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24 de septiembre 2009: DALSASSO Y RIVEROS, PILARES EN EL 3-2 FRENTE A COLO COLO

Jueves 24 de Septiembre de 2020
La Muralla de Villa Regina y el juego refinado de Jaime Riveros, autor de una delicadeza, fueron cruciales en la victoria de Everton en Sausalito. Guevgueozián, también, porque marcó el tanto concluyente.
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Quince mil espectadores invadieron el principal escenario de la Ciudad del Deporte esa bella noche de jueves para ver la pulcritud de Jaime Riveros, la potencia y la clase de Esteban Paredes, el instinto goleador de Ezequiel Miralles, la efectividad de Mauro Guevgueozián y la solvencia de Gustavo Dalsasso, pretendido en ese momento por Marcelo Bielsa para incorporarlo a la Roja. El Oro y Cielo y el Cacique, por la undécima fecha de la primera fase del Clausura, propusieron un juego netamente ofensivo en el terreno viñamarino, donde Riveros provocó el delirio en las tribunas antes del minuto tres. El conductor de los locales, tras crear una decidida acción con Guevgueozián, definió sutilmente ante la salida de Cristián Muñoz. Golazo e imponderable inicio de fiesta. Pronto, el espectáculo lo extendió Miralles a los once, cuando ganó el duelo que lo enfrentó al portero del anfitrión, luego de una precisa habilitación de Paredes: el ex ariete ruletero festejó la igualdad templadamente y persignándose frente a la desazón de los hombres de Nelson Acosta.

Y como es el fútbol es así, el Cacique pudo haber desempatado el compromiso a no mediar la gestión de Dalsasso, desnivelándolo a los veinticuatro el campeón del Apertura 2008 gracias a un autogol del venezolano José Manuel Rey. En el veinte de la segunda etapa, el cuadro administrado por Hugo Tocalli -ex arquero de Argentinos Juniors, América de Cali y Quilmes- volvió a emparejar la brega, esta vez por medio de Paulo Magalhaes. Tonificados con el empate, los albos crecieron en posesión y en oportunidades para ponerse en ventaja, no concretándolas debido al óptimo cometido del golero viñamarino, correctamente vigilado por Cristián Oviedo, Adrián Rojas, Leandro Delgado y Nicolás Freitas. Y a los veintitrés, el Tanque Guevgueozián asaltó la zaga popular por la izquierda, para sacar desde ahí un zurdazo bajo, cruzado, ganador, definitivo. Posteriormente, Everton avanzó hasta los cuartos de final de ese torneo, donde lo eliminó U. Católica, que disputó el título con Colo-Colo. Ante aquel Albo que en la segunda final la venció 4-2 en Santa Laura, donde Paredes recorrió 45 metros para asentar una anotación inolvidable.

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