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Desescalada emocional y síndrome de la cabaña: el alto precio por salir de la cuarentena

Martes 21 de Julio de 2020
Luego de cuatro meses encerrados, salir de casa no será fácil. El desconfinamiento no sólo implicará gestionar la crisis sanitaria, también enfrentar el desconfinamiento psicológico.
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El confinamiento era necesario para disminuir los contagios por Covid-19. Lo supimos desde marzo. Lo que no sabíamos era por cuánto tiempo. ¿Uno o dos meses? Hoy, ya son casi cuatro.


No ha sido fácil el encierro. ¿Qué viene después? Si de términos emocionales se trata, al parecer el desafío no es menor.

En la reapertura la ansiedad o susceptibilidad de interpretar sensaciones corporales inofensivas como Covid-19, podría ser un conflicto, dice Daniela Campos, jefa de Riesgos Psicosociales de la Asociación Chilena de Seguridad (ACHS), “eso incrementa la ansiedad, e influye en el comportamiento y en la capacidad para tomar decisiones”.

No ha sido fácil el encierro. ¿Qué viene después? Si de términos emocionales se trata, al parecer el desafío no es menor. 

La experiencia en otros países puede orientar en cómo enfrentar lo que viene. Un estudio en China sobre el impacto psicológico de volver a trabajar encontró que el 10% de los encuestados tenía diagnóstico de trastorno de estrés postraumático, con baja prevalencia de ansiedad (4%), depresión (4%), e insomnio (2,3%).

No existieron diferencias entre trabajadores, técnicos o gerentes. Contrariamente a lo esperado, el regreso no causó muchos síntomas psiquiátricos. ¿La razón? La confianza en la psiconeuroinmunidad antes de reanudar el trabajo, indica Campos: “En la medida que la organización cuide la seguridad y salud, y de las recomendaciones necesarias, se podría aminorar el impacto en la salud mental”.

Desescalada emocional

Al terminar la cuarentena se debiese considerar además una desescalada emocional. Concepto vinculado a lo que ha significado la vivencia de la pandemia, explica el psicólogo y jefe del Departamento de Cultura de Seguridad de la Mutual de Seguridad, Ignacio Puebla. Un escenario desafiante que no sólo implicó cambiar hábitos y rutinas, sino también adaptarse a situaciones inéditas. La consecuencia para muchas personas ha sido un costo emocional.

No habrá sólo que gestionar la crisis sanitaria, sino que, además preventivamente la desescalada emocional o “la forma de enfrentarnos preventivamente ante el desconfinamiento psicológico que ha significado la pandemia”, dice Puebla. Considerarla reduciría el costo emocional y el impacto psicológico.

Mientras el número de contagios desciende, la percepción de bienestar y su efecto en el estado anímico se elevan. Por ello, dice Puebla, la desescalada emocional debe abordar cambios en las prácticas organizacionales “para que logremos desaprender y aprender a relacionarnos y convivir con el Covid-19”.

El virus continuará. Se debe evitar un rebrote masivo. También que no ocurra un rebrote psicológico. Como Puebla explica, esa fatiga es el resultado de la sobre exigencia y sensación de que no nos recuperamos emocional y mentalmente entre un desafío y otro.

La desescalada emocional debe abordar cambios para desaprender y aprender a relacionarnos y convivir con el Covid-19. 

Al salir, a su vez gran parte de la población podría experimentar mayor cansancio luego de meses de estrés, angustia y ansiedad, agrega Felipe Matamala, psicoanalista y académico de la Facultad de Psicología UDP, “situación que puede recrudecer con el contexto social y económico que estamos pasando, que ha aumentado la sensación de incertidumbre a nivel individual y familiar”.

Lo más impactante en estos meses para la población, sobre todo para las mujeres según la encuesta Termómetro social del COES, señala Matamala, es que, al encierro y fallecimientos de seres queridos, “se suma el miedo por el futuro laboral que es incierto”.

“Síndrome de la cabaña”

Post cuarentena algunas personas podrían tener consecuencias y otras no. En gran medida eso estará dado, dice el psicólogo y académico de la Universidad Central Daniel Sánchez, por el “síndrome de la cabaña”, un estado emocional temporal, en que se piensa qué significará salir y convivir nuevamente. “Aparecen miedos, temores y ansiedad, justamente respecto a la situación del desconfinamiento”, aclara.

En medios no científicos han llamado “síndrome de la cabaña”, agrega Campos, al miedo a salir de la casa, con sintomatología similar a una crisis de pánico, incluso síntomas depresivos. “Eso genera que las personas tomen la decisión de no salir para seguir con la sensación de seguridad que da estar confinados”.

No estamos acostumbrados a vivir situaciones de crisis tan prolongadas en el tiempo, que ha implicado, dice Matamala un esfuerzo para sostenernos emocionalmente, lo que “ha hecho emerger síntomas o conflictos que anteriormente no éramos conscientes y que en muchos casos tiene que ver con momentos dolorosos de nuestras vidas”.

Del mismo modo, acota Matamala, en la reapaertura es necesario poner atención a la sintomatología depresiva, angustiosa y a la ansiedad, “esta última, ligada a la necesidad que queramos reestablecer el funcionamiento ‘normal’ de nuestras vidas de manera inmediata y, que, al no presentarse, podría ocasionar una sensación de frustración y desesperanza”.

Pero también hay quienes lo vivirán como un descanso. “Hemos dicho durante la cuarentena ‘quédate en la casa’ los que pueden y tienen, pero hay personas que no tienen casa. También hay familias que de alguna u otra forma viven violencia intrafamiliar, por lo que el desconfinamiento es un alivio”, dice Sánchez.

Al igual que aprendimos a estar en casa, cuidándonos y resguardarnos, deberíamos aprender a estar en un espacio social y público. Cuando comience el desconfinamiento la vida no será normal, agrega Sánchez. “tendremos que andar con mascarilla, foros reducidos, el uso del transporte público, pero los principales conflictos serán el temor, la desesperanza y ansiedad”.

Espacio a experiencias

No será fácil volver al trabajo. Tampoco al colegio, acota Vicente Mariscal, director académico de Fundación Trabün. Las clases, lo más probable, se reiniciarán en octubre y no se podrán pasar un año entero en tres meses, ni tampoco hacer cómo que no pasó nada, indica. “No estuvimos parados a nivel emocional, pasó mucho más de lo que pasa en meses normales. Hay una necesidad de darle sentido a esas vivencias, no nos podemos permitir llegar y volver como si nada”.

Al volver, la experiencia de cada niño será importante. Dar espacio para contarlas, indica Mariscal, es darle sentido a ese proceso emocional, porque si no, no es posible concentrarse en lo académico.

“Hay que pensar que los niños no han tenido contacto con sus amigos, no los han visto, algunos incluso no saben nada de ellos. Todo ese proceso va a ser un reto y hay que dedicar tiempo a ese encuentro. También ayudarles a que vean la cuarentena como una oportunidad para contarse cosas que no sabíamos que existían”, añade Mariscal.

Fuente www.latercera.com 

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