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3 de noviembre 1985: EL GOL IMPOSIBLE DE SAN DIEGO

Martes 03 de Noviembre de 2020
Frente a Juventus, Maradona clavó un tiro libre indirecto dentro del área, aplaudido por el propio Platini y el juez del encuentro. Con ese tanto, Nápoles festejó un 1 a 0 y una genialidad imborrable.
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En el estadio San Paolo, el equipo anfitrión y el Carlos Gardel de la pelota, venerado como ningún otro deportista en la tierra del patrono de Nápoles, San Gennaro, recibieron al campeón de Europa en el choque estelar de la novena giornata de la liga italiana 1985-86. La Vecchia Signora, que llegó con ocho triunfos a enfrentar al club que jamás había alcanzado un scudetto, se posó en el citado coliseo con una constelación de estrellas: Michel Platini, Gaetano Scirea, Antonio Cabrini, Michael Laudrup, Zbigniew Boniek y Aldo Serena, guiada desde el banco por Giovanni Trapattoni. A su vez, los locales encararon el dificultoso obstáculo con, aparte del Diez, sólo dos figuras de solvencia internacional, Daniel Bertoni y el también atacante Bruno Giordano. Tras un primer tiempo carente de destellos, los más de cincuenta mil feligreses apostados en el San Paolo fueron testigos de una pincelada increíble, luego de una falta cometida por Scirea sobre Bertoni en el minuto veintitrés, sancionada como tiro libre indirecto a diez metros de la puerta de la Juve. En ese momento, Maradona y Eraldo Pecci se apoderaron del balón, emprendiendo además una verdadera reyerta entre ambos: “¿Cómo vas a patear desde acá? ¡No se puede, estás loco, no hay distancia para pasar la barrera y meterla!”, dijo Pecci al Pelusa de Fiorito.

Encima, la cancha estaba pesada y el esférico con agua y barro, y la barrera a escasos metros, a casi cinco. Entonces, ¿cómo se podía golpear la pelota para que pudiera bajar y colarse dentro del arco visitante? A lo Maradona, simplemente, inclinando el cuerpo levemente hacia atrás y acariciándola para que no se elevara. “¡Qué me importa, tócamela y yo me la arreglo!”, exclamó el Zurdo ante la incredulidad de su compañero. Dicho y hecho, dicho y fantasía, dicho y golazo, el más importante de la carrera del Diego en el Napoli: Pecci la movió y el astro la colgó en un ángulo de Stefano Tacconi, guardameta de 1.89 metros. Incluso, Platini y Giancarlo Redini, árbitro del duelo, aplaudieron la obra maestra, la 24° anotada por el rioplatense en campos italianos. Después, el elenco azul continuó asombrando a Europa y al mundo, conquistando en la siguiente temporada su primer scudetto en sesenta años de vida, reeditando aquella gloria en la liga 89-90. Y ambos títulos, alzados bajo la brújula del autor de aquel gol imposible.

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