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01 de diciembre 1991: Everton 4 - Wanderers 0

Viernes 01 de Diciembre de 2017
Esta goleada envió al Decano a la segunda categoría, en la cual festejó un siglo de vida ocho meses después.
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Armando Tobar, fallecido recientemente en su Viña del Mar natal, el 18 de noviembre, dijo en la antesala de un partido crucial a sus pupilos de Everton: “Me formé en Wanderers y fui campeón con los caturros el 58, pero como profesional, me debo a mi equipo actual. Acá no se perdona”. Con este antecedente previo, se disputó el primer día de diciembre de 1991 el clásico de la Quinta Región, válido por la antepenúltima fecha. Un Sausalito colmado, con más de diez mil espectadores en una tarde radiante y calurosa, recibió a los porteños dirigidos por Hernán Clavito Godoy. Antes del minuto veinte del primer tiempo, los viñamarinos ya se imponían 2-0 con tantos de Juan Carlos Ceballos y de Héctor Rocco, condenando a su eterno rival con estocadas clavadas en el arco Cerro. Caramba, a los “potreros”, qué afrenta. Después del descanso, en el cual Clavito Godoy no sabemos cuánta pizarra diseñó para poder revertir un verdadero naufragio, Jaime Baeza empezó a sentenciar una crónica de un descenso anunciado a los 17 minutos, rematado a tres del final por Juan Carlos Guarda frente al portero Jaime Zapata. Cuatro a cero humillante, sí, pero lo más trágico fue que el decano del fútbol chileno jugaría la temporada siguiente en Segunda División, justamente en el año de su centenario (15 agosto 1892). Así, con el temperamento de Mario Salas, la solvencia defensiva de Juan Carlos Segovia, la depurada proyección ofensiva del Relojito Romero y el peligroso husmeo por el área rival de Gino Cofré, entre lo más notorio junto con los cuatro tantos, Everton le dio una histórica bofetada a Wanderers, acaso la eor en más de un siglo de vida. Nueve años después, sin embargo, fueron los porteños quienes enviaron a la “B” a los viñamarinos en Playa Ancha, donde los entrenados por Jorge Aravena fracasaron rotundamente. Así es el deporte, con victorias, venganzas y penas. Como la vida misma: ayer, con la gloria de Pelé en México 70 por ejemplo y hoy, con la tragedia de sus compatriotas del Chapecoense.      

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