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Raúl Gaymer: “A los veinte años cumplí los sueños de vivir en Viña y jugar en el club de René Orlando Meléndez”

Lunes 16 de Noviembre de 2020
Íntimo y a fondo, el volante de un Everton promisorio e imbatible, guiado por Salvador Biondi y Daniel Torres, repasa sus tres años vistiendo la Oro y Cielo y residiendo en la Ciudad del Deporte. “Fue una etapa impagable y una catapulta en mi carrera deportiva”, afirma. También, revive su duelo con Pelé en el octogonal de Chile 1968.
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Hoy, viajando por el cálido latir del deporte viñamarino del ayer, nos abrazamos con Raúl Gaymer Martínez, testimoniando nuestro mejor homenaje a un trozo de historia del Oro y Cielo. Abrigado en su señorial estampa de 186 centímetros, Raúl revela: “Everton fue un trampolín para mí, fundamental en mi carrera. En Sausalito, me dio la posibilidad de mostrarme como deportista durante tres años y crecer como persona”. Y en el reconfortante sosiego de su hogar, agrega escoltado por Verónica González, su esposa y obsequiosa anfitriona: “Además, entre 1963 y 1965, cumplí los sueños de vivir en una bellísima ciudad y defender al club de René Orlando Meléndez Brito”.

Primogénito de Teresita Martínez Farfán y de Ernesto Gaymer Lincoln, el otrora mediocampista ruletero -y zaguero de Santiago Morning y de Colo-Colo en el verano de 1968-, amplía: “Nací el 21 de marzo de 1943 en Santa Rosa de Los Andes y llegué a mis cinco años a Quilicura, donde construí una férrea amistad con una centenaria familia, encabezada por la señora Rosa Pizarro y don Fortunato Escudero”. En relación al deporte, descubre que “siempre jugué de 6 u 8, desde muy niño. En el Biblioteca, de Quilicura, y en Everton. Después, en el Chago Morning empecé a actuar como defensor central, jugando en esa posición en Colo-Colo, también, en el octogonal de 1968”.

El Silvio Marzolini quilicurano, “me apodaron así por, dicen, mi parecido físico con el lateral del Boca de los sesenta”, e Hijo Ilustre de aquella comuna, es el máximo emblema histórico del deporte de la misma. “Acá, tras abandonar el fútbol profesional, fui funcionario municipal y presidente del Consejo Local de Deportes. A mi club de siempre, Biblioteca, también lo presidí, ejerciendo además como entrenador y directivo”. “Pero Marzolini no era mi ídolo, sino José Varacka, un fino volante de Independiente”, aclara el hermano de Augusto, Teté (Teresa) y Lucy. “Y padre de María Paz, Raúl Marcelo, Augusto y Camilo, quienes me han dado cinco nietos”.

A Varacka lo viste en enero de 1953, en Viña, donde Everton le propinó un 5-0 a un legendario Independiente, ¿sí?

Sí, con mi padre fui al antiguo estadio El Tranque, el Sausalito de hoy. Yo siempre fui fanático del fútbol argentino y tenía apenas diez años en ese momento, pero conservo algunas imágenes del partido. Everton le dio un baile a un equipazo compuesto por Varacka, Carlos Cecconato, Ernesto Grillo, Rodolfo Micheli, Osvaldo Cruz… Y el de Everton también era un gran cuadro, con Carlos Espinoza, Adolfo Rodríguez, Augusto Pelusa Arenas, el Tano (Salvador) Biondi, el Gitano (José María) Lourido, René Meléndez.

¿De qué club eras hincha, Raúl?

Primero, de Universidad Católica y después de Colo-Colo, pero la afición por el Everforever fue más fuerte porque tenía a don René Orlando, fundamentalmente, un delantero y goleador extraordinario. En 1960, comandando el ataque de la Selección en el Estadio Nacional, también lo vi jugar contra esa tremenda España de Alfredo Di Stéfano, Ferenc Puskas, Paco Gento, José Emilio Santamaría, el arquero Antonio Ramallets, Luisito Suárez…

¿Cómo surgió la posibilidad de ir a Everton?

Un veedor ofreció llevarme a Viña en 1963, ni lo pensé para irme. Empecé a residir al lado de la sede antigua, la casona de Viana 161, con Pedro Pedro Arancibia, Miguel Trujillo, Pedro Álvarez y Alejandro Rojas. Después, nos fuimos a la casa de Eladio Rojas, en Agua Santa, cuando a Eladio lo contrató River Plate. Llegué a un equipo joven, promisorio, dirigido por una figura importantísima en la historia del club, el Tano Biondi, capitán del Everton campeón en 1950 y 52. Más tarde, Zapatazo (Daniel Torres) fue nuestro técnico.

