LA CLÁSICA COPA VIÑA, UN TESORO QUE VUELVE, FINALIZA BAJO OCÉANOS DE OVACIONES

Domingo 03 de Febrero de 2019
Everton y la UC brindaron un correcto encuentro de clausura, reverdeciendo laureles en Sausalito.
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Una multitudinaria afición y cuatro señeros animadores de nuestro fútbol ofrecieron en siete jornadas un espectáculo que no vivíamos desde hace largo tiempo. En Sausalito, quince mil espectadores fueron testigos de la final de la Copa Viña Ciudad del Deporte 2019, disputada por Everton y Universidad Católica, cuadros que habían sorteado a Colo Colo y a Unión Española.

Inaugurado en febrero de 1976, el máximo acontecimiento deportivo del verano fue perdiendo expectación a partir de 2006, después del desfile de linajudos equipos y de protagonistas que dejaron huella. Desde aquella temporada esplendente para la entidad anfitriona, vimos en nuestra ciudad a Internacional de Porto Alegre y a su “10” de exuberante riqueza técnica, Severino Vasconcelos, quien en 1978 nos deleitó con ese juego depurado.

Clubes como Huracán, el lustroso Cobreloa de los ochenta, el Slovan Bratislava de Eslovaquia, el Saint Gallen suizo y Argentinos Juniors, entre tantos otros, también estamparon estelas en el viejo y querido feudo enclavado junto a la laguna. En este viaje por una nostalgia no tan lejana, pero anhelada por todo el balompié nacional, tampoco podemos olvidar a Carlos Caszely, quien implantó en los torneos de los setenta y del primer lustro de los ochenta su gran marca: el gol.   

Tampoco podemos soslayar la Copa Viña 1981, acaso la mejor de todas, la cual tuvo en Elías Figueroa como refuerzo de Everton. Ese año, además, cuando nuestra municipalidad la gobernaba Edmundo Crespo, asistimos a la inauguración de las nuevas luminarias de Sausalito. Dos décadas después, este torne nos entregó el único tanto de cabeza anotado por un arquero en toda la historia del reducto: en 2001, Sergio Bernabé Vargas batió la valla de Wanderers en la disputa por el tercer lugar. Así se ha ido tejiendo este certamen, hasta llegar a este presente iluminado por la UC y por Maximiliano Cerato.                                    

GRACIAS AL LUCIDO JUEGO DE PUCH, AUED, BUONANOTTE Y FUENZALIDA, LA UC ALZA LA COPA VIÑA                          

Tras pasear por épocas inolvidables, llegamos a la final sostenida por cruzados y viñamarinos, dominada en todos los frentes por el actual campeón nacional, principalmente en el sector del mediocampo. Ahí, donde Luciano Aued, Diego Buonanotte y Jaime Carreño, se adueñaron del balón, correctamente escoltados por José Pedro Fuenzalida y Edson Puch.

Everton, que complicó parcialmente a su rival sólo a través de destellos de Cerato durante los primeros minutos, comenzó a desnivelar el compromiso a los veintisiete de la etapa inicial, luego de una maniobra asociada en la que Puch habilitó a Diego Valencia. El joven atacante definió certeramente ante la salida del arquero Carlos Moreno. Poco antes de la segunda cifra estudiantil, el conjunto adiestrado por Gustavo Díaz llegó por única vez al marco de Dituro por medio de un tiro libre ejecutado por Gonzalo Freitas, que pasó cerca de un vertical.      

Y esa segunda anotación franjeada nació de un largo balonazo de Aued, quien siempre estuvo destapado para recibir sin marca, que recogió Puch en la banda izquierda. El hábil delantero encaró a un par de defensores ruleteros, dejándolos en el camino y definiendo con categoría para establecer un claro predominio. Los pupilos de Gustavo Quinteros manifestaron esa supremacía a los dieciocho de la segunda mitad, conforme a una enorme pared del Buonanotte construida con el Chapa Fuenzalida, rubricada por el propio Enano.                

A falta de ocho minutos para el silbato final de la Copa Ciudad del Deporte, Cerato encontró una más que merecida recompensa, anotando el descuento para cerrar una aclamada presentación personal durante todo el torneo, estructurando Fuenzalida el 4-1 definitivo en los minutos adicionales y el título para los de la precordillera.       

Mario Ramírez Escudero

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