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Marcelo Barticciotto: En Viña, donde canté un tema mío, cumplí un sueño gigantesco

Lunes 25 de Febrero de 2019
El creador musical y campeón de la Libertadores 91 conversó con la Ciudad del Deporte sobre su actuación en el Festival de Viña, el apego por la guitarra y el canto, y cómo produjo con Keko Yunge su indeleble show. A veinte años de una noche mágica, agrega: “Cumplí ese sueño en un escenario muy importante”.
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Portando cúmulos de ilusiones, un admirable repertorio ambidiestro y una amiga inseparable, la guitarra, arribó en agosto de 1988 al club más popular del Pacífico un joven de veintiún años. Procedente del palpitante balompié rioplatense, aquel joven ancló en Macul para estampar episodios realmente importantes: todos importantes, como el inédito título continental logrado con el Cacique en 1991 -igualando con éste la gloria conseguida por su amado Racing del 67- e inolvidables conquistas selladas con su perfil zurdo, principalmente. Además, para cumplir acaso uno de sus mayores sueños, coronado en el Festival de Viña 1999. 

Junto a esa camarada de seis cuerdas, trajo también vinilos de bandas y de músicos con los cuales fraguó un férreo idilio en la adolescencia, en su natal Avellaneda. “Amo la guitarra, me encanta. De chiquito coqueteé con ella. Después la dejé un poco y ya instalado en Chile, seguí tomando clases y aprendiendo. Además, me encanta crear y componer. Y de chiquito fui a aprender piano, también”, devela el exclusivo deportista profesional que -en seis décadas de historia- ha actuado en la Quinta Vergara. “Esa actuación me la llevaré a mi tumba”, confesó Marcelo Pablo Barticciotto a la Ciudad del Deporte durante un diálogo anterior.

(N. del R.: Julio Iglesias, quien se estrenó en la fiesta viñamarina hacia fines de los sesenta, defendió el arco de las series juveniles del Real Madrid, pero un accidente automovilístico truncó sus sueños de trepar a un célebre plantel aún liderado por Alfredo Di Stéfano y Ferenc Puskas. Entonces, el hispano de La vida sigue igual no fue futbolista profesional como muchos sostienen erróneamente).

Poco antes de ingresar al locutorio de Al aire libre en Cooperativa, programa líder en sintonía del país, Barti continúa descubriendo: “En el colegio nació mi afición por el rock, especialmente, siendo Kiss mi primera banda favorita. Aunque sin cerrarle los oídos a otro tipo de música, escuchaba mucho rock: AC/DC, The Police, Pink Floyd, Sex Pistols… En esa época, disfruté también a varios grupos y artistas argentinos, como Soda Stereo, G.I.T., Virus, el Flaco (Luis Alberto) Spinetta, Charly García, Pedro Aznar, Serú Girán, Sui Generis, Pappo (Norberto Napolitano), Alejandro Lerner…”.           

¿Cómo surgió la posibilidad de presentar en Viña una bella obra, cuya letra y música te pertenecen? 

La canción se estaba escuchando harto en las radios en aquel tiempo, cuando me juntaba a tocar y a cantar con Keko (Yunge), a quien le mostré varias compuestas por mí. Dentro de esos temas a Keko le gustó Ya nada es importante, la cual empezamos a pulir. Y como a él lo invitaron al show de Viña, propuso la posibilidad de poder actuar conmigo, preguntándome además qué me parecía la idea porque se trataba de algo absolutamente inusual para mí.           

Enfrentaste a más de quince mil personas en un escenario soñado para tantos y tantos artistas. ¿Qué se siente estar en esa tarima ante tamaña multitud?    

Tenía nerviosismo porque no era lo mío y jamás había actuado frente a tanto público, pero como habíamos ensayado varias veces, fui adquiriendo confianza. Incluso, para aplacar la ansiedad, Keko me dijo: “No te vengas uno o dos días antes a Viña, será peor, te pondrás más nervioso. Llega directamente a cantar a la Quinta Vergara y listo”. 

Mientras cantabas, desde que irrumpiste con la estrofa “el latir es lento de mi corazón, lo has dejado solo y esa es la razón”, ¿te tranquilizaste?     

No, seguí un poco nervioso porque se me cruzaban ideas, como una negativa recepción de la gente, quizá. Encima, el público de Viña es demasiado complejo, exigente, no te perdona si algo no le satisface. Pero Keko fue importantísimo en todo, dándome serenidad, armonía y decidiendo cómo íbamos a ejecutar el tema: él empecería a entonarlo y yo después, desde aquella estrofa hasta terminarlo coreándolo juntos. Por suerte, todo salió bien, convirtiéndose en una experiencia fantástica para mí y teniendo como gran aliada a una gente que aprobó mi actuación.