¿Qué recuerdas de ese prometedor equipo?

Precisamente, se trataba de un grupo muy prometedor, formado por Ricardo Contreras, Alberto Garcés, Carlos Pacheco, el Perro (Daniel) Sánchez, el Chico (Rodolfo) Leal, Nicanor Rojas, Pedro Arancibia, Daniel Escudero, Leonardo Véliz y Raúl Riveros. No teníamos competidores, prácticamente, porque los goleábamos a casi todos en los encuentros de preliminar en Sausalito. Yo jugaba al medio con Leal y Rojas. Pedro Álvarez, Hernán Martínez, Alejandro y Manuel Rojas también fueron parte del plantel, llegando todos a primera división. Fue una linda época, en la cual entrenábamos en Sausalito y en el Club Naval de Campo, en Las Salinas.

¿Te marcaron mucho Everton y Viña? ¿Cuán significativos fueron en tu vida?

Fue una etapa preciosa, repito, y un desafío trascendental porque yo nunca había salido de mi casa. Me marcó muchísimo, resultando esencial en mi desarrollo y crecimiento, humano y deportivo. Maduré, me dediqué más al fútbol y adquirí mayor personalidad. Disfruté una ciudad muy tranquila, ideal para vivir, donde los paseos por Alvares, Viana, Valparaíso, Arlegui y Libertad me fortalecían. Por lo demás, atesoro los mejores recuerdos de don Aldo Caimi y del doctor Óscar Marín, dirigentes siempre preocupados por el bienestar de los jugadores.

DEL BRILLO JOVEN EN VIÑA A LA CONSOLIDACIÓN EN S. MORNING

Raúl Gaymer -contemporáneo de Elías Figueroa y Alberto Quintano-, abandonó Everton en 1966 tras dejar en la Ciudad del Deporte una estela marcada por sonrisas, victorias, melancolías y memorias inalterables. Aquel año, arribó a Santiago Morning, donde exhibió durante siete temporadas un fútbol galano y difícil de sortear, cuyo retiro se produjo prematuramente, en 1972, luego de sobrellevar severas lesiones.

“En el Chago, realicé acertadas campañas bajo las órdenes de Salvador Nocetti, entrenador argentino que más de alguna vez condujo a la selección chilena. Él me pidió después de verme en Everton y fue él quien me dijo: ‘Te quiero poner de defensor central porque no andamos bien atrás, necesito fortaleza’”.

¿Te adaptaste prontamente en tu nueva posición? Entre tus atributos, ¿prevalecía la técnica?

Según mis entrenadores, técnicamente era virtuoso. Te cuento una anécdota: en Santa Laura, contra la UC, le hice un túnel dentro del área a Alberto Tito Fouillioux. Entonces el Ruso (Nocetti) me increpó: “¡Cómo hacés un túnel dentro del área, carajo de mierda, tenés que reventarla!”. Y yo no sentía ese tipo de fútbol, me gustaba salir jugando porque tenía dotes técnicas para hacerlo. No golpeaba y jamás reventé una pelota.

En 1967, protagonizaron un encuentro electrizante con Colo-Colo, designado como el mejor de la temporada…

Luchando aún por un cupo para la Copa Libertadores, en diciembre de ese año enfrentamos a excelentes rivales: al Chita (Humberto Cruz), Aldo Valentini, Carlos Caszely, Francisco Chamaco Valdés, Superclase (Mario Moreno), Elson Beyruth… El partido fue espectacular, de ida y vuelta. Faltando menos de diez minutos, nos empataron a tres y Roberto Saporiti, centrodelantero argentino, anotó el 4-3 en los descuentos. Fue el mejor encuentro del 67, imborrable para los hinchas del Chago.

