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9 de noviembre de 1980: CONVIRTIENDO CUATRO GOLAZOS, EL DIEZ HUMILLA Y LE TAPA LA BOCA AL LOCO

Lunes 09 de Noviembre de 2020
Tras la fanfarronada del Loco Gatti, Argentinos Juniors vapuleó 5-3 a Boca, cumpliendo Maradona una promesa difícil de lograr: le anotó cuatro tantos al arquero xeneize, anunciados en la víspera del choque.
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Diez días antes, el sucesor de Pelé había cumplido veinte años ya convertido en un monstruoso rival para cualquier zaga, no sólo por su prodigioso talento sino también por su exuberante producción frente a las redes: señalando más de cincuenta tantos, fue el máximo artillero de los cuatro campeonatos anteriores y también del Nacional de 1980, con diecisiete. La entretela de esta historia, la de las cuatro obras perpetuas sobre el pintoresco arquero auriazul, empezó a tejerse tres días antes de aquel domingo 9 de noviembre en el matutino La Razón, donde Hugo Orlando Gatti incendió el duelo: “Ese gordito chico es un buen jugador, pero lo han inflado mucho. ¿Qué me preocupa de Maradona? Que pronto sea más obeso. Y ahora, no es capaz de hacerme ni siquiera uno”. Entonces, enfrascado en una ira tremenda, el genio de los de La Paternal amenazó: “¡Cuatro le voy hacer, cuatro…!”. Y llegó ese domingo, día en que el Azul y Oro y el Bicho chocaron en el estadio de Vélez Sarsfield por la duodécima fecha del torneo nacional, abriendo la cuenta Jorge Ribolzi frente a Mario Alberto Alles. Luego, el Diego comenzó a moldear la venganza, generando una mano penal tras una rabona suya. El mismo Diez ejecutó la falta, desairando al Loco con un golpe suave.   



A los veintiséis, después de que Roberto Mouzo y Óscar Ruggeri demolieron al astro mayor del conjunto conducido por el Zurdo Miguel Ángel López, colocó el 2-1 Silvano Espíndola. Pronto, Mario Nicasio Zanabria emparejó el esperado encuentro, pero Maradona mostró la viveza de los supercracks sobre el filo de la primera mitad: mientras el cuadro de Antonio Ubaldo Rattín ordenaba la barrera, disparó desde un ángulo cerrado para ponerla arriba, al segundo palo de Gatti. Golazo. Más tarde, la figura de la tarde de Liniers recibió un preciso pase, controlándolo con el pecho y cacheteándolo finamente sobre la salida de un pobre Gatti. Otro golazo, a los cuatro del segundo período. El show continuó poco después, cuando el 10 fue víctima de un patadón dentro del área, sancionado erróneamente como tiro libre. Maradona, dibujando un efecto ideal, la puso en lo más alto, dejando paralizado al ya veterano guardameta. Y Ricardo Gareca, certero como siempre, anotó la tercera cifra xeneize para cerrar una jornada inolvidable. La de la vendetta de aquel “chico rechoncho e inflado, incapaz de anotar uno siquiera”.   

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