24 de abril 1977: CON UN CONTUNDENTE 3-1, EVERTON LAPIDA AL CACIQUE

Viernes 24 de Abril de 2020
En Sausalito, veinticinco mil personas asistieron a los tantos del Negro Ahumada y del Flaco Spedaletti, señalados frente al bochorno del elenco de Puskas.
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Tonificado por el empate a uno como forastero ante Unión Española, con anotación de José Luis Ceballos en el Estadio Nacional, el campeón defensor en aquel instante salió a buscar la primera victoria en la nueva temporada, pero enfrente había un equipo distinto: el Colo-Colo dirigido por el húngaro-hispano Ferenc Puskas, Cañoncito Pum o el Mayor Galopante, integrante del legendario Real Madrid de los 50 y 60, y de la selección española presente en Viña del Mar con motivo del Mundial del 62. Así se encendieron las luces del flamante torneo, tras la reciente eliminación de la Roja de Argentina 78 -excluida por el Perú más sublime de todas las épocas- y poco antes de los encuentros cruciales de Everton en la Copa Libertadores, contra Olimpia y Libertad en Asunción. Por la segunda fecha, los comandados por Pedro Morales enfrentaron a los albos bajo una concurrencia desbordante, 23.170 espectadores, que vio a futbolistas de respetable valor. Por el lado del local, que mantuvo la estructura victoriosa del año anterior alineada por Guillermo Chicomito Martínez, Américo Jorge Spedaletti, Sergio Ahumada y el cordobés Ceballos como pilares, a refuerzos como Miguel Ángel Leyes, Alfonso Lara, Nelson Acosta y Pedro Alfredo Gallina.





Por su parte, el conjunto popular mostró a Mario Galindo, quien fue cedido por el mismo instituto blanco al Everton 76 en calidad de préstamo; Enrique Enoch, Atilio Herrera, Eddio Inostroza y a un triunvirato ofensivo de temer: Ramón Mané Ponce, Julio Crisosto y Juan Carlos Orellana, el mortífero Zurdo de Barrancas. A estos, se sumó desde el inicio del segundo período otro atacante terrible, la Fiera Luis Alberto Ramos. Cautivante el escenario viñamarino, entonces, donde la etapa inicial se fue emparejada en blanco. Y la emoción en los arcos apareció en el primer minuto del complemento, con Ahumada poniendo justicia en el marcador. Pronto, a los cinco, el Loco Enoch le contuvo un penal a Ceballos, no dificultando en todo caso el instinto goleador de un consular Spedaletti, que a los diecisiete aumentó y a los veintiocho asestó la estocada definitiva. En los descuentos, el Pirulete Crisosto encajó la cifra del honor en el marco del Cabezón Leyes.                                           

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