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6 de julio 2008: RAFA Y SU MAJESTAD, PROTAGONISTAS DE LA MAYOR OBRA

Lunes 06 de Julio de 2020
Cuando concluyó aquella final de Wimbledon, con Nadal festejando ante Federer, gran parte del mundo no dudó en calificar este match como el mejor de la historia del tenis.
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El 5 de julio de 1980, sobre la hierba de la cancha central del All England Lawn Tennis and Croquet Club, dos raquetas excepcionales grabaron para siempre uno de los sucesos deportivos más antológicos de la historia, en cinco capítulos que debería verlos para certificar el valor de los mismos. Ese día, el sueco Björn Borg y el estadounidense John McEnroe disputaron la final de Londres y, al mismo tiempo, el catalogado por largo tiempo como el mejor match de todas las épocas, obtenido por Iceborg con parciales de 1-6, 7-5, 6 -3, 6-7 (16-18) y 8-6. Después, la Catedral del Tenis Mundial cobijó en su césped sagrado insignes finalísimas, desde luego, pero ninguna como la contendida el mismo día en que el campeón del fútbol chileno ya defendía su corona: en Sausalito, por la tercera fecha del Clausura, Everton dio cuenta por 2-1 de la U. de Concepción conducida por Marcelo Barticciotto, con tantos de Jaime Riveros y de Mauricio Arias. Y en Wimbledon, Roger Federer defendía sus cinco coronas consecutivas frente a Rafael Nadal, a quien había derrotado en las finales de las dos ediciones anteriores.      

Pero el hispano, ganador de cuatro Grand Slams hasta entonces, le sacó una considerable ventaja a Fedex al vencerlo 6-4 y 6-4 en las mangas iniciales. Obligado a neutralizar el poderío de su máximo rival, Su Majestad igualó la contienda en los siguientes sets, a lo grande, luego de dos tie breaks de altísimo relieve técnico, emotivo y espiritual: sin claudicar, el supercrack de Basilea sorprendió a Nadal con un 7-5 y un 10-8 para llevar el cimero desafío a un quinto parcial. Y en este, el dueño de doce Majors hasta ese momento fue superado por 7-9 ante un chaval de veintiún años, que en cuatro horas y 48 minutos escaló por primera vez a lo más alto de Londres. Considerado como el mejor partido en la historia del tenis, este duelo significó además la primera derrota de Federer en una final de este torneo, como también la más dolorosa de su inigualable trayectoria.    


                 

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