lo que nos permite estar al tanto de los jugadores. En el caso de los argentinos, ya conocía sus destrezas, mañas y cómo se manejan dentro del campo. Además, desde octavos de final se agregó el VAR, elemento que te hace más llevadero el compromiso.   

Dialogó poco con los veintidós protagonistas, ¿esa es la receta infalible?   

Exactamente. Debe haber poco diálogo y tener bastante personalidad, además de ser certero, proactivo y exhibir mucha convicción en tu labor, porque ellos también están evaluando tus cobros. Estar totalmente concentrado los noventa minutos también es importantísimo para que todo resulte acabadamente.

Dentro de una actuación sumamente loable, ¿cuál fue el momento más áspero?

Hubo muy pocos, afortunadamente, pero en el minuto veinte del primer tiempo, cerca de la banca de River, hubo un pequeño conato. En ese momento, sí privilegié el diálogo por sobre las tarjetas. En general, los verdaderos protagonistas colaboraron harto, permitiéndome dejarlos jugar. El hincha también se portó bien, no descalificó ni nos vilipendió.   

Seis amarillas mostró, marginando de la finalísima de hoy a un solo jugador: ¿es poca esa cantidad de cartulinas para una brega de esta magnitud?    

Es poca, seis es el promedio de un encuentro normal. Cuando muestras más es porque el partido se descontrola, pero esa cifra es muy prudente para uno de esta envergadura. Y la tarjeta mostrada a Santos Borré, el colombiano de River, fue totalmente ajustada.

Consumado el empate entre xeneizes y millonarios, la prensa, los especialistas y la dirigencia de ambos clubes lo postularon para dirigir el duelo crucial. ¿Qué le entregó aquel elogio?

Una gran satisfacción porque en esta profesión estás mucho más expuesto a la crítica destructiva y a la desconfianza. La figura del árbitro genera suspicacias, estando invariablemente al borde del abismo: si no evalúas acertadamente una acción, trasciende en el resultado de un juego. Ahí es donde más duro te golpean, entonces, debes saber convivir con la derrota y los éxitos. Por lo tanto, esas críticas tan loables me llenan de orgullo porque dejé en alto a nuestro referato, recibiéndolas con mesura igualmente.

Así, con profusa sencillez y cortesía, Roberto Tobar Vargas ha narrado el episodio culminante de su trayectoria en la víspera del esperado lance definitorio de la Libertadores 2018, cuyo balón empezará a rodar a las 17 horas en el Monumental de Núñez.         

“Veo a dos fuerzas muy parejas, las cuales tienen valores talentosos. Preveo un encuentro intenso, abierto, donde pasará cualquier cosa. Si triunfa uno u otro o hay penales, no me sorprenderá. El ganador seguro, sí, será el fútbol”, anuncia quien honró al referato nacional en La Bombonera.

Tal como lo hiciera el viñamarino Carlos Robles Robles en la primerísima final de este sexagenario torneo, en 1960, cuando administró la ida entre Peñarol y Olimpia. Así como Claudio Vicuña, también, juez del desempate River-Peñarol escenificado en Chile, en 1966. Como Alberto Martínez, quien dirigió la definición de 1976 animada por Cruzeiro y River en Ñuñoa. Y como varios: Domingo Massaro, Carlos Chandía (Once Caldas vs. Boca, vuelta 2004), Hernán Silva, Enrique Osses (Boca vs. Corinthians, ida 2012), Rafael Hormazábal… miembros de una cadena emotiva que hace vibrar al continente.

por Mario Ramírez Escudero

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