03 de Junio 2008: Everton Campeón, la noche más feliz del deporte en Viña

Lunes 03 de Junio de 2019
Los viñamarinos, privados de títulos nacionales desde hace 32 años, bajaron su única estrella en Sausalito.
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  • 03 de Junio 2008: Everton Campeón, la noche más feliz del deporte en Viña

Johnny Herrera, Benjamín Ruiz, Cristián Oviedo, Adrián Rojas, Fernando Saavedra; Juan Luis González, Leandro Delgado, Jaime Riveros, Cristián Canío; Darío Gigena, Ezequiel Miralles. Con esta oncena salió Everton a la cancha de Sausalito el martes 3 de junio de 2008, en la cual desde las 19.30 horas debía dar vuelta un 0-2 ante Colo Colo por la finalísima del Apertura. O sea, una ardua misión tenían los pupilos de Nelson Acosta en una jornada gris y fría, pero vivísima en los cuatro costados de un fortín viñamarino atiborrado de esperanzados hinchas. El local atacó y atacó afanosamente desde el arranque, no pudiendo perforar la puerta alba en la primera parte, en la que dos disparos, de Delgado y Riveros, sacudieron el horizontal y un poste. La incertidumbre se apoderó en las huestes ruleteras, ya que debían marcar dos al menos para soñar con la gloria. Sin embargo, en la primera llegada tras el descanso, Gigena tiró rasante encontrando en la garganta del arco Cerro el botín de Miralles, quien viviría una noche iluminada. El optimismo creció, más cuando en el bendito pórtico del cerro, a los 71 minutos, Riveros puso el 2-0 luego de tirar templadamente con su zurda mágica un balonazo que no pudo detener la pobre resistencia de Muñoz. Así las cosas, con Everton convertido en una tromba y el Cacique sintiendo las dos estocadas, se esperaba la hazaña. Había argumentos para ésta, plasmados en un juego ofensivo y ganador, el cual se selló a los 75. Acá nos detenemos para revivir la conquista esperada desde 1976: Riveros, con su enguantado zapato, cobró una falta enviándola a la zona del terror, donde el “18”, Miralles, brincó de espaldas conectando de cabeza el balón para anidarlo en la red. Fue el 3-0 categórico, histórico, heroico, un tanto que se metió en la historia grande del deporte de Viña. Cuando los corazones viñamarinos latían vertiginosamente, Marcos Velásquez sustituyó a Gigena a los ochenta minutos, y a los 85, Cristian Uribe a Riveros, el creador que caminó hacia la banca envuelto en una ovación estruendosa. Y a los 89, en un instante en que el local pudo ampliar las cifras en una acción de Canío abortada por un vertical, Paco Sánchez reemplazó a Miralles, quien, ciertamente, fue premiado con las palmas y aplausos de todo Sausalito. Tras el pitazo final, asistimos al rito de los vencedores, aquel de la recepción del trofeo escenificado en el centro del campo, donde el capitán Juan Luis González, el presidente Antonio Bloise y todo el plantel, junto a la alcaldesa Virginia Reginato, gritaron ¡campeones! Fue la cuarta estrella ruletera, con un agregado especialísimo: es, hasta hoy, la única bajada en los cielos de Viña, pues las de 1950, 1952 y 1976 fueron levantadas en el Estadio Nacional.

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