“A PELÉ LO OPACAMOS, NO PUDO CONVERTIR”

El flaco espigado de ojos azules y sonrisa tierna -cual Marzolini- alcanzó su cumbre deportiva en 1968, disputando en Ñuñoa una edición de aquellos memorables torneos internacionales de verano, enarbolados por superastros de todos los tiempos y por célebres elencos: Pelé, Lev Yashin, Carlos Alberto, Alberto Spencer, Coutinho, Josef Masopust, Pedro Rocha, Clodoaldo, Héctor Veira, Humberto Maschio, Janos Farkas, Roberto Perfumo, Rivelino…

Gaymer: “En esos campeonatos inolvidables, junto con figuras de nivel mundial, compitieron el Santos, Estrella Roja, Dinamo de Moscú, Peñarol, Nacional de Montevideo, River Plate, el Vasas de Hungría, las selecciones de Checoslovaquia y de Alemania Oriental, Racing, el Ballet Azul, la UC, San Lorenzo, Colo-Colo”.

Tú te codeaste con excelsos cuadros e ilustres cracks en el octogonal de 1968…

Sí, reforzando a Colo-Colo. Francisco Paco Molina, su entrenador, me eligió para fortalecer la defensa ante el Santos, Racing, Checoslovaquia, Vasas, Alemania y las universidades. Con Óscar Cavallero, el Chita Cruz, Chamaco, Superclase, Beyruth, Caszely, el viñamarino Moisés Silva y Roberto Zywica, volante de River, hicimos una aceptable presentación. Y con Óscar Claria, formé la zaga central. Contra un equipazo de Racing nos tocó el choque más bravo, ganándolo 1-0 con gol de Chamaco frente a Quique Wolff, Alfio Basile, Mario Cejas, Roberto Perfumo, el Bocha (Humberto) Maschio, el Chango (Juan Carlos) Cárdenas…

¿Y el duelo con el equipo de Pelé no fue tan bravo? ¿Cómo te fue frente al Rey?

No fue tan bravo, aunque perdimos 4-1 la noche del 2 de febrero. Pelé, aun extraordinario en todas las facetas, no pudo hacer mucho ni convertir porque lo marcamos muy bien, lo opacamos en cierta medida. Incluso, a poco de comenzar el segundo tiempo lo reemplazó Douglas, un atacante potentísimo que nos hizo dos tantos. Pero era demasiado inteligente, me tiraba túneles cuando yo iba a cambiar el pie, sabía dónde tirarla. Yo estaba alerta a eso, me cuidaba y en el brinco te sacaba sesenta centímetros (…) Por otra parte, Colo-Colo estaba intervenido en aquel momento, no pude quedarme porque había un tremendo caos, lamentablemente.

RAÚL GAYMER, EN LA RUTA DE ELÍAS FIGUEROA

Memorioso, el entrevistado no soslaya el eterno y endémico debate de su deporte: ¿Pelé o Maradona? “Son distintas épocas y aparte de Pelé y Diego, están Di Stéfano, Messi, Johan Cruyff y Cristiano Ronaldo en el grupo de los mejores de la historia. Por categoría y estadísticas, Pelé es el número uno de siempre y el de hoy, Messi. Actualmente, el juego es más físico y veloz; antes había jugadores más lentos, pero muy finos e inteligentísimos”, manifiesta, añadiendo: “Casi no veo fútbol de ahora, añoro el antiguo porque se disputaban campeonatos largos y competitivos, con estadios llenos. Había reuniones dobles y triples sensacionales, además, respirándose mucho respeto y amistad entre rivales, hinchas, dirigentes, entrenadores, periodistas (…)

“Gracias a Everton pude escalar en el deporte, siendo elegido en un ranking entre los mejores jóvenes de mi puesto. En 1969, la revista Estadio publicó: ‘Raúl Gaymer, en la ruta de Elías Figueroa’. Esa nota la realizó Míster Huifa (Renato González), periodista muy atento conmigo, tal como don Julio Martínez y AVER (Antonino Vera), director de Estadio”, repasa nostálgicamente.

¿Algo más sobre la Ciudad del Deporte, Raúl?

No estoy alejado de Viña, porque permanentemente voy al departamento de mi mejor amigo, Patricio González, ubicado en 4 Poniente y 4 Norte. Estando allá, puedo volver a esos tres años maravillosos, vitales para convertirme en futbolista profesional. También, me acerco más a la Casa del Deporte, que no olvida a los amigos de siempre ni a quienes defendieron los colores deportivos de una ciudad sumamente valiosa para mí.

Vivimos una tarde de palpitantes recuerdos en el hogar de Raúl Ernesto Gaymer Martínez, viajando por un ayer radiante de Everton, Sausalito y Viña del Mar. Con emoción y amistad, eterna como el tiempo, hicimos esta nota que pinta al otrora ruletero en toda su dimensión.

Por Mario Alberto Ramírez

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