22 de junio 1989: GRACIAS A UN VOLEO MORTÍFERO, EL MUNDO ELOGIA AL BETO

Lunes 22 de Junio de 2020
En el 4-0 de San Lorenzo ante Boca, bajo la batuta de Gorosito, Alberto Acosta marcó un tanto impresionante para los históricos Camboyanos instaurados por el Bambino Veira.
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Un impacto devastador que sacudió el marco de Carlos Navarro Montoya, en el estadio de Huracán, cobró rápidamente notoriedad mundial el jueves 22 de junio de 1989. Aquella tarde, por un octogonal que daba una plaza para la Copa Libertadores 1990, el Ciclón dirigido por el Bambino Héctor Rodolfo Veira y el Xeneize se enfrentaron en el campo de Parque Patricios, donde la banda azulgrana conducida por un inspirado Néstor Raúl Gorosito pasó por encima de ese rival siempre linajudo, integrado entonces por Juan Simón, José Luis Cucciufo (campeón mundial con la Albiceleste el 29 de junio de 1986, en México), Claudio Marangoni, Diego Latorre, Alfredo Graciani. La tempestad para los auriazules empezó a los diez minutos, merced a un delicado tanto del Pipo Gorosito, y a los veintiuno el fútbol continental presenció el alumbramiento de uno de esos goles destinados a quedarse para siempre en el alma de la multitud: Claudio Zacarías, “3” de los Camboyanos, puso el balón en el empeine derecho de Alberto Federico Acosta, quien lo tomó de aire, como venía, levantando bien arriba la pierna para recibirlo de lleno y no levantar el disparo a dieciocho metros del Mono Navarro Montoya.  

Con esa bomba, que hizo estallar a todo Buenos Aires y le dio cierta tranquilidad a los de Boedo, concluyó el primer tiempo. Y a los once y a los 42 del segundo, Darío Siviski y el propio Beto estructuraron el lapidario triunfo del equipo de Veira, quien sobre el filo del encuentro premió a Gorosito: lo sustituyó por Gustavo Tempone ante la estruendosa ovación de un estadio lleno, que lo despidió a pocas horas de viajar al Tirol, de Austria, su nuevo club. Esto aconteció a fines de los ochenta en el marco de un clásico Boca-San Lorenzo, cinco años antes del arribo de dos campeones de la Copa América 93 a U. Católica, el Beto y el Pipo, quienes dejaron una brillante huella en el deporte chileno. Uno, a punta de coraje, vigor y goles; y el otro, exhibiendo elegancia, galanura, túneles, suela, exquisito idilio con la pelota (Acosta, en la Copa Libertadores 97, también anotó un golazo de voleo muy similar a este, ante Colo-Colo en el Monumental). 

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