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1 de junio 1980: EN TIERRA JAPONESA, EL SOL NO NACE PARA MARTÍN

Lunes 01 de Junio de 2020
Luego de batallar con Canto y Betulio, Martín Vargas se consagró ante Gushiken en el único boxeador nacional en disputar cuatro títulos mundiales.
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Exclusivo púgil chileno en combatir en tres ocasiones por un cinturón máximo, el osornino de veinticinco años se puso al frente de una nueva pendencia de cuño planetario en Kochi, Japón, ante Yoko Gushiken, monarca de la categoría minimosca del Consejo Mundial de Boxeo (CMB). Antes, como insigne exponente de la división mosca, el ídolo nacional que había representado al país en los Juegos Olímpicos de Múnich 1972, retó en septiembre de 1977 al mexicano Miguel Canto en Mérida: en quince bravos asaltos, Martín perdió por puntos, pero dejando madera de campeón. Dos meses después, en el Estadio Nacional, el azteca y el crédito local nuevamente animaron quince vueltas, conservando el título el oriundo de Yucatán al sumar más puntos. Hasta ahí, el poderoso puño izquierdo, el uppercut y el cross del chileno (“mis mejores golpes”, indicó a la Casa del Deporte en entrevista de julio de 2010) no pudieron llevarlo a la corona. Tampoco en noviembre de 1978, cuando el venezolano Betulio González retuvo la diadema en Maracay, con un nocaut en el duodécimo asalto. Y desde las 5.20 de aquel viernes, hora chilena, Vargas afrontó su cuarta y última oportunidad para hacer historia, contra el nipón de veinticuatro años.

Para esto, al deportista criollo lo preparó un prestigioso equipo guiado por el argentino Juan Carlos Tito Lectoure, promotor y dueño de un verdadero templo bonaerense del cuadrilátero, el Luna Park; e integrado por Juan Carlos Cuello, entrenador de Nicolino Locche, Carlos Monzón, Víctor Emilio Galíndez y Óscar Ringo Bonavena, entre varios otros ex campeones mundiales; y Dominique Castillo, kinesiólogo de U. Católica. Dispuesto de tal manera, el desafiante alarmó en momentos de los tres primeros rounds al japonés, que respaldado en agilidad y en dos puños eficaces volcó el pugilato totalmente para sí, hasta decidirlo en el octavo con un nocaut inclemente. Sobre esta derrota, Martín expresó también a la Ciudad del Deporte hace diez años: “Fue una pelea absolutamente anormal, porque la mafia que protegía a Gushiken le echó droga a un jugo que tomé la noche previa al combate. O sea, subí al ring completamente dopado”.

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