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La Roja, el equipo de dieciocho millones, salvó dos escollos en su estreno intercontinental

Lunes 19 de Junio de 2017
Consistente y categórico, Chile venció a Camerún con dos golazos y al desconcierto de la FIFA.
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Sin Claudio Bravo, una de las banderas nacionales en las conquistas de América, la Roja afrontó su primer obstáculo en la gran cita de campeones intercontinentales, asumiendo desde el arranque un rol protagónico. Sometiendo a los Leones Indomables con su proverbial juego asfixiante y ofensivo, esta selección dorada dominó todo el primer tiempo, constituyéndose Johnny Herrera en un mero espectador, salvo en un par de ocasiones: una, cuando Gonzalo Jara, tras equivocarse en la salida, propició una llegada a fondo del rival, estando acertado el portero de la U para impedir el autogol del aludido zaguero central. Y en la otra, cuando el juez invalidó una confusa acción en el área nacional que terminó en la red después de un cabezazo, exclusiva fortaleza de los africanos.        

Esto, mientras ya había visitado el arco de Ondoa a través de Eduardo Vargas, a quien el vertical le impidió festejar antes del minuto de juego, el Chapa Fuenzalida y Edson Puch, quienes ratificaban el poderío y el incólume hambre de gloria de una generación respetada en todo el mundo. Entonces, era cosa de esperar, pues como decía Fernando Riera, entrenador de la Selección del 62, “toque, juegue, que el gol sale solo”. Y esa máxima del Tata Riera se cumplió a poco del final de la primera etapa, cuando Arturo Vidal habilitó con excelencia a Vargas, quien definió magistralmente por sobre el guardián. Ahí asistimos a la primera polémica de la jornada. Luego de revisar minuciosamente la ubicación del máximo artillero continental y siendo muy justos, nos parece que éste estaba levemente adelantado, certificando esto el árbitro largos minutos después a insinuación de sus asistentes y de los ensayos de la FIFA.                                      

Masticando la ira en el camarín y reclamando la pronta reanudación del pleito, los chilenos volvieron al campo para refrendar su condición de candidatos al título, no obstante decrecer en la primera parte del complemento, ahogados por una cierta posesión rival. En ese momento, Juan, el señor Pizzi, ordenó el ingreso de Sánchez por Puch y más tarde, los del Leo Valencia y del Gato Silva, dándole mayor respiro a su conjunto. Así, éste casi abre el marcador cuando Mauricio Isla rozó con su cabeza un lanzamiento de esquina de Valencia, nueve minutos antes de una maniobra fantástica culminada por un gigante mundial: Marcelo Díaz abrió a Alexis, quien envió un centro perfecto buscando el brinco de Vidal para ponerle justicia a un encuentro totalmente favorable a la máquina sudamericana.

Ahí no hubo dudas ni polémica ni indecisión de los jueces, tampoco ridiculez de la FIFA rendida ante el golazo de un rey, por eso vimos a Pizzi y a Manuel Suárez fundirse en un abrazo ganador, junto al de dieciocho millones de compatriotas. Pero en los descuentos, cuando el triunfo estaba sellado, volvimos a sufrir el embate de la tecnología y el atentado contra la naturaleza de un deporte dirigido por seres humanos. Cuando, después de que Sánchez se dio un festín en el área previo al tanto de Vargas, hubo de esperar su validación.   

Tras una victoria y un desempeño meritorios, pero alarmados también por esa injuria a una centenaria esencia, los campeones de América se aprestan ahora para un reto mayor, quizá el principal en su viaje a una nueva corona: Alemania, el monarca mundial, el jueves a las 14 horas de Chile.                     

Mario Ramírez Escudero

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