¿Qué significa para ti esa experiencia?

Cumplir un sueño gigantesco, no sólo por hacer música sino por haber podido cantar un tema mío en un escenario tan importante, donde no cualquiera actúa. Ya había logrado el sueño de jugar fútbol profesional, algo que me apasiona, consiguiendo algunos títulos internacionales tan valiosos como exclusivos para el fútbol chileno.            

Tan valiosos como los creadores, a quienes admiras y respetas profundamente, ¿sí?    

Sí, merecen todo mi respeto, aunque no te guste la música que interpretan. Si exponen algo que está en las antípodas de tu paladar, igualmente merecen ser escuchados. He estado en lugares donde la gente no le presta atención a un cantante o a un músico, pareciéndome eso una enorme falta de respeto.          

“ESTE AÑO, EL HINCHA VIÑAMARINO SE VA A ILUSIONAR CON EVERTON”

Marcelo, quien convoca a ver esta “simpática y entretenida entrevista” –tal cual lo dice en el video que encabeza esta nota-, se refiere también al Racing de sus amores, hoy protagonista del torneo trasandino con tres valores nacionales en su plantel: Marcelo Díaz, Eugenio Mena y Gabriel Arias, portero naturalizado chileno.

Invadido por la añoranza, recuerda a la Academia del 67, campeona de la Libertadores y de la Copa Intercontinental de aquella temporada gracias a un equipazo alineado por Agustín Cejas, Roberto Perfumo, el Coco Basile, el Toro Raffo, Juan Carlos Rulli, el Bocha Maschio, el Chango Cárdenas… “Aunque nací en enero de ese año, me sé de memoria la formación con la cual ganó ambos torneos. Toda mi familia es de Boca, pero un fanático de Racing, mi padrino Julio Rial, me introdujo los colores albicelestes del club”.  

Racing está en la cima de la Superliga argentina, restando cinco fechas para el final… 

Ha hecho una excelente campaña el equipo, destacando en él notoriamente el arquero Arias, Marcelo Díaz y Mena, quienes han recibido elogiables críticas. Faltan cinco partidos, sí, donde deberá tener mucho cuidado con Defensa y Justicia, que está a tres puntos solamente.

Padre de Lucas y de Bruno (oriundos de Chile), y de Octavio (nacido en México, cuando Marcelo jugó en el América), Barticciotto revela además los desafíos de Bruno, actual delantero de la Sub 17 de Universidad Católica: “Ahora, lo ascendieron a la juvenil. Juega bien, inclusive es más completo que yo según la opinión de sus técnicos (sonriendo). Claro, a un padre le cuesta hablar de un hijo objetivamente… Está en el grupo de proyección y ya ha entrenado con el primer equipo, entonces, está ahí, a un pasito. Ama el fútbol y su mayor sueño es llegar al profesionalismo”.             

Y sobre la pasada Copa Viña Ciudad del Deporte, señala: “En Sausalito, la Católica ilusionó al hacer un buen campeonato, jugando a gran nivel. En cambio, Colo Colo defraudó, pero comenzó el torneo nacional de buena manera. Everton también mostró un buen juego, ofensivo y con mucha movilidad. Eso te deja un parámetro menor, tal vez, porque no sabemos si los equipos podrán mantener sus rendimientos”.

¿El viñamarino se puede ilusionar con Everton?

Sí, porque lo vi atrevido y con jugadores de indiscutible calidad, como Maximiliano Cerato, Juan Cuevas, Gonzalo Freitas, Camilo Rodríguez, Benjamín Berríos. También tiene a Chano (Marcos) Velásquez y a Cristián Suárez, una dupla de centrales de lo mejorcito del país. A pesar de un inicio de torneo sin triunfos, creo que Everton va a andar bien, será un equipo muy difícil en Viña”.  

Añorando su presentación cumplida en la Quinta Vergara, el 15 de febrero de 1999, donde escribió sueños surgidos en su adolescencia y confirmó que el fútbol, más que un deporte, es un fenómeno lúdico artístico, Marcelo Barticciotto ha grabado acá diversos sentimientos: las memorias de una pieza artística sublime, de una melodía armoniosa, de un idilio indestructible con el canto y la guitarra, y de un romance esbozado con la alba del Cacique a partir del 9 de octubre de 1988, cuando en Valdivia decretó su primer grito envuelto en la camiseta de aquel matiz inmaculado. 

También, el diestro de pie y zurdo de mano, “si bien mis goles, la mayoría de fuera del área, los marqué con la zurda”, aclara, evoca un acierto de antología señalado veintiocho días después de su actuación en Viña. Ese golazo plenamente importante anotado desde 55 metros en El Salvador.   

por Mario Ramírez Escudero